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La Luz crece en pacientes y en servicios en una década, pero urge ya una reforma

El centro de salud, que suma 11.025 cartillas sanitarias, celebra la calma “tras la tormenta pandémica”, pero sufre goteras y humedades

Los profesionales, ayer. | M. V.

El Gobierno regional entonces en manos de Vicente Álvarez Areces inauguró el centro de salud de Villalegre y La Luz en marzo de 2011, poco antes de las elecciones autonómicas. Pero la falta de mobiliario retrasó la apertura del complejo sanitario hasta el mes de noviembre, hace casi una década. El centro no ha dejado de crecer en servicios desde entonces: recientemente estrenó una unidad de salud bucodental y desde 2019 presta sus servicios una psicóloga clínica. Hay matrona, trabajador social, fisioterapeuta...

Y siete médicos de familia, siete enfermeras, dos pediatras y dos enfermeras de pediatría, cinco administrativos, un auxiliar y un celador para un total de 11.025 cartillas sanitarias. La cifra de profesionales y pacientes es mayor si se suma a los del consultorio periférico de Llaranes, que depende de éste, con 4.536 tarjetas. “El centro se va completando según los criterios de la Consejería”, explica el coordinador desde 2017, Oscar Fores, que en los últimos meses ha liderado a un equipo dedicado casi en exclusiva a la actividad asistencial. No hubo tiempo para la formación, la investigación clínica o la atención a la comunidad. “Hemos impulsado una agenda de trabajo intensa con una presión asistencial del 43 por ciento, que es muchísimo”, dice el médico ya veterano.

Foto de familia de los profesionales del centro de salud de Villalegre y La Luz a las puertas del complejo, ayer. | M. Villamuza

En los últimos meses también el edificio se ha deteriorado, y así se lo hicieron saber al consejero de Salud, Pablo Ignacio Fernández, durante una reciente visita: “El edificio va teniendo la merma de la carga del tiempo: tenemos problemas de humedades y es una pena que el edificio se deteriore de esta manera. Tiene el techo plano con loseta tipo sándwich, empedrado y aislante y el peso de la estructura de calefacción y refrigeración. El agua va buscando su camino y estoy requiere un arreglo rápido”, señala Fores. Pero no es un secreto. En los pasillos es ya normal encontrarse con cubos para recoger el agua que cae del techo gota a gota y alguna sala de consulta ha tenido que ser clausurada para evitar cualquier tipo de incidente.

Más allá de la reforma urgente del edificio, los problemas con los que se encuentran los profesionales que trabajan en el centro de salud de Villalegre y La Luz son comunes a la mayoría de centros sanitarios públicos: “Presión, sistema de trabajo y carga”. En los últimos 10 años, el equipo de Fores ha atendido 611.712 consultas de medicina de familia. Este año ya suman 39.811, de las cuales 8.256 han sido presenciales y 238 domicilios. “Hay que intentar reducir la presión asistencial”, señala el coordinador, que en los últimos meses ha trabajado sin descanso de ocho a tres. Y con él, los suyos.

“Hemos intentado dar respuesta a cualquier demanda. Nos hemos volcado bastante al margen de la conocida dimensión que adquirió la pandemia”, concluye Fores, satisfecho de un centro a punto de cumplir 10 años que se ejecutó con un presupuesto de casi cinco millones de euros y recupera la calma tras la tormenta pandémica.

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