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Vicente Santarúa, artista 2.0

El octogenario pintor y escultor ha descubierto de la mano de su hijo Samuel un nuevo universo de posibilidades de expresión gracias al uso de la tecnología digital: “Facilita el trabajo y ahorro tiempo”

Samuel Santarúa y su padre, Vicente, por videoconferencia.

Todo empezó con unos polvos de Cola Cao derramados sobre la mesa durante un desayuno familiar. Vicente Santarúa, el incombustible artista candasín afincado en Avilés, se quedó absorto mirando la polvareda marrón y, en un momento dado, comenzó con su dedo índice a dibujar un rostro. Una obra efímera, condenada a desaparecer en cuanto se limpiase la mesa. Samuel, el hijo del escultor, observó la escena y aprovechó para insistir a su padre en algo detrás de lo que andaba meses: “A ver, papá, ya que lo mismo dibujas con lápices, tizas, ceras, pinceles o con el dedo, ¿qué más te da intentarlo con el lápiz digital sobre la tableta del ordenador?”.

Aquel día, y tras haber refunfuñado mucho al respecto, Vicente Santarúa accedió al experimento. “En el fondo” –debió de pensar– “siempre he inculcado a mis hijos que hay que tener la mente abierta”. Han pasado aproximadamente dos años y una pandemia desde aquello y en la actualidad Vicente Santarúa es un rendido defensor del potencial de las nuevas tecnologías aplicadas al arte. “He incorporado estas herramientas a mi taller porque me facilitan el trabajo, me ahorran tiempo y hasta me evitan tener que ir por el mundo cargado con carpetones llenos de bocetos: ahora lo llevo todo metido en una memoria USB y me cabe en el bolsillo”, relata entusiasmado el artista.

El instigador de esta conversión de Vicente Santarúa al universo digital –lo que podría ser llamado Santarúa 2.0 por similitud con el término acuñado para la primera revolución que vivió internet– es Samuel Santarúa, otro polifacético creativo, como su padre, que pasó del dibujo a la ingeniería, de esta al medio audiovisual y ahora, con 57 años, dirige una productora que elabora programas y documentales en los que abundan efectos especiales digitales y se utilizan técnicas de realidad virtual y aumentada. “Al principio costó porque era reticente, pero una vez que ha visto las ventajas está encantado con las herramientas digitales y les saca todo el jugo que puede”, asegura el hijo.

Del conocimiento tecnológico del hijo y del talento artístico del padre ha surgido una sociedad de conveniencia que ha dado ya frutos esplendorosos, caso del busto del futbolista Enrique Castro, “Quini”, realizado íntegramente, en su fase de diseño, con técnicas de modelado virtual en tres dimensiones. “Mi padre se familiarizó muy pronto con la herramienta informática de modelado tridimensional , y conste que es una utilidad que normalmente se le resiste hasta a los duchos en informática. Pero algo debe haber de comunión entre el instinto del artista y el programa informático que mi padre lo maneja de forma muy intuitiva y en la práctica le resulta tan familiar la técnica como modelar con arcilla u otro material blando”, explica Samuel Santarúa.

Vicente Santarúa, el beneficiario del salto al universo digital, está ocupado esta temporada en la creación del que será un magno mural a instalar en su Candás natal. Cada día avanza en los dibujos que compondrán la piezas (de dos metros de alto por cincuenta de largo) y al caer la noche se conecta por videoconferencia con su hijo, residente en Tarragona, y comparten, comentan y debaten las novedades. “Es muy enriquecedor”, sostiene el hijo. “Es muy cómodo”, apostilla el padre.

Probaturas de color, influencia de la luz en el acabado final de la obra, experimentación con texturas o hasta definir cómo deberían ser los azulejos caso de que la cerámica fuese el material finalmente elegido para el mural. Todo eso y mucho más se simplifica enormemente en el taller de Santarúa con ayuda de las herramientas digitales. “Es muy práctico”, resume el artista.

Al margen de lo que aporten a la obra presenta y futura de Santarúa los avances tecnológicos, es digno de reseñar el ejemplo que da este hombre de 86 años al adoptar en su rutina creativa diaria una tecnología del siglo XXI. “Hay que ir con los tiempos y aprovecharse de las ventajas que ofrece el progreso científico”, afirma con el mismo convencimiento que lo haría cualquier artista del Renacimiento. No es poca enseñanza de quien hace ocho décadas vio despertar sus inquietudes artísticas jugando con los serruchos, formones y gubias que su padre utilizaba en un taller de las marismas de la ría de Avilés para construir embarcaciones.

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