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Tres décadas para el mejor Avilés

Román Antonio Álvarez, Josefa Sanz y Pablo Alcántara resumen el camino a la perfección iniciado en los noventa

De izquierda a derecha, Román Antonio Álvarez, Pablo Alcántara y Josefa Sanz.   | RICARDO SOLÍS

De izquierda a derecha, Román Antonio Álvarez, Pablo Alcántara y Josefa Sanz. | RICARDO SOLÍS

Hace tres décadas, cuando se abrió la delegación avilesina de LA NUEVA ESPAÑA, el teatro Palacio Valdés era una ruina, el palacio de Camposagrado amenazaba colapso y el de Ferrera estaba abandonado. Pero, además, en Avilés no había presencia de la Universidad de Oviedo y los colegios e institutos necesitaban de las rehabilitaciones correspondientes para adecuarse a los requisitos de la LOGSE (el principal, el aumento de la edad obligatoria para la enseñanza). Y, además, sólo se había peatonalizado la calle de La Fruta. “Y encima con quejas”, señala el historiador Román Antonio Álvarez, que fue concejal en el Ayuntamiento entre los años 1999 y 2016. La cronista oficial de Avilés, la catedrática Josefa Sanz, resumió: “Estos treinta años han sido el camino para este mejor Avilés”.

Los dos expertos y el doctor en Historia Pablo Alcántara, visitaron ayer –en su última jornada– la exposición “Avilés y comarca, en portada” que se inauguró el pasado día 5 y que resumen los primeros treinta años de presencia de LA NUEVA ESPAÑA a este lado de la ría: desde el 23 de julio de 1991, que fue cuando este periódico publicó su primera portada local.

Sanz hace memoria: “Aquellos primeros años de la edición fueron los de las crisis de la industria, de la pesca y hasta la de la ganadería”. Y es que, recuerda, Avilés era la sede de un mercado de reses que se fue por el sumidero de la historia. “Estos treinta años han sido los del camino a la recuperación”, subrayó con el ojo puesto en los terrenos de la antigua Ensidesa donde en la actualidad se está “desarrollando una nueva industria de alto valor añadido”. Pero Sanz no se limitó a hablar de economía. “No había teatro, tuvimos una Casa de Cultura donde no cabíamos y ahora tenemos otra en la que toca la Orquesta Sinfónica del Principado”, destacó.

Román Antonio Álvarez continuó este hilo y enumeró nuevas infraestructuras que hace treinta años, ni siquiera en la imaginación de nadie. “Así hemos podido ver una exposición de El Paso en Avilés”, apostilló Sanz en referencia al Centro Municipal de Arte y Exposiciones (el del Arbolón).

Pablo Alcántara, que nació un año después de que esta edición echara a andar, confirma la transformación de la ciudad, pero reclama también futuro: “Ha cambiado mucho, pero todavía hay problemas: muchos jóvenes nos hemos tenido que ir fuera para encontrar trabajo”, señaló. “Pero no es sólo un problema de Avilés: es de toda Asturias”.

La comarca que se encontró la primera edición local de LA NUEVA ESPAÑA, cuenta Álvarez, era aquella que vivía de veintitantos mil trabajadores en la fábrica de acero. “Ahora hay poco más de cinco mil”, recalcó. “Era la ciudad negra que se ve tan bien en el documental ‘Avilés, 1982’ , la película que protagonizó César Sánchez. Era 1982, pero todavía se veía en los primeros noventa”, cuenta. Sale aquí a colación “La última bala” (Orpheus Ediciones Clandestinas, 2021), la primera novela Luis María González. “Habla de todo aquel ambiente oscuro que se vivía por estas calles”, explica el autor de “Hazañas de Pedro Menéndez” (Nieva, 2019), la última biografía del Adelantado de la Florida.

El camino hacia la perfección que se inició en aquel Avilés de los años noventa también se notó en los barrios. Lo dijo Pablo Alcántara: “Soy de Villalegre”, aclaró antes de señalar como un hito de la recuperación la intervención sobre El Foco. “Los barrios comenzaron a desarrollarse. Me acuerdo del centro de salud que estaba cayéndose en pedazos y en lo bien que está el de La Luz”, apuntó el historiador experto en memoria democrática y en franquismo.

Pero no todo iba a tener que ser contar cómo fue el pasado. Cuando se reclama a los tres expertos que hagan una prospección de futuro el resultado obtenido es tan diverso como complementario. Román Antonio Álvarez apunta a una comarca “integrada verdaderamente”. Confiesa que no conoce la fórmula para ello, pero considera que poner el foco en este punto es necesario: “La fragmentación de las administraciones, las diputaciones, los ayuntamientos, fueron en un momento necesarios para llegar a todos los ciudadanos. Hoy las cosas han cambiado gracias a las tecnologías. Estaría bien abrir el debate”, propone.

Josefa Sanz destaca la vuelta de la mirada al Puerto, a la propia historia de la ciudad. “Los muelles de Valliniello estaban programados en el siglo XIX. El terreno colindante ahora es un elemento de progreso. Falta recuperar los humedales de la ría y el sistema dunar... Por ahí va mi futuro”, apunta la catedrática. Su alumno, Alcántara, abunda en la idea de hacer de Avilés tierra de provisión: “Nos gustaría quedarnos en Avilés y lo haríamos si hubiera trabajo”.

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