Luis Bermejo, actor, representa el sábado “Los que hablan” en el Niemeyer: “El arte sirve para pasar el invierno, para no acordarte de la vida, de que tienes que morir, o de la pandemia”

“Volver al teatro es volver a un lugar de sortilegio, a una ceremonia ilegal, y eso para mí es sagrado, un aquelarre maravilloso”

Luis  Bermejo, en una visita al teatro Palacio Valdés de Avilés.

Luis Bermejo, en una visita al teatro Palacio Valdés de Avilés. / Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Dos personajes entran al escenario para hablar el uno con el otro. Son Malena Alterio y Luis Bermejo, con una producción de Teatro del Barrio: “Los que hablan”, que llega este sábado al Centro Niemeyer (20.00 horas) con texto y dirección de Pablo Rosal. Bermejo (Madrid, 1969) atiende a LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.

–¿Cree que hablamos demasiado?

–Creo que hay un espacio entre el silencio y la palabra en el que debemos profundizar más. Es complicado de definir, pero por ahí puede ir el milagro de que siga existiendo una comunicación viva y real. Creo también que hay muchísimo ruido.

–Pero parece que valoramos poco el silencio, ¿o no?

–Creo que vamos con poco amor, poco oído y poca vista a las cosas. Salimos a la calle para inventar otro mundo tapando la realidad, yo mismo lo hago. No escuchamos, no oímos. Esta función es una invitación a escuchar, porque son dos personas que entran al escenario con un abanico de conversaciones que han escuchado y que las analizan, las escudriñan, para averiguar qué es esto de hablar. Para buscar las palabras exactas hay que tener tiempo, y parece que no lo tenemos cuando no es así.

–¿No le da la sensación de que ahora las charlas son como prefabricadas?

–Es cierto. Hay como una nueva estructura lingüística, semántica y de comunicación a la que todos obedecemos. Yo siento que hay poco espíritu crítico. A alguien que se sale del guión se le mira mal. Por suerte el teatro es una tribuna todavía libre y, claro, peligrosa, porque cuestiona en un espacio abierto desde el que se pueden intercambiar opiniones con el espectador de una manera real. Esto que sucede ahora en las redes sociales y que ya pasaba en la televisión no es la realidad: la realidad se acerca en el teatro y se cuestiona.

–“Los que hablan” tiene como hilo conductor el humor. ¿Es importante reírnos en estos tiempos?

–Absolutamente. Yo me lo voy a tatuar: “La risa te defiende del miedo, con la risa se esclarecen las verdades”. Hacer el ridículo, bailar, ponerte delante del espejo y hacer muecas… Todo eso explosiona en el cuerpo de una manera brutal y milagrosa. Y llorar también. En el caso de “Los que hablan” el vehículo es el humor porque así lo concibió Pablo Rosal y así lo hemos destilado Malena y yo, y la gente sale encantada.

–¿Qué supone para un actor regresar a los escenarios tras estos meses de inactividad?

–A mí el teatro me ha salvado la vida, el teatro es sanador. Siempre recomiendo que se estudie en las escuelas. Volver al teatro es volver a un lugar de sortilegio, volver a una ceremonia ilegal y eso para mí es sagrado, un aquelarre maravilloso. Yo es el lugar en el que me siento vivido y me siento vivo.

–¿Cuándo se habla de defender la Cultura, y de eso se ha dicho mucho en los últimos meses, escucha ruido o una buena conversación?

–Hay que apostar por las Artes Escénicas y los gobernantes tienen una responsabilidad muy importante aquí, porque son los responsables de preservar la Cultura pero no a cualquier precio: no vale mercadear con ella. Por esta razón hay que tener cuidado con conceptos como comercial, alternativo, independiente artísticamente…. Igual que los gobernantes también los programadores y los responsables de la gestión de audiencias tienen responsabilidad, e incluso el público, al que hay que enseñarle cómo ser un buen espectador. Vuelvo a lo de antes, nos estamos olvidando del espíritu crítico. Yo tengo la experiencia de participar en Teatro del Barrio, un espacio en el que se escuchan muchas propuestas, se debaten, se habla de la actualidad y hay un tiempo para pensar en este teatro. Hay teatros en el que el tiempo que se toma es para ver si algo es productivo o no.

–Entonces, ¿cómo enriquecer el panorama artístico?

–El panorama no se va a enriquecer por conceptos como valor de producción. Se puede enriquecer artísticamente teniendo compañías de teatro con elencos estables, a ser posible. Se puede mantener también con textos clásicos revisados, se puede mantener con autores contemporáneos… Todo esto con lo que se llenan la boca pero que luego debe ser muy difícil hacerlo.

–¿El arte hace más llevaderas las olas del covid?

–Esto es un servicio público: el arte sirve para pasar el invierno, para no acordarte de la vida , para no acordarte que tienes que morir o de la pandemia. Los gobernantes tienen que defenderlo y tenerlo claro, apoyar a esos artistas y no apostar por trabajos huecos que solo van a entontecernos.

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