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Medio mundo a todo gas

Alberto Vior, motero y policía, regresa a Avilés tras 28.000 kilómetros de viaje en solitario: “Rusia parecía más pequeña”

Alberto Vior, a su llegada a Avilés, ayer a primera hora de la tarde.

Alberto Vior ya está en casa. Confiesa estar “agotado” tras haber recorrido la friolera de 28.000 kilómetros que separan Avilés y de la lejana Siberia en Rusia. Llegó ayer a la calle La Magdalena, al mismo lugar desde donde partió el pasado 28 de julio únicamente acompañado de su moto y con un reto, ahora conseguido, por cumplir. “Rusia parecía más pequeña, pero recorría trescientos o cuatrocientos kilómetros, miraba el mapa y me daba cuenta que apenas me había movido”, señala el también agente de Policía Nacional en Avilés que ha regresado “con algunos kilos menos” y con la mochila cargada de anécdotas. Tal es así que no dudará en publicar otro libro de sus aventuras en próximas fechas, que sería su segunda obra literaria y en la que también incorporará fotos de los mil y un lugares que visitó en algo más de un mes.

Un grupo de amigos moteros esperó a Alberto Vior en La Franca (Ribadedeva). Quedaron a las 11.30 horas y regresaron juntos de camino a Avilés, a La Magdalena, donde otros le recibieron con una pancarta que rezaba: “Bienvenido Alberto”.

A Vior le chifla la carretera. Y comprobó que en el país más grande del mundo en extensión “las autopistas son como las carreteras nacionales que había antes en España”. Sufrió con su moto en tramos cargados de barro, zonas sin apenas asfalto o en mal estado y tuvo que sortear no pocos baches en su largo trayecto. Como a todo motero, no le importaron las distancias con el fin de alcanzar su reto, todo pese a haber sufrido picaduras de pulgas, conocer letrinas “que eran agujeros” y algún que otro “problemilla”, como el que tuvo para atravesar la frontera de Letonia. “Me tuvieron mucho tiempo, más de media hora esperando, empezaron dándome voces y luego ya se tranquilizaron y, al final pude pasar”, relata. Cuando pasó a territorio ruso, “todo fue más rápido”: “En Rusia, son más cuadriculados y eficientes”. Eso sí, una serie de incendios le impidió circular por la conocida como “ruta de los huesos”, en Magadan.

El motero y policía comprobó que hablar inglés en el país presidido por Vladimir Putin no ayuda. “Fue muy duro, me decían que en Rusia se hablaba ruso, que es el país más grande del mundo. Así que les hablaba en español y me sonreían, me fue mejor”, explica el avilesino, que afirma que las relaciones sociales no le fueron sencillas “al principio”: “Me trataban mal”. Luego, precisa, si les entregaba un detalle, bien fuera una pegatina o una botella de vino, todo cambiaba. “Entonces ya me preguntaban, ¿dónde vas a dormir? Me llevaron a su casa, a un club de moteros, al final todo fue bien”, señala el motero, que aprendió en su periplo algunas palabras en ruso como “spasiva” (gracias).

A priori, Alberto Vior no piensa en repetir su viaje a tierras rusas, entre otras razones, porque ya tiene en mente otros proyectos como, por ejemplo, recorrer Estados Unidos. Pero antes le toca incorporarse a su puesto de Policía Nacional y pensar en su próximo destino para otro reto, aún por desvelar.

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