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Los ilustres debutantes del odeón local

Las tablas avilesinas se han hecho principales para Juan José Millás, David Desola, Juan Mayorga y Juan Echanove

José Sacristán y Carlos Santos, en el estreno de “Almacenados”, en el Palacio Valdés, en 2004. | Miki López

“Mi relación con Avilés empezó con un rayo”. El rayo que cayó sobre el Ayuntamiento un poco antes de comenzar la función de estreno de “Almacenados”, en septiembre de 2004: el reloj del que dependía la fábula que iban a contar los de la compañía de José Sámano se descuajeringó y el dramaturgo casi debutante (entonces) David Desola (hoy ya no lo es: tiene un premio “Ariel” del cine mexicano, es el coguionista de “El hoyo”, el nuevo terror español sobre los hombres que están arriba, abajo o cayendo) no salió de su asombro.

Los espectadores tampoco: esperaron 40 minutos hasta que supieron que aquella noche no iba a haber teatro: lo trasladaron al día siguiente. A José Sacristán, que era el señor Lino, y a Carlos Santos, que daba vida por primera vez aquella noche a Nin. A Luis Roldán, por ejemplo, iba a tardar en hacerlo, lo hizo en 2016 en la película “El hombre de las mil caras”. Y le salió muy bien: le dieron un “Goya”.

El debutante de aquel día fue el escritor barcelonés. Desola ahora está a punto de salir para pescar: tiene la caña, los gusanos y las ganas de llevarse a casa esta noche una dorada. La noche aquella del rayo de 2004 lo único que había pescado fueron los nervios que, desde entonces, asocia con su particular relación con Avilés y con el teatro Palacio Valdés.

Y es larga. Había empezado algunos años antes. Con “Baldosas”, que se estrenó en octubre de 2000. “Baldosas” salió de la cuadra excelsa del premio “Marqués de Bradomín”, la misma que vieron casi nacer a tipos y tipas tan preclaros como Juan Mayorga, Maxi Rodríguez, José Busto, Antonio Álamo o Gracia Morales. El asturiano Jesús Cracio se encargó de la dirección de la obra que definió en la prensa como una comedia “psicalíptica, con aromas de las comedias de Tono, Jardiel o Mihura, pero todo muy contemporáneo”. “Pero entonces no fui a Avilés. Yo no conocía ni Avilés, ni Asturias…” Luego ya sí. Vino más veces.

Con la adaptación de “El enemigo de la clase”, de Nigel Williams, en noviembre de 2007, un título que es una especie de “Rebeldes” de la historia contemporánea de la actuación castiza (allí estaban Críspulo Cabezas, Eloi Yebra, Diego Fajardo, Bernabé Fernández, Javier Ambrosi –la mitad de “Los Javis”- y Ayoub El Hilali) y, dos años después, “Amor platounico”, una comedia también con Críspulo Cabezas como protagonista. Y con Eduardo Velasco. Y con Miguel Hermoso. De febrero de 2013 es “No se elige ser un héroe”, la del precio de los principios. Y luego vendría su aventura americana. “Almacenados” vuelve a reponerse en México estos días. Dieciocho años después de los nervios aquellos del rayo que cesó el teatro.

Siendo el Palacio Valdés este templo de los estrenos nacionales cabe pensar que la lista de debutantes sea tan larga como estas tres décadas que salen en esta serie. El 18 de diciembre de 1993 Magüi Mira presentó en Avilés por primera vez “Ella imagina”, el primer soliloquio del escritor Juan José Millás. El otro que tiene también lo estrenó en Avilés, pero en noviembre de 2012. Lo llamó: “La lengua madre”.

Y salía Juan Diego. Sólo él. Y un montón de palabras. El dramaturgo discontinuo recordó en una entrevista que hizo con este periódico aquel primer trabajo escénico suyo: “El teatro me vuelve loco, me gusta muchísimo, pero es dificilísimo. Si el teatro me gustaba, aquella experiencia hizo que me gustara todavía más. Lo vi entre cajas y esa experiencia fue inolvidable. Ese monólogo me dio muchísimas satisfacciones: estuvo un año de gira por España, se representó en México, en Buenos Aires... En mi cabeza siempre estuvo lo de volver al teatro”.

Hay más debutantes ilustres: dos grandes del teatro se estrenaron como directores de escena en Avilés. Uno es Juan Mayorga (aunque, en puridad, no fue en el Palacio Valdés; se hizo director con la primera versión de “La lengua en pedazos” en el centro cultural de Los Canapés, en febrero de 2012, cuando “la segunda rehabilitación” del Palacio Valdés, que la llamó el entonces concejal de Cultura Román Antonio Álvarez) y el otro también se llama Juan, pero se apellida Echanove.

Unos pocos días después de que Vladimir Putin comenzara la invasión de Ucrania el actor –en la mayor parte de sus días- atendió a LA NUEVA ESPAÑA a propósito del estreno nacional de “Ser o no ser”: “Estrenar en Avilés es como estrenar en casa. En el Palacio Valdés se ha visto también ‘Rojo’ y ‘La asamblea de las mujeres’, las otras direcciones que hice. Los técnicos son tremendos. Y está el gran Antonio Ripoll, que es un hombre que se ha desplazado por media España solo para ver las cosas que dirijo. Mira, la productora me planteó estrenar unos días antes que la fecha que teníamos en Madrid: el 17 de marzo. Estrenar en Avilés es como hacerlo en Madrid. Por mí ya estaría en Avilés tomando algo en el Lord Byron”.

No menciona en este fragmento su verdadero debut –“Visitando al señor Green”– porque lo había dicho en la pregunta anterior de la entrevista. “El señor Green” lo protagonizaron el ovetense Juan José Otegui y el popular Pere Ponce, últimamente, en “Los pazos de Ulloa”. Fue en diciembre de 2005. Y Echanove descubrió que eran Marta y María las chicas que salen en el telón de boca. Allí, a la boca del escenario, salió el productor José Sámano en aquel septiembre tormentoso del rayo que cesó un estreno y dio energía al teatro, a David Desola y a toda la escena.

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