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El albergue de peregrinos avilesino recupera el pulso tras la pandemia

La Asociación Astur-Galaica espera llegar este año a casi los 6.000 visitantes, como en 2019

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Boom de peregrinos en el albergue de Avilés Mara Villamuza

El Camino de Santiago está recuperando el pulso, y lo hace además a buen ritmo. El albergue Pedro Solís de Avilés ya está a plena actividad, y se prevé que este año, el primero sin restricciones tras declararse la pandemia por el covid-19, se alcancen, e incluso puedan superar, las cifras de 2019, que fue el que tuvo los registros más elevados de ocupación, con algo más de 5.900 personas pernoctando. Y una curiosidad: cerca del 70% de los visitantes son extranjeros, algunos de continentes y países lejanos, como Asia, Australia, y de Sudáfrica.

El actual mes de mayo ya está siendo excepcional. Cuando todavía falta una semana para que finalice, ya han pasado por este albergue municipal 320 personas, y al ritmo actual se prevé llegar a los 500 cuando finalice el mes.

Mayte Gonzalo, presidenta de la Asociación Astur-Galaica, que gestiona el albergue de peregrinos de Avilés, se muestra satisfecha. “Estamos resucitando”, afirma orgullosa del trabajo y de los servicios que se ofrecen. El inmueble cuenta con un gran espacio en el que hay 80 camas, y otro más pequeño, con ocho más. Además, hay servicio de lavadora, secadora, wifi gratuita, sábanas desechables, cocina totalmente equipada, incluso con ingredientes para que los peregrinos puedan prepararse una buena comida.

“Algunos van al supermercado, pero la mayoría prefiere salir y cenar fuera. El cachopo y la sidra les chifla. Esto también le da vida a la ciudad”, asegura. Es el caso de Preanna Weaver, una californiana de 32 años que llegó ayer al albergue de peregrinos Pedro Solís. Inició su andadura en Irún el pasado 4 de mayo para recorrer el Camino del Norte, y su previsión es llegar a Santiago el 7 de junio.

“Hay que andar mucho, sí. Se caminan unas ocho horas al día, y por la noche, se lava la ropa, ducha y descanso. Este lugar es perfecto, y también para encontrar a otros peregrinos con los que hablar y compartir”, resume. Le “encanta” el queso, y ya había localizado un restaurante en Avilés del que “vi una foto de una gran tabla llena de quesos, para ir esta noche con otra compañera”, dice riendo.

Cuenta que en Estados Unidos trabajaba en “negocios. Pero no me gusta; necesito un cambio. Al dejar el trabajo llamé a un amigo de la Universidad que hizo el Camino Francés y me dijo que era una buena manera de pensar para cambiar de actividad. Y aquí estoy”. “Esto es muy bonito, y todo el mundo es muy amable y hospitalario. Te ayudan y te animan”, agradece contenta.

Quienes se detienen en el albergue de peregrinos avilesino solo pueden pasar una noche en él, salvo que sufran algún tipo de lesión y necesiten atención o reposo. En el mes de abril, de los 318 registrados, solo 104 eran españoles. El resto, todos extranjeros. La mayoría alemanes (63), pero también franceses (28), holandeses e italianos (17 de cada una de estas nacionalidades) y belgas, estadounidenses, daneses, brasileños, portugueses polacos, irlandeses, austriacos, argentinos, coreanos, canadienses...

“Los españoles suelen venir sobre todo en julio y agosto, porque son los meses de vacaciones. Pero sí estamos un poco sorprendidos porque en mayo no es habitual tener tanta actividad como estamos teniendo, sobre todo en esta segunda quincena”, asegura Gonzalo.

Los peregrinos que llegan al albergue Pedro Solís vienen caminando desde Gijón. Hacen noche en Avilés y luego continúan, unos hacia Muros de Nalón, a 20 kilómetros de distancia, y otros prefieren andar más, hasta Soto de Luiña, del que les separan 36 kilómetros.

“Los años de la pandemia estuvimos cerrados durante meses, así que fueron muy pocos los peregrinos que se alojaron aquí. En todo el 2020, con el confinamiento y los cierres perimetrales, debieron ser como un millar, y en 2021, unos 2.400 en todo el año. Pero ahora vemos que todo el mundo se anima, que el Camino recupera la vida y nosotros también. Y estamos muy orgullosos, porque somos una gran familia y eso ayuda a que todo funcione bien”, resume Mayte Gonzalo.

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