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Alejandro García-Álvarez Busto, arqueólogo: “La recuperación de la muralla reforzará la imagen medieval de Avilés”

“Los monasterios se podrían rehabilitar como hospederías”

Alejandro García. M. Villamuza

Alejandro García Álvarez-Busto (Oviedo, 1974), profesor asociado de Arqueología de la Universidad de Oviedo, es el gerente de Castrum Arqueología Restauración y Gestión Cultural, la empresa encargada del último estudio de la muralla de Avilés y de las excavaciones en el Castillo de Gauzón. 

–Avilés camina hacia la recuperación de su muralla. ¿Más vale tarde que nunca?

–Sí (ríe). Lo ideal hubiera sido haber empezado hace unas décadas... En todo caso, de cara a futuro se mira a la muralla con respeto, en vez de con dejadez. Hay que otorgar a esos vestigios arqueológicos la dignidad patrimonial que merecen. 

–Una vez analizados los hallazgos de las últimas excavaciones, ¿cuáles son las principales conclusiones a las que han llegado y que eran hasta ahora desconocidas?

–Por un lado, el descubrimiento de partida que más nos llamó la atención fue certificar que la muralla no había sido arrasada completamente como se pensaba, no solo entre los estudiosos sino incluso en el imaginario popular de los ciudadanos avilesinos. Esa fue la principal revelación del análisis arqueológico, que quedan tramos en pie de la antigua muralla y que son susceptibles de ser recuperados. Pero desde el punto de vista histórico, una de las cuestiones más relevantes ha sido constatar que en el subsuelo del patio interior del edificio administrativo del Principado y en zonas aledañas se conserva una superposición de estratos que van por lo menos desde el siglo XI, o antes, hasta el siglo XIX. 

–Explíquese.

–En esos estratos, además de cerámicas, objetos metálicos y monedas, hay restos de fauna, de esporas, pólenes y semillas que suponen un archivo de la memoria faunística, vegetal, ambiental y climática del entorno de la ciudad y de la ría durante el último milenio. Y, además, es un archivo que prácticamente no ha sido investigado. Está ahí, se ha conservado en el subsuelo y va a dar muchísima información para conocer la historia ambiental y vegetal de la ciudad y su entorno en los próximos años.

–Y todo eso lo han descubierto, además, en un espacio muy reducido. Insisten en que ese jardín tiene un potencial arqueológico enorme. ¿Qué creen que puede haber ahí?

–Son unos solares y unos jardines que quedaron en unas zonas en las que no se construyó en profundidad, no se afectó al subsuelo. Están repartidos por la ciudad, pero especialmente en ese espacio delimitado por la calle de Las Alas y del Muelle. Estamos en un espacio intramuros. Es probable que pueda salir algún vestigio asociado al caserío, a las viviendas de los avilesinos de época medieval. Avilés se asienta sobre un pequeño promontorio que domina la ría y creemos que esa falda tampoco debió estar demasiado edificada en época medieval, sino que más bien acogería espacios de trabajo asociados a la actividad portuaria. Había varias zonas donde las embarcaciones podían ser amarradas, como en la zona de Sabugo, o el puerto entre Sabugo y la villa. Pero luego todo el costado oriental estaba aprovechado para espacios de trabajo. Esa es la hipótesis, la propia investigación irá puntualizando esas cuestiones.

–Entre las propuestas que han remitido al Ayuntamiento está la de realizar más excavaciones en varios espacios, entre ellas en el antiguo Moclín. ¿Qué esperan encontrar ahí?

–Las propuestas que hicimos de sondeos están destinadas sobre todo a definir zonas en las que tenemos menos conocimiento. Ahora, a partir de ese estudio que se realizó en 2020 hay algunos tramos en los que hemos constado la existencia de vestigios de mayor o menor envergadura pero analizando la fotografía aérea, antigua y actual, puedes intuir el trazado de la muralla. Eso hay que contrastarlo en el terreno y por eso planteamos una serie de catas concretas. ¿Qué se puede localizar en espacios intramuros? El tema de las puertas de la ciudad es más o menos conocido pero hay poca información sobre las secundarias, los postigos. Y hay muy poco conocimiento de espacios edificados asociados a las puertas que pueden ser almacenes, espacios artesanales, viviendas. En la cara exterior de la muralla, unas cuestiones que todavía hay que investigar bien es cómo era su morfología:cuantos torreones la defendían, si eran de planta cuadrada o semicirculares (cubos).

–Quedan muchas incógnitas aún por despejar...

–El anterior cronista de la ciudad, Justo Ureña, había hecho una importante aproximación pero eran estudios realizados a través de la documentación escrita. A partir de la investigación arqueológica, tendríamos que tener un conocimiento directo de todas estas cuestiones.

–¿Ven voluntad por parte del Ayuntamiento esta vez para recuperar la muralla?

–Sí, así es. Percibimos una voluntad muy clara por parte de la Corporación municipal por estudiar y recuperar estos tramos. Son proyectos a medio plazo que llevan unos años en tramitaciones y desarrollo, pero en el caso de Avilés van a cambiar la fisonomía de la ciudad y a reforzar la imagen medieval del casco histórico, sin duda.

–Un potencial turístico enorme...

–Claro, si lo vemos desde un punto de vista más pragmático, está comprobado que las ciudades que invierten en la recuperación de sus cascos históricos experimentan a continuación un revulsivo social y económico de mano del turismo cultural.

–Sí se mantiene el compromiso, y en base a su experiencia, ¿cuándo cree que los avilesinos podrán ver tramos de esa muralla que se creía perdida?

–Eso ya no depende tanto de nosotros. En todo caso, hay esa voluntad decidida y entre 2022 y 2023 se podrían iniciar ya una parte de los trabajos y acometer por fases. Alguno de esos tramos, como el que mira hacia el parque del muelle, reviste menos complejidad que otros. No es un proyecto a una década, sino que va a ser materializado en los próximos años a corto plazo.

–¿Avilés se consolidará como un referente de villa medieval con la recuperación de la muralla?

–Dentro del contexto asturiano, Avilés ya era un referente del urbanismo medieval con su viario en forma de H pero le faltaba la muralla. Y no olvidemos que en Avilés tenemos uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil del norte de España, como es el Palacio de Valdecarzana. Poder recuperar un tramo de muralla permite recuperar parte de esa fisonomía de época medieval. Con la excepción de Llanes, en Asturias maltratamos en general bastante las villas medievales, las famosas polas o pueblas que fundan los reyes entre los siglos XIII y XIV y que fueron muy maltratadas en los siglos XIX y XX. En muchos casos fueron derruidas y en otros quedaron ocultas o semiocultas en edificaciones posteriores. En los últimos años se empieza a advertir una preocupación por parte de los ayuntamientos por recuperar las antiguas murallas en Asturias, tenemos los ejemplos de Avilés y Oviedo.

–Han retomado los trabajos en el Peñón de Raíces tras dos años de parón por la pandemia. ¿Qué expectativas tienes para esta nueva fase?

–Iniciamos esta décimo tercera campaña de intervención arqueológica el 1 de octubre y van a ser dos meses de trabajo. Tienen como objetivo el acondicionamiento de la zona de entrada al recinto amurallado superior y de esta manera recuperar el acceso al yacimiento arqueológico y las visitas al sitio. 

–¿El gran castillo de Asturias?

–La arqueología ha revelado que Gauzón fue una de las fortificaciones más monumentales del Reino de Asturias y de las más simbólicas, al ser el lugar donde se elaboró la Cruz de laVictoria en el año 908. Los reyes astures, sobre todo Alfonso III, construyeron en Gauzón una puerta fortificada defendida por dos grandes torreones, unas dependencias palatinas y la iglesia dedicada a San Salvador.

–¿Y qué sucede después?

–Con el paso de los siglos, el castillo acaba en manos de Rodrigo Álvarez de Noreña y de Enrique de Trastámara. Yeste fue el motivo por el que fue arrasado a mediados del siglo XIV en el contexto de guerra que enfrenta a Pedro I Enrique de Trastámara, que tenía el control de Gauzón. Por eso nosotros ahora, 650 años después, estamos encontrando los cimientos y el arranque de los muros de las diferentes partes de la fortaleza. En ese sentido, la infografía que elaboramos hace unos meses en colaboración con Pablo Aparicio nos ha permitido recrear una herramienta didáctica que facilita mucho la explicación de cómo era Gauzón en el medievo, pensando por ejemplo en visitas escolares.

–¿A nivel de comarca tenemos una mina? Muralla de Avilés, Castillo de Gauzón...

–Sí, claro. Es que además están muy relacionados. Históricamente, la villa de Avilés se puede considerar casi como la heredera directa del Castillo de Gauzón, por ejemplo como centro administrativo del Alfoz que se constituye en 1309 y heredero del alfoz anterior que dominaba el Castillo de Gauzón. En el siglo XVI ese antiguo Alfoz se empieza a desmembrar y de ahí surgen los actuales concejos de la comarca. Y por eso, esa historia en común, a nivel de patrimonio arqueológico medieval también da un poso conjunto que unifica toda esta comarca.

–¿Fue Asturias tierra de castillos?

–Los castillos medievales en Asturias eran más modestos que los castellanos. Eso no quita para que buena parte de ellos fueran tremendamente maltratados a lo largo de la época moderna y contemporánea. Algunos fueron usados como canteras. Por ejemplo, el de Noreña fue demolido en el XIX y sus piedras sirvieron para rellenar la carretera hacia Oviedo. Mucha gente puede pensar que en Asturias no hubo castillos pero es una idea falsa, los hubo y fueron numerosos. Lo que pasa es que respondían a unas características determinadas. Había más torreones que castillos propiamente dichos y todavía a día de hoy las amenazas no han cesado.

–¿Ejemplos?

–En el invierno de 2016 las lluvias se llevaron por delante buena parte de la muralla del castillo de Alba, en Quirós, desapareciendo para siempre una de las pocas puertas principales que se conservaban de entrada a un castillo medieval en Asturias. Ahora es un montón de piedras. Esto no hubiera ocurrido si se hiciera una mínima consolidación de la parte superior de los muros, como se está haciendo en la actualidad en el Monasterio de Santa Eulalia de Oscos por parte del Ayuntamiento y de los vecinos. Antes de que se desarrolle un proyecto de rehabilitación integral de ese sitio, al menos consolidarlo para evitar su ruina. No todo son malas noticias. El Ayuntamiento de Aller va a iniciar como ejecución subsidiaria la restauración de la torre de Soto, que presentaba un alto riesgo de ruina. Pero no nos podemos olvidar de castillos que a día de hoy ofrecen una amenaza de colapso, total o parcial: tenemos el Castillo de Tudela, en Oviedo, o el torreón colosal de Peñerudes, en Morcín. Son algunas de las construcciones más emblemáticas de la Asturias medieval.

–También conoce en profundidad la situación de los monasterios, que considera maltratados.

–Sí, la hemos revisado muy recientemente con la Asociación de los Profesionales de la Arqueología de Asturias con un catálogo con información actualizada de los 31 monasterios históricos asturianos. Se puso en evidencia que nos encontramos ante un patrimonio arquitectónico monumental de primera categoría pero cuya conservación presenta luces y sombras.

–Hábleme de las sombras.

–Hay que llamar la atención sobre el estado de abandono o de ruina de algunos monasterios: Cornellana (Salas), Oubona y Bárcena (Tineo), San Antolín de Bedón (Llanes)... Y la mayoría están a la vera del Camino de Santiago. Con el fin de la pandemia se prevé un gran renacimiento del Camino. Se podrían rehabilitar como hospederías monásticas.

–¿Aciertos?

–Destacaría la rehabilitación de algunos monasterios con uso hotelero, como San Pedro de Villanueva (Cangas de Onís) o San Juan Bautista de Corias (Cangas del Narcea). Son edificios muy grandes...

–Que cuesta una millonada recuperar...

–Por eso es fundamental encontrar para ellos una nueva funcionalidad, que es la que asegura la conservación. Hay que ser originales, podrían albergar salas de trabajo a modo hoteles de empresas. Estuve hace poco en Valdediós y es una lástima ver un edificio tan grandioso como ese vacío.

–¿Algo más en el listado de actuaciones pendientes sobre el patrimonio?

–Habría que actualizar las catas arqueológicas de los concejos. Son inventarios y mapas en los que se recogen los yacimientos arqueológicos conocidos en cada municipio. La mayoría se elaboraron en los años 80 y 90 del siglo pasado. Están desfasadas y no recogen toda la realidad arqueológica. No recogen yacimientos de cronología medieval como los despoblados, que son las aldeas que se abandonaron, y tampoco espacios artesanales o ligados a la actividad marítima. Es fundamental avanzar en los próximos años en la actualización de esas catas arqueológicas si queremos proteger el patrimonio cultural.

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