Avilés tiene soportales como para disponer a lo largo de la playa de Salinas en trayecto de ida y vuelta. Nada menos que cuatro kilómetros de soportales. Se trata de un pórtico a manera de claustro que tienen las casas en las fachadas, y que constituye una auténtica calle bajo palio, resguardada de las inclemencias meteorológicas. Muchas otras villas del Norte utilizaron también este recurso, pero la virtud de Avilés es la de haber conservado gran parte de ellos y seguir empleándolos en la arquitectura de nueva planta.

La diversidad de soportales que pueden contemplarse en las calles avilesinas es muy amplia, aunque se pueden distinguir dos tipos fundamentales: el que emplea columnas o pilares que soportan directamente el piso superior del edificio, y el que utiliza arcos paralelos a la fachada. En ambos casos la cubierta es de techumbre plana, sin bóveda. A partir de ahí, la variedad es enorme: columnas con y sin capitel, con basa o sin ella, pilares de distintos materiales y múltiples dimensiones, apoyados o no en un muro.

Soportales en Sabugo Ricardo Solís

El origen del soportal en la ciudad se pierde en la memoria. Los más antiguos, los anteriores al siglo XIX, son los que pertenecen a las calles Galiana, Rivero, Plaza de España, la Ferrería, Bances Candamo y Carbayedo. Galiana es, precisamente, el reino del soportal por excelencia, con una columnata de 252 metros. Un soportal que llega desde el mismo empate con San Francisco hasta la confluencia con Cervantes y continúa aún después, ya en la avenida de Portugal. Y que ha atrapado a todos los cineastas que grabaron en Avilés, desde Gonzalo Suárez o José Luis Garci hasta llegar al último ejemplo, el de Woody Allen.

Del siglo XIX son los soportales de la plaza de los Hermanos Orbón, característicos por su ligereza y elevación. También a ese siglo pertenecen los de San Francisco -que ofrece un muestrario de arquitectura modernista- , la plaza de Álvarez Acebal y la esquina de la plaza Pedro Menéndez y La Muralla, conocida como la del Colón, y que remite al estilo de Nueva Orleans.

Finalmente, ya en el siglo XX se construyeron nada menos que 612 metros de soportales en la manzana rodeada por la avenida San Agustín, Fuero de Avilés y Fernando Morán. Otros son los de la plaza de la Guitarra y los de El Atrio. Los soportales no sólo se construyen de nueva factura, sino que también se recuperan las piezas antiguas en los casos de rehabilitación.

El soportal permitió, en una época en la que no había luz eléctrica, aprovechar al máximo la luz del exterior. Bajo sus techos se cobijaban los artesanos y vendedores, que podían de este modo hacer caso omiso de la lluvia. La doble pavimentación que existe bajo los soportales, de losas y cantos rodados, se ideó para permitir que los caballos pasaran sobre estos últimos. Hoy los soportales son espejo obligado de la memoria histórica de Avilés, objetivo de las cámaras fotográficas, laberinto para la imaginación y, como siempre, un paraguas oportuno contra el mal tiempo.