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Raíces retrocede al medievo

“Los restos del Gauzón permiten conocer cómo vivieron los primeros pobladores”, asegura la historiadora Noelia Fernández

Noelia Fernández, con uno de los grupos. | Mara Villamuza

Noelia Fernández, con uno de los grupos. | Mara Villamuza

“No me lo esperaba para nada”. Con estas palabras, Isabel González, procedente de Llanera, describe la visita guiada al centro de interpretación del Castillo de Gauzón y al monasterio de la Merced, organizadas por la concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Castrillón.

Sus acompañantes, Javier Ramiro y Carmen González coinciden con ella. “No te imaginas que en una de estas casas antiguas se encuentre un monasterio”, añade con asombro Ramiro. Por su parte, González afirma que antes de participar en la visita ya había recomendado a su entorno acudir al lugar, pero que ahora lo hará aún más, porque “merece la pena”. Los tres forman parte del pequeño grupo que ayer visitó estos enclaves de la comarca de Avilés y que se quedaron impactados al conocer los entresijos de los que una vez vivieron y custodiaron el Castillo de Gauzón y el monasterio de la Merced. Con ellos coincidió el resto del grupo, que además recalcaron el duro trabajo que llevan a cabo los arqueólogos, una tarea laboriosa, pero oculta y que carece del reconocimiento que se merece.

El interior del monasterio de la Merced.

Y es que la visita guiada resulta de lo más completa y didáctica. Contexto histórico y antiguas leyendas ayudan a comprender mejor aquellos restos arqueológicos que la guía Noelia Fernández señala y explica en la hora que dura esta iniciativa. Esos sesenta minutos pueden alargarse todo lo que los participantes y su curiosidad quieran. Si por Fernández fuera, se pasaría “horas y horas hablando de los materiales encontrados y de la historia medieval”, ya que ella es una de las encargadas de encontrar y clasificar los hallazgos de las campañas de excavación que se llevan a cabo en este emplazamiento.

Dichos materiales permiten conocer cómo era la vida de los habitantes de estos enclaves, ya que, aunque las ruinas y el paso del tiempo ya no permitan ver dónde vivían, “los restos encontrados sí nos permiten saber cómo lo hacían”, asevera la guía.

El acceso al complejo de Raíces.

Fragmentos de espadas portadas por soldados, partes de arcos y flechas y enmangues de hueso y madera comparten vitrina con herraduras de caballos de la época medieval, que, para la sorpresa colectiva, no son tan grandes como el mundo cinematográfico ha hecho creer.

Para eso sirve también esta visita, para descomponer mitos y para asentar nuevas ideas en las mentes de los participantes. La guía, con el entusiasmo que caracteriza a los que aman su profesión, explica cómo el Castillo de Gauzón estaba inmerso en las rutas comerciales del océano Atlántico, que traían a Castrillón vinos y vasijas de diferentes puntos.

Además, se puede conocer qué tipo de dieta seguían en el medievo y con qué pasaban su tiempo libre, a juzgar por los restos de encontrados. Hay fragmentos de un primitivo juego de tres en raya y alquerque de doce, el antecedente de las damas, del cual tienen una representación para que los más pequeños también puedan disfrutar y aprender durante estas visitas.

El visitante Julio Fernández asegura que esta iniciativa es “diferente a cualquier otra”, ya que muestra elementos “muy interesantes, que viviendo a ocho kilómetros, no se conocen”.

El escudo del noble avilesino Martín Peláez.

El escudo del noble avilesino Martín Peláez.

Esta propuesta turística no solo atrae a nuevos visitantes, sino que también cuenta con un público fiel, que acude todos los años para seguir la evolución de las excavaciones y conocer los últimos hallazgos.

La guía Noelia Fernández no solo de materiales encontrados, también hay tiempo para señalar las diferentes partes del monasterio y qué ocurría en cada una de ellas o para descifrar en conjunto el significado de los diferentes escudos que adornan las edificaciones.

La experta detalla, asimismo, a través de una leyenda, cómo el nombre de Martín Peláez, conocido noble de la zona, pasó a ser conocido como Martín de las Alas, aunque lo más recomendable para comprender mejor los entresijos de la vida medieval en Raíces es acudir a una de las visitas. María de la Concepción Fernández, Concepción de la Peña y María Argentina Apaoloza califican esta nueva forma de conocer el pasado de interesante y alaban la buena forma de expresarse de Noelia Fernández, la guía.

Se ofrecen dos pases diarios, durante agosto y septiembre, de lunes a sábado, uno a las doce y otro a las cinco. Ayer arrancaron los primeros aplausos de la temporada.

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