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El negocio de parabrisas de Cristalería está en pérdidas, alerta la multinacional

La empresa francesa propone eliminar las ventajas sociales y pagar a los empleados eventuales en función de la cifra de negocio de cada año

Un empleado de Sekurit en su puesto de trabajo. Ricardo Solís

La situación del negocio de parabrisas de la multinacional Saint-Gobain Cristalería está en sus horas más bajas. Así de claro lo dejaron este jueves los representantes de la multinacional francesa después de conformar la mesa de negociación del próximo convenio colectivo de una compañía que, de momento, cuenta en España con dos factorías: en Avilés (en torno a 440 personas) y en Arbós, en Cataluña (sobre 300 más).

Aseguran desde la multinacional que la venta de parabrisas y lunetas –que es lo que se fabrica en Asturias y en Tarragona, respectivamente– “está en pérdidas” y que lo está porque tienen más existencias en los almacenes que pedidos. No se fabrican coches porque no se venden coches y porque es imposible terminarlos dada la crisis de los superconductores (los elementos imprescindibles para componer los circuitos electrónicos de los turismos) y, además, no se venden turismos porque la recuperación de la crisis económica nacida con la pandemia aún no se producido.

Todo esto es lo que la empresa argumentó para presentar –antes que nadie– su plataforma de negociación que, desde la sección sindical del SOMA-FITAG-UGT, califican como “bomba”. Y es que la empresa, justo después de decidir quiénes van a ser sus negociadores lanzó la idea de la falta de “flexibilidad” de Avilés y de Arbós con respecto a “otras fábricas que se dedican a la venta de componentes para el mercado del automóvil”. Y además, subrayan desde la sección sindical avilesina, la empresa aduce que “el negocio [el de vidrio para vehículos] no gana dinero y que encima la acumulación de ‘stocks’ genera pérdidas”.

Según los sindicatos, la empresa aduce que el negocio de vidrio para vehículos no gana dinero y que encima la acumulación de stocks genera pérdidas.

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De ahí que haya acordado con los sindicatos parar las máquinas este fin de semana adelantando la parada de mantenimiento prevista en noviembre y, además, ha presentado doce días más entre finales de mes y comienzos del que viene invocando el artículo 28 del convenio actual (poder modificar los calendarios hasta en 12 jornadas a cambio de trasladar este trabajo no realizado al ejercicio posterior).

Pero esto es lo de menos. La compañía se ha plantado en el primer acercamiento –no hay segundo fechado todavía porque las secciones sindicales se presentaron en la reunión con unas expectativas que fueron superadas por el paso adelante de la compañía– eliminar las ventajas sociales adquiridas históricamente por las plantillas (becas para estudios, anticipos para viviendas) o, al menos, asociar estas ventajas al devenir de la fábrica. Esto y no el Índice de Precios al Consumo (IPC) se va a convertir en la unidad de medida de los sueldos de los trabajadores eventuales que próximamente puedan llegar a la fábrica. O, al menos, esa es la intención de la dirección de la multinacional.

La intención de la compañía tiene que ser contestada por los sindicatos, que tienen previsto reunir a sus afiliados para explicar que la empresa quiere apretar los machos a la plantilla avilesina pese a que la compañía a nivel mundial obtuvo los mejores números posibles. O sea, el negocio de parabrisas deja temblando el futuro de Avilés pese a que el de construcción (Glass) va mejor que nunca. Y eso dispara las alarmas.

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