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El plan para salvar la línea de parabrisas de Avilés: hacer 90 modelos diferentes en vez de una veintena

La empresa propone especializar la planta de La Maruca en los recambios porque la producción para vehículos nuevos “ha dejado de ser rentable”

Parabrisas acabados en la fábrica de La Maruca. Ricardo Solís

La dirección de Saint-Gobain Cristalería lleva semanas advirtiendo: el futuro de su planta de Sekurit en Avilés está “comprometido” porque no se hacen coches nuevos, no se venden los que se hacen y la planta acumula existencias que hacen que el negocio de vidrio de automoción “ha dejado de ser rentable”. Esta situación, señalan desde la empresa, tiene una solución provisional: transformar las instalaciones en una fábrica de recambios. Es decir, adaptarse a la nueva realidad del mercado: pasar de hacer tiradas de producción largas de pocos modelos –alrededor de una veintena– y con pocos cambios en la línea de trabajo a producir tiradas cortas de muchos modelos –casi un centenar–, lo cual conlleva hacer muchos cambios, y rápidos.

La empresa reclama a los trabajadores que se comprometan con este nuevo escenario. Benoit Bazin, el consejero delegado del grupo Saint-Gobain, había explicado: “En la actualidad, las empresas de fabricación de automóviles están arrojando rentabilidades del 12 o 13%, mientras que nuestra actividad está en torno a un 3%. Esto es inasumible, y ha llegado el momento de coger la gobernanza de nuestra política de precios e inversiones, es algo que estamos decididos a cambiar”. Este mensaje que verbalizó hace pocos días ya había llegado a los centros de trabajo en marzo. Aquí lo denominaron “cambio de mentalidad” de los trabajadores. Lo que pasa es que los trabajadores están con cara interrogante desde el pasado verano, cuando la empresa decidió cerrar su planta de Santa Iria, cerca de Lisboa, en Portugal. El negocio de esta planta lusa eran los recambios y es el que se está organizando ahora en la planta avilesina. “No parece un buen presagio”, señalan desde el comité de empresa.

Se da la circunstancia de que la planta avilesina de parabrisas tiene competencia de la propia compañía Saint-Gobain. Es decir, si la vitalidad del negocio del vidrio para automóviles está comprometida por la industria del automóvil –Bazin lamentó que algunas marcas hubieran dejado en la estacada a la multinacional que dirige–, este futuro se hace más neblinoso si se suman al reparto de la tarta las fábricas existentes en Rumanía, Polonia y Estonia. La caída del negocio de Sekurit, al menos, no va parejo al de Glass (vidrio para construcción), que va como un tiro.

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