Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cicatrices imborrables que duelen una vida

El colectivo Amamantar reivindica el fin de la violencia obstétrica coincidiendo con el 25N

Dibujo de una mujer embarazada

La violencia obstétrica existe, aunque el término hiere. “A cada gato hay que ponerle su cascabel. El uso de este término es correcto sin lugar a dudas”, sentencia Helena Herrero, enfermera del Instituto Social de la Marina e integrante de la asociación Amamantar Asturias, un colectivo que nació hace ya más de dos décadas con el firme compromiso de acompañar a las mujeres en su vida sexual y reproductiva, especialmente en su aventura como madres lactantes. Para ellas, la crianza no es un asunto privado.

De su experiencia –atienden de forma desinteresada a casi medio millar de mujeres por año– saben que algunas mujeres tienen tatuadas cicatrices ya imborrables e innecesarias que duelen de por vida. Eso es la violencia obstétrica.

“El término está reconocido por las grandes organizaciones sanitarias mundiales y forma parte de la legislación de muchos países de América Latina. Las mujeres han sido violentadas en muchos momentos de su vida a lo largo de la historia, por desgracia, también a nivel obstétrico”, precisa Herrero, que apunta: “Es cierto que no se puede comparar cómo se trata a una mujer en nuestro país que en África o Asia, por poner un ejemplo”.

Cuando en 2010 se puso en marcha la Estrategia de Atención al Parto Normal hubo un cambio, a juicio de la enfermera avilesina: Disminuyeron los partos instrumentales (salvo indicación por patología), por ejemplo. “Pero otras muchas cosas se siguen haciendo por rutina, por factores subjetivos. Y la práctica profesional hay que objetivarla al máximo, hay que moverse con los protocolos más seguros posibles”, precisa la líder de Amamantar.

Se refiere Herrero a episiotomías sin consentimiento; es decir, incisiones que se hacen en algunas ocasiones en el perineo (el tejido entre la abertura vaginal y el ano) durante el parto. Puede acarrear consecuencias como incontinencia, dispareunia, infecciones... Es violencia obstétrica obligar a parir en una determinada posición, a menudo la más peliculera: la litomía, con la mujer tumbada boca arriba con los muslos y las piernas flexionadas. También la presión manual del fondo uterino, la denominada maniobra de Kristeller, que en la madre puede dejar como secuelas hematomas, desgarros, fracturas de costilla y, en el bebé, dificultad respiratoria, fractura de clavícula...

Hace alusión también Herrero a la violencia psicológica que, a veces, se ejerce menospreciando a una persona sin que se requiera una agresión física. Y, así, una lista lamentablemente larga que no solo deja marcas físicas sino mentales de por vida.

“El nacimiento es un momento crítico: parir es como subir a un ‘ochomil’ y las mujeres no son ajenas a ello. Tanto es así que la conciencia sobre este tema ha hecho que sean más exigentes en esta atención”, precisa Herrero, que valora que la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo que defiende Podemos recoja dos formas de violencia contra las mujeres que hasta ahora no se han tratado como tal: la violencia obstétrica y la gestación subrogada.

A través de un título específico, la ley contemplará la violencia obstétrica como forma de violencia contra los derechos reproductivos de las mujeres y el derecho de la mujer a decidir tanto en el embarazo como en el parto, en línea con documentos de Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud. El viejo problema se transforma, pues, en un concepto novedoso.

“Algunos profesionales se sienten cuestionados por esa exigencia en la atención de las mujeres, pero la única manera de vencer esa situación de desconfianza mutua es mejorar la atención en todos los niveles: respetar los derechos y las decisiones personales, dar las explicaciones oportunas, permitir el acompañamiento en los partos por personas de confianza… En los países nórdicos en los que se han aplicado planes de cuidados de máximo nivel, seguridad y confort las cifras de satisfacción de mujeres y profesionales sanitarios son altísimas”, recalca Herrero.

Entre los profesionales, de la negación a la autocrítica. El Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) rechazó y consideró en julio muy desafortunado el concepto de “violencia obstétrica”. Un término, indicaron entonces, “alejado de la realidad” y que contribuye a “erosionar la necesaria confianza médico-paciente”.

El CGCOM aclaró que el término violencia obstétrica, entendido como una modalidad de violencia de género, no se ajusta a la realidad de la asistencia al embarazo, parto y posparto en nuestro país y criminaliza las actuaciones de los profesionales que trabajan bajo los principios del rigor científico y ética médica.

“Durante el confinamiento llevé a varias madres a ser atendidas por mastitis o drenar abcesos en las tetas. Fueron momentos de crueldad extrema”

La Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) respondió entonces con rotundidad: “En nuestro país se ha ejercicio, se ejerce y se seguirá ejerciendo violencia obstétrica si no actuamos de forma contundente y firme. Es hora de dejar de mirar para otro lado y que todos los profesionales implicados en la obstetricia atajemos de raíz el problema, llamando a la violencia obstétrica por su nombre, sin eufemismos”.

Desde Amamantar Asturias alzan la voz sobremanera en favor de las mujeres más empobrecidas. “La violencia obstétrica o institucional que se aplica sobre mujeres más vulnerables está siendo mayor y esos sesgos nos preocupan”. Tanto es así que el próximo 27 de noviembre dedicarán una jornada sobre el embarazo, parto y posparto a los sesgos de atención en la vida obstétrica de las mujeres, que recogerá la ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Durante el covid, ¿ha aumentado la violencia obstétrica? Herrero no utiliza, en este caso, el término que engloba la definición que respaldan Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Habla de “crueldad extrema e innecesaria”.

“Fue tremendo que se tardase tanto tiempo en reaccionar tras el inicio de la pandemia, obligando a las mujeres a que pariesen solas y que estuvieran solas tras el parto. Se condenó en demasía a morir y a nacer en soledad”, puntualiza la enfermera. Amamantar ha pasado en los últimos meses de las seis consultas personalizadas, de media a la semana, a más de 25.

El paritorio en pandemia

“Eso significa que problemas derivados del puerperio –período que comprende desde el final del parto hasta la aparición de la primera menstruación– o la lactancia los hemos visto nosotras en primera persona”.

Expone un caso real: “Durante el confinamiento, cuando no se podía salir de casa, llevé a varias madres a ser atendidas por mastitis o drenar abscesos en las tetas, porque todos terminaban mal”. Lamenta también que la falta de seguimiento haya influido en el abandono de la lactancia materna por un importante número de mujeres: “Ha sido un periodo muy extremo”.

El colectivo prolactancia ve claros y oscuros. Un ejemplo: la ministra de Igualdad, Irene Montero (Podemos), avanzó días atrás que la ampliación de los permisos de maternidad y paternidad y el cheque bebé, que no irán en estos presupuestos, se incluirán en la futura Ley de Familias, cuyo borrador estará antes de final de año. Hasta ahí, bien. Pero con ciertos matices.

“Para las parejas heterosexuales este permiso supone tener un apoyo más en lo que es la primera etapa del puerperio, que es un periodo muy sensible en la salud de las mujeres y de las criaturas. Pero solo afecta de manera positiva a las parejas hetero, porque ha quedado sin configurar la ampliación de permisos para parejas que tienen otra orientación sexual o que crían solas directamente. Se están ganando pleitos, que espero que lleven a una modificación legislativa”.

Amamantar defiende, en cualquier caso, permisos de, al menos, seis meses de duración maternal.

Nos preocupa sobremanera la violencia obstétrica o institucional que se aplica sobre las mujeres más vulnerables

La enfermera avilesina llama a los cheques bebé, cheque regalo. “Son de tremenda injusticia social. La única vacuna social para mejorar las cifras de natalidad es asegurar una mínima subsistencia de las familias que tienen hijos e hijas y que, según todas las encuestas, son las más empobrecidas. No es justo que lo reciban quienes se pueden permitir tener criaturas”, recalca esta mujer que se presenta como “feminista de la nueva ola”.

Esto es: “Estamos más abiertas a la transversalidad y en dar apoyo a mujeres migrantes, a víctimas de trata, a mujeres de abajo que sufren el doble sesgo de ser mujer y ser pobre”. La lucha por los derechos reproductivos y la salud de las mujeres es desde hace décadas una cuestión clave para el feminismo.

Así que conocen las leyes, salvando las diferencias, casi como un juez. Por eso ahora están atentas al borrador de reforma de la ley del aborto que limitará la objeción de conciencia de los médicos, pese a que la ministra de Sanidad, Carolina Darias, ya dejó claro que se opone a esa modificación.

Herrero celebra que pueda ser posible que las menores de 16 no precisen el consentimiento paterno que introdujo el PP en 2015, eliminar el llamado “periodo reflexivo” de tres días, que la cobertura sanitaria para cualquier mujer que desee abortar sea idéntica en todo el territorio nacional o la promoción de métodos anticonceptivos masculinos en la futura reforma de la ley.

“Esta ley recoge también el aborto farmacológico, que es seguro hacerlo a nivel domiciliario en las primeras nueve semanas con acompañamiento y seguimiento sanitario por parte de los médicos de familia”, precisa la enfermera avilesina, que espera que dicha ley siente las bases para la educación sexual y reproductiva en las aulas, desde la infancia a la adolescencia. Literal. Como las matemáticas.

“Es terrible que entre niños de corta edad se estén dando abusos sexuales porque no los saben identificar, es horrible que sean víctimas de tabús de los que huíamos nosotras hace treinta años y solo porque es un tema que no se trata abiertamente. Ojalá se establezcan unas bases para, desde el punto de vista educativo, un estudio de la salud sexual y reproductiva de las mujeres”, precisa Herrero, que es también Consultora de Lactancia (IBCLC) y tiene un máster en Género y Salud por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Nacer y morir

Al igual que reivindica que la educación sexual –cuestión que llevan también años reclamando los sexólogos, entre otros muchos, los avilesinos Iván Rotella y Ana Fernández, fundadora esta de la Asociación Asturiana para la Educación Sexual–, Herrero demanda también mayor formación sanitaria “para que se sepa acompañar a las mujeres en abortos o partos de una manera adecuada. Esto no puede quedar al arbitrio de la persona de turno”.

E incide: “Parir es una circunstancia única, un periodo crítico como lo es morir. Ahora que tenemos una Ley de eutanasia y acompañamiento en la muerte digna, debe actuarse en consecuencia, con los conocimientos que tenemos y las mejores prácticas que existan, también en el nacimiento”. Por menos cicatrices silenciadas en los paritorios. Amamantar alza ahora, una vez más, la voz contra la violencia obstétrica coincidiendo con el 25N, Día internacional de la Eliminación de las Violencias Machistas contra las Mujeres.

Compartir el artículo

stats