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La situación crítica del automóvil pone en guardia a los sindicatos de Saint-Gobain

La dirección convoca a los representantes de los trabajadores de sus dos fábricas españolas que esperan decisiones “de calado” para el negocio

Instalaciones de Saint-Gobain en Avilés. | Mara Villamuza

La situación del negocio del vidrio para automoción que ha explotado tradicionalmente la multinacional francesa Saint-Gobain Cristalería no es la mejor de las posibles. Y no lo es desde hace meses. Tan es así que la dirección de la empresa ha convocado esta próxima semana a los miembros de comité intercentros (son representantes de las plantas de Avilés y de Arbós, en la provincia de Tarragona) a analizar el contexto socioeconómico que se avecina.

La lectura que se hace desde la parte social es que la compañía quiere comunicar medidas “de calado” sobre el porvenir del negocio de parabrisas (en Avilés) y de cristales traseros y lunetas (en Arbós). Precisamente, esta presunción –la compañía no ha concretado cuál es el motivo de la reunión de la próxima semana–, ha puesto en guardia a los representantes de los trabajadores de las dos plantas porque, deducen, después del análisis de este contexto vendrán las decisiones y las que se avienen ninguna va a ser dúctil.

La convocatoria de la dirección de la empresa coincide con el encuentro de los representantes del comité intercentros –el jueves y el viernes próximos–. Este está previsto en las oficinas corporativas que la delegación española de la multinacional tiene en la madrileña calle Príncipe de Vergara. Teniendo en cuenta que los convocados pertenecen a los centros de trabajo de Avilés y de Arbós y que estas fábricas lo que tienen en común es la producción de vidrio de automoción la conclusión es clara: no corren buenos tiempos para la producción de parabrisas.

La plantilla de los dos centros de trabajo es consciente de que la crisis del automóvil (la caída de la venta de turismos, su consecuente caída del número de elementos fabricados, la crisis de los semiconductores, el establecimiento de nuevas fronteras económicas –el Brexit y la guerra de Ucrania–) y también es consciente de que esto sólo puede traer decisiones, cuando menos, “traumáticas”.

Recientemente, la empresa había optado por la aplicación de expedientes de regulación temporal de empleo en el Sekurit de Avilés (tres desde marzo de 2020: uno por la pandemia y dos por razones productivas, el último estuvo activo hasta el pasado día 31 de diciembre). A mediados de marzo, la dirección de personal de Avilés comunicó a los representantes sindicales que tenía “intención” de iniciar un “procedimiento de regulación temporal de empleo por causas objetivas que afectará potencialmente a la totalidad de los trabajadores de la división de Sekurit del centro de trabajo de Avilés”, que finalmente no se llevó a cabo, aunque los negociadores del expediente fueron elegidos al menos los de la parte social.

La empresa descarta de todas las maneras que la solución de la crisis pase por el cierre de sus fábricas. Esto, sin embargo, no hace que los sindicatos descarten otro tipo de decisiones que la multinacional ya tomó en otras crisis del sector del vidrio. Por ejemplo, segregó la fábrica que tenía en Renedo, en Cantabria, de lo que los trabajadores llaman “perímetro de Cristalería”.

Tras la segregación terminó cerrando (2014). Sucedió igual con el centro de trabajo de Hortaleza, en Madrid (en 2003). En La Almunia de doña Godina –que heredó la tarea de Hortaleza– lo que sucedió fue que la compañía decidió cerrar el centro de producción y convertirlo –lo es actualmente– en centro de distribución. La producción de transformados de La Almunia está en Avilés desde hace más de una década.

Toda esta mala situación se desarrolla en torno a las palabras que el consejero delegado de la corporación Saint-Gobain, Benoit Bazin, pronunció a comienzos de este mes de mayo. Dijo en la última Convención para el Diálogo Social que se celebró en París que había que “racionalizar” el negocio, es decir, ajustarse “a la nueva realidad del mercado del automóvil”.

Esta racionalización ha comenzado en Avilés: ahora fabrica vidrio para repuestos y no vidrio nuevo y actúa de esta manera porque el sector de la automoción no saca coches nuevos. Además, ha generado, por el momento, cinco días de paradas de producción.

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