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Ciencia de élite para dominar los virus

“Me gustaría regresar”, asegura la avilesina Marina Oviaño, microbióloga en el Hospital Universitario de La Coruña, que pide un uso efectivo de fondos para atraer talento a Asturias

Marina Oviaño, en La Coruña.

Marina Oviaño decidió que su carrera profesional estaba fuera de Asturias, y en concreto en el Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña (CHUAC), donde podía compaginar su trabajo con la investigación. “Espero que dentro de unos años pueda regresar, pero de momento no existen las mismas posibilidades en Asturias. Tendría que empezar de cero”. La esperanza pivota en el impulso a la innovación biotecnológica y biosanitaria anunciada por el Gobierno del Principado, pero advierte de que “alcanzar un nivel alto es muy difícil, supone muchos años de trabajo, de esfuerzo, y mucho dinero”.

Esta avilesina nacida en 1987 se licenció en Químicas en la Universidad de Oviedo, pero el campo de la medicina también ejercía sobre ella una enorme atracción. Así que para especializarse optó por la microbiología, y consiguió una plaza en el centro hospitalario coruñés. Después se doctoró en Ciencias de la Salud. “Me decanté por La Coruña porque realiza mucha investigación, y me permitía compaginar la faceta sanitaria e investigadora”, explica. Desde entonces trabaja en el laboratorio de microbiología.

Es en ese puesto clave en el que ha vivido la pandemia. Su hija, Victoria Constanso, nació poco antes de que el covid-19 trastocara el mundo. “Han sido dos años muy difíciles, muy duros, porque trabajamos horas y horas, fines de semana, festivos… Y con una niña tan pequeña fue realmente complicado y duro”, asegura.

Marina Oviaño prefiere quedarse con la parte positiva de su trabajo. “Quiero verlo también como una oportunidad por haber vivido algo excepcional y haberlo podido experimentar profesionalmente, porque ha sido todo un aprendizaje. Lamento que se haya comido más esfuerzo y tiempo que otros proyectos profesionales”.

Y es que esa avilesina está acostumbrada, precisamente, a tratar con virus infecciosos, algunos incluso más contagiosos. “El covid es una enfermedad emergente, pero hay otros virus más complicados, como el ébola”, apunta.

A la pregunta de si se debe empezar a pensar en el covid-19 como en una enfermedad endémica y no pandémica, Marina Oviaño asegura que “la tendencia es a verla como una gripe. Logísticamente es imposible mantener el control constante que existe ahora y desde que empezó, pero además el virus empieza a perder virulencia para ganar supervivencia. No quiere matar al huésped. La última variante (ómicron) es menos agresiva, y las personas que no son de riesgo lo pasan, en condiciones normales, como un catarro común. Aun así, hay que estar atentos y no despistarse”, advierte.

El Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña (CHUAC) está acreditado desde hace años por el Instituto de Investigación Carlos III. Por eso, al acabar el año de residencia, esta avilesina optó a contratos del Carlos III como clínico investigador. “Son convocatorias en las que compites a nivel nacional, pero te quedas en este centro”, explica. “El laboratorio de microbiología del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) es muy bueno, pero la investigación no está tan desarrollada como aquí. Estoy contenta en mi trabajo, tengo gente a mi cargo y estoy ascendiendo. Volver a Asturias ahora sería empezar de cero”, asegura.

Marina Oviaño sigue con atención la apuesta en su tierra natal por la investigación, y sabe que el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado (ISPA), ubicado junto al HUCA, ya ha sido evaluado por el Instituto Carlos III y acreditado por el Ministerio de Sanidad, y que podrá concurrir a ayudas para la investigación tanto nacionales como europeas.

“El problema es que nos acordamos tarde y ahora hay que acelerar, y mucho, para lograr el nivel de otras comunidades y centros de investigación”, señala esta bioquímica. “La investigación es muy cara y se necesitan muchos recursos económicos, materiales, y humanos, y eso requiere mucha inversión público-privada”, afirma.

Los fondos europeos se perfilan como una gran oportunidad. “Ojalá se consigan todos los necesarios, pero sobre todo que se inviertan bien. Oportunidades y talento hay en todas partes, pero se necesita un enorme esfuerzo y un proyecto con futuro que sea una verdadera oportunidad para fichar a personas que sepan lo que hay que hacer y cómo hacerlo”, defiende Marina Oviaño. Quizás así encontrara su oportunidad para volver a Asturias con su marido, gijonés, y su hija.

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