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Jesús Román Martínez Nutricionista, que recibirá un premio en octubre de la Cofradía del colesterol

“El hecho de comer mal supone una hipoteca para el resto de la vida y tiene sus consecuencias”

“La cultura gastronómica es hereditaria: si abandonamos lo que nos diferencia, acabaremos comiendo lo mismo que un inglés”

Jesús Román Martínez en una imagen de archivo. | Marcos León

Jesús Román Martínez Álvarez, profesor universitario de la diplomatura de Nutrición y Dietética en la Universidad Complutense, ejerce también como presidente del comité científico de la Sociedad española de dietética y Ciencias de la Alimentación. En octubre recibirá el premio “HDL Colesterol Bueno” que otorga la Cofradía del Colesterol de Avilés.

–¿Qué le parece que se hayan acordado de usted en estos premios que reconocen a personas que por su trayectoria velan por el cuidado de la salud?

–Como estoy implicado, excepcional, porque es algo en lo que llevo trabajando muchos años y con mucha dedicación, siempre pensando en el futuro de la sociedad, en las personas. Estoy más feliz por ellos (la cofradía del Colesterol), por promover este tipo de iniciativas, que por otros aunque sean más rimbombantes. Es importante llegar a la gente, a los mayores y a los escolares y no es fácil.

–¿Comemos mal desde un punto de vista profesional?

–Sí, en primer lugar, por desconocimiento general. Nos hemos visto invadidos por modas, costumbres y al final todo se deja atrás por la prisa. Nuestros niños comen mal, los mayores comen mal, en las residencias y en casa, lo urgente siempre se deja aparcado. Estamos abandonando la dieta mediterránea. En 1991 se hizo una campaña para la educación alimentaria en los colegios y no acaba de avanzar. Comemos todos los días y creo que es algo a tener en cuenta y el problema se agrava cuanto menos recursos se tiene porque se come mucho peor.

–Es la pescadilla que se muerde la cola...

–Así es. Hay que mirar los costes de comer mal. Hay que tener en cuenta que el hecho de comer mal supone una hipoteca para el resto de la vida y tiene sus consecuencias. Es cierto que cada vez tenemos más esperanza de vida, pero a qué precio, con más casos de obesidad y colesterol.

–¿Qué alimentos hemos de priorizar?

–Hay que priorizar el sentido común, que es el menos común de los sentidos. Estamos condicionados por modas, youtubers, empresas… y dejamos de lado la fruta, la verdura, las legumbres, el pescado y el aceite de oliva, es decir, la dieta mediterránea. Al día hemos de consumir 2.500 calorías pero de qué forma.

–¿Qué opina de la alimentación en comedores escolares?

–Ha mejorado mucho. Hay que señalar que el precio por alumno y menú está entre 3,5 y seis euros y hay que exigirse mucho. Está bien que esos menús estén avalados por nutricionistas, pero el problema está cuando los niños llegan a casa y comen constantemente salchichas con tomate. Hay que comer bien también en las residencias y en los centros de día, que no nos solemos acordar.

–El ministro de Consumo Alberto Garzón pidió la pasada primavera que los españoles redujeran el consumo de carne. ¿Qué le parece?

–Oportunismo. Ser vegano o sostenible no soluciona nada el problema de la dieta. Ante esta situación, qué vamos a hacer con los ganaderos. Los políticos han de dar soluciones y en vez de defender sus propuestas con críticas destructivas, es mejor que lo hagan con buenos consejos. Nos sobra proteína, sí, pero nos faltan legumbres, cereales, fruta, verdura, pescado y aceite de oliva en nuestra dieta diaria.

–Con la pandemia, qué ha ocurrido. ¿Nos sirvió para aprender a comer o no?

–Mucha gente ha pasado mucho tiempo en casa, con el teletrabajo, los niños no fueron al colegio y se vio la oportunidad de cocinar. Pero en ocasiones, había personas que no sabían qué hacer, falta cultura gastronómica. Hay muchos jóvenes que no saben coger una sartén ni organizar menús sanos y no saben qué hacer con los productos que se encuentran en las tiendas, en los supermercados. Y así todos los días. La cultura gastronómica sigue por tradición, es hereditaria, una madre hace la fabada de la abuela y ahora, la venden en bote porque cocinarla lleva un tiempo. Cada vez hay más trabas. Nuestra cultura gastronómica es diferente a la de los anglosajones por la dieta mediterránea, pero si abandonamos lo que nos diferencia, esa dieta mediterránea, acabaremos comiendo lo mismo que un inglés.

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