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La condena del maltratador de Luanco: 14 años de cárcel y sin patria potestad

La sala concluye que el acusado agredió a su mujer durante años y que intentó matarla con un cuchillo cuando ella quiso poner fin al matrimonio

Mazo de un juez.

Catorce años de prisión, prohibición de acercarse a la madre de su hijo durante 16 años y la retirada de la patria potestad del menor durante un lustro. Es la condena que impone la Sección Tercera de la Audiencia Provincial al maltratador que a punto estuvo de acabar con la vida de su mujer el 25 de abril de 2020 en el quiosco que ella regentaba en Luanco (Gozón) tras salir del juzgado por una denuncia. El fallo no es firme y contra él cabe recurso de apelación ante la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia (TSJA).

La sala condena al procesado como autor de un delito de maltrato habitual, de dos delitos de lesiones en el ámbito familiar y de un delito continuado de quebrantamiento de medida cautelar en relación con otro de intento de homicidio. Tendrá que indemnizar a la víctima, además, con más de 53.000 euros por las lesiones, secuelas y daños morales y no podrá acercarse a ella durante 16 años.

El relato de hechos probados de la sentencia evidencia el calvario que padeció la víctima desde poco después de comenzar la convivencia con su marido. No tardaron en llegar los zarandeos, empujones, vejaciones e insultos (“Hija de puta”, “Puta de mierda”, “No vales para nada”) y el control de sus movimientos, limitando sus relaciones con amigas y familiares “para procurar mantenerla aislada y sometida a su hegemonía”. La mujer experimentó problemas de ansiedad por los que precisó de apoyo psicológico desde 2006 (cuatro años después del comienzo de la relación) y farmacológico desde 2011. Aunque se planteó varias veces romper la relación, recoge el fallo, “desistía ante el temor de perder la custodia de su hijo”.

El relato de hechos probados recoge que el acusado llegó a agredir a su mujer por su negativa a mantener relaciones sexuales y por no enseñarle el teléfono móvil. Esta segunda agresión se produjo el 8 de marzo de 2020. La tiró contra la cama y le presionó la cabeza contra el colchón y acabó siendo atendida cuatro días después en el centro de salud de Gozón. Ese mismo día acabó denunciando a su marido y el titular del Juzgado de instrucción número 5 de Avilés dictó una orden de protección por la que el presunto agresor no podía aproximarse a menos de 200 metros de su mujer ni comunicarse con ella. Tardó poco más de una quincena en quebrantarla, siempre según lo recogido en la sentencia. Los días 28 y 29 de abril de 2020 la llamó por Whatsapp y también contactó con su hijo, menor de edad, para que tratase de convencer a su madre para que hablase con él. Y lo consiguió.

Apenas un mes después, y de madrugada, se plantó en la puerta de la vivienda familiar pidiendo a su mujer que le abriera la puerta “porque decía que se encontraba mal y que había tomado pastillas”. Hubo de nuevo denuncia en el mismo juzgado avilesino, el encargado de los casos de maltrato, y el juez añadió a las prohibiciones ya dictadas previamente la de acudir a Luanco o residir en la villa.

Unas horas después, y en pleno estado de alarma, el procesado se dirigió al quiosco que regenta su mujer, en pleno centro de Luanco, y le asestó diversas cuchilladas (varias en pecho y espalda) con un cuchillo de sierra de 32,5 centímetros de longitud y “con la intención de acabar con su vida”. “De haber sido el cuchillo punzante, (las cuchilladas) habrían producido la muerte por afectar a una zona corporal donde se hallan órganos vitales”, recoge la sentencia. Acto seguido tiró el cuchillo al suelo y se marcó en su coche. Pocas horas después fue detenido en Mondoñedo (Lugo) y al día siguiente ingresó en la cárcel de Bonxe. Ese mismo día llamó al teléfono de su suegra en dos ocasiones. A la segunda, quien respondió fue un agente de la Policía Local de Gozón.

“Ánimo homicida”

La Sala concluye que “es incuestionable” su “ánimo homicida” y que intentó matar a su mujer cuando ella quiso poner fin al matrimonio. “La exacerbación de su ímpetu agresivo se alimentó cuando ella le denunció y obtuvo la tutela que le tenía que reportar el dictado de una orden de protección, ante lo cual el procesado ni se cortó a la hora de exteriorizar su propósito de darle muerte (...) El día de los hechos le faltó tiempo para salir del Juzgado y dirigirse directamente al quiosco donde estaba (la mujer), sobre la que se abalanzó ávidamente con el cuchillo que cogió allí y que él mismo había comprado aplicándose reiteradamente en asestarle los golpes con los que, obviamente, buscaba atravesarla (...) Lo hizo porque lo que quería era matarla”, concluye la sentencia de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial.

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