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Enrique Piñeyro, médico, piloto de avión, director de cine y actor: “En 2017 murieron doscientas personas cazando ‘Pokémon’, pero nadie en un avión”

“Hay parejas que cogen dos vuelos distintos para no dejar huérfanos a los hijos; lo gracioso es que hasta el aeropuerto van en el mismo coche”

Enrique Piñeyro

Enrique Piñeyro

Enrique Piñeyro es actor, director y productor de cine italiano. Además es médico aeronáutico, activista, filántropo, piloto de transporte de línea aérea, e investigador de accidentes aéreos. El sábado 25 de septiembre, a las 20.30 horas, estará en el Centro Niemeyer, para presentar el monólogo “Volar es humano, aterrizar es divino”. A partir de su experiencia, crea un espectáculo hilarante; tranquilizante para los que temen volar e inquietante para el resto, a través de una mirada aeronáutica y un ácido sentido del humor

–¿Cómo surgió la idea de hacer esta obra de teatro?

–Nació cuando hice la película “Whiskey Romeo Zulu”, sobre el accidente de la aerolínea LAPA. Después de cada pase de las películas salía con un micrófono a hablar con el público. El coloquio llegaba a durar más incluso las películas. Me di cuenta de que eso es lo que más me gustaba del mundo del cine. De alguna manera tenía que hacer algo que hablara de lo que realmente le importa a la gente de los aviones, el miedo que se tiene a volar, a los accidentes.

–¿De dónde viene ese miedo a volar que tienen los pasajeros?

–Es curioso que todos digan que tienen miedo a volar. En 2017 nadie murió en un accidente aéreo, sin embargo, ese mismo año 200 personas pedieron la vida por estar cazando “Pokémon”. El miedo está creado por la industria cinematográfica. Las películas de catástrofes suelen ser de aviones o tiburones. Los tiburones matarán como mucho a cinco personas al año, los taxis a muchas más. Hay gente que coge dos aviones distintos para que, en caso de producirse un accidente, no dejen a sus hijos huérfanos, pero hasta el aeropuerto van en el mismo coche. Tendrían más probabilidad de morir ambos dentro del automóvil. Las autoridades y los medios de comunicación suelen tener su culpa.

–¿Cómo fue la experiencia de realizar labores humanitarias?

–Cuando estaba haciendo un documental en Somalia vi cómo operaban los aviones de Naciones Unidas,. El aterrizaje en aquel lugar es muy peligroso, la única zona asegurada es el aeropuerto pero también caen bombas. Vi como un avión se pegaba mucho al agua a dentro del mar, a unas 20 millas mar adentro y volaba a escasos 100 metros del agua. Me di cuenta de que estaba haciendo una maniobra especial. Cuando despegamos hacia Bagdad vi a otro avión siguiendo el eje de pista derecho sin mirar hacia el mar ni nada. Cualquiera con una bomba lo bajaría. Desde Naciones Unidas me dijeron que eran distintas compañías, distintos convenios. Lo hacían para no asustar. Me di cuenta de que era la logística aérea de los lugares en zonas de catástrofes, en zonas grises. Creé una ONG para ayudar a otras, no especulamos. Nuestro equipo está formado por pilotos tienen mucha experiencia para operaciones de riesgo. Nos dedicamos a llevar material sanitario a donde se necesita.

–¿Qué expectativas tiene al presentar la obra en Avilés?–

-Es mi primera vez en Asturias, de momento se venden entradas, parece que la gente está animada a asistir. Desde hace tres años representamos el monólogo en Madrid y siempre hemos conseguido llenar la sala.

–¿Por qué se profesionalizó en tantos ámbitos distintos?–

-Nunca me interesaron las carreras, todo lo que me interesa lo hago como un proyecto. Lo negativo es que nunca llegas a ser un experto. En vuelo tendré unas 5.000 horas, pero mis compañeros de promoción tendrán el doble o el triple.

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