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Illas, un concejo donde se ha puesto de moda vivir, sale de la UVI demográfica

Un urbanismo fiel a los valores tradicionales del campo, su centralidad geográfica y el acceso a los servicios básicos obran el milagro de frenar la sangría de población en un concejo donde se ha puesto de moda vivir

Un grupo de niños planta árboles en Taborneda (Illas). Mara Villamuza

Lo recuerda con sorna el actual alcalde, Alberto Tirador (IU): “Hubo un tiempo en que Illas fue noticia de primera plana en telediarios nacionales y programas de radio; eran los tiempos en los que en toda España se aprobaban planes urbanísticos expansivos en los que se planificaban urbanizaciones por doquier. Y aquí planteamos todo lo contrario: consagramos el modelo de construcción unifamiliar tradicional –el que durante décadas modeló el paisaje de nuestros pueblos y aldeas– y vetamos expresamente la posibilidad de construcciones masivas. Nos tomaban por locos, nos miraban como a bichos raros y nos criticaban por no subirnos al ‘tren del progreso’. Ha pasado el tiempo y, justo es decirlo, creo que dimos en el clavo y ahora recogemos los frutos de aquella mesura urbanística”.

Ahora los periodistas llaman al Ayuntamiento de Illas para solicitar hablar con el Alcalde al objeto de que explique cómo es posible que un minúsculo concejo asturiano de un millar de habitantes haya logrado doblegar la fatídica curva demográfica que condena a la mayoría de los municipios rurales asturianos y españoles a la despoblación galopante. Mientras grandes manchas de territorio asturiano se vacían, Illas resiste. Tuvo lo suyo –entre 2001 y 2020 el saldo vegetativo (diferencia entre nacimientos y defunciones) fue negativo en 226 personas– pero ha logrado frenar la inercia y desde 2010 gana población, así sea modestamente, gracias a la llegada de nuevos pobladores. El primer paso para revertir la caída demográfica, según dicen los expertos, es frenarla. E Illas está en ello.

La profesora del departamento de Geografía –área de Análisis Geográfico Regional– de la Universidad de Oviedo Amalia Maceda ha elaborado a petición de este diario un informe pormenorizado sobre la evolución demográfica de Illas y sus conclusiones evidencian indicios positivos que contrastan con el desolador panorama de una Asturias que está a punto de perder el millón de habitantes.

La experta en demografía señala como primer elemento esperanzador que Illas está logrando atraer población: “La pérdida de población en Illas por el mayor número de defunciones (331) que nacimientos (105) en lo que va de siglo se ha visto compensada en parte por el saldo migratorio, con una ganancia de 155 en el periodo, saldos anuales mayoritariamente positivos y especialmente significativos en el trienio 2010-2012 y en 2020, año en el que hubo una ganancia de 25 habitantes. Tanto en esta última fecha como en 2019 la ganancia migratoria superó a la pérdida vegetativa y de ahí la evolución global positiva de la población del concejo en estos últimos años”.

Una casa en construcción en la localidad de Piñella.

¿De dónde proceden quienes eligen Illas para vivir? Lo aclara la profesora: “Avilés es tanto el destino principal de quienes se van de Illas ( 330 de 555 en este siglo) como el concejo de reclutamiento de quienes llegan (429 de 681). En cuanto a procedencia de inmigrantes siguen, pero a distancia, Corvera, Castrillón, Gijón, Oviedo y Grado; y en cuanto a destinos de los emigrantes, son principalmente Castrillón, Corvera, Gijón, Oviedo y Grado, Prácticamente coincide el orden en los concejos de salida y de entrada”.

La incidencia de la señalada dinámica migratoria ha sido “grande y muy favorable para el concejo de Illas”, reseña Maceda, “hasta el punto de que, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte de Asturias, que sufre un progresivo envejecimiento, la población de Illas ha experimentado un notable rejuvenecimiento”.

Dulce Victoria Pérez Rumoroso, con sus hijos., Alberto y Marina. MARA VILLAMUZA

Nuevamente, los números “cantan”. En 2001, el índice de vejez de Illas indicaba que la población de 65 años y más cuadruplicaba ampliamente a la de menos de 15, alcanzándose un índice de vejez (4,29) que era el doble que el de Asturias (2,15), y resultando particularmente alto el envejecimiento femenino. En 2020, el indicador se había reducido considerablemente por el efecto conjunto de la disminución de la población de más de 65 años y el aumento de los de menos de 15. Tanto el índice masculino (2,69) como el total de Illas (2,75) son solo ligeramente superiores a los de Asturias y el femenino es, en cambio, algo inferior (2,81).

Amalia Maceda observa que “en 2020 hay una mayor representación de población de 15 años o menos que permite hablar de un rejuvenecimiento por la base de la pirámide demográfica, pero a partir de ahí y hasta los 40 años –las edades que a corto plazo se convertirán en las que tendrán hijos– se acortan considerablemente las cohortes para ensancharse de nuevo ya hacia la cúspide de la pirámide”. O dicho de otro modo, y por poner un pero: Illas necesita “reproductores” para consolidar su frágil pero esperanzadora primavera demográfica.

Vista de Piñella.

“Rara es la semana que no llama alguien con idea de comprar casa o construirla”, asegura el Alcalde

De un tiempo a esta parte, y especialmente agudizado el fenómeno por la pandemia, el Ayuntamiento de Illas opera como un sucedáneo de agencia inmobiliaria. Decenas de personas llaman, según el alcalde, Alberto Tirador, interesándose por casas en venta, fincas edificables o condiciones de construcción. “Rara es la semana que no hablo con alguien por estos temas. Y algunas de esas llamadas cuajan en proyectos; ahora mismo debe haber ocho o diez viviendas en fase de tramitación u obra”, asegura el Regidor.

Las localidades que suscitan especial interés son La Laguna y Piñella, dos de las más cercanas a Avilés y, consiguientemente, a las grandes vías de comunicación y los grandes centros comerciales. Justo lo que no hay en Illas: ni autopistas ni casi tiendas, pero tampoco parece necesitarlas a la vista del creciente interés por vivir en el concejo.

Tirador admite que una de las grandes bazas de Illas para haberse puesto de modo es su posición geográfica “centrada” y la proximidad a un área urbana dotada de buenos servicios y una completa red comercial: Avilés. Desde el punto más remoto de Illas –siempre que se disponga de coche– se tardan menos de veinte minutos en llegar al cine, a un gimnasio o a un tienda de ropa. En los casos más favorables, apenas diez.

“La columna vertebral de nuestro plan urbano consagra el modelo residencial tradicional asturiano, la aldea o pueblo de toda la vida. Las urbanizaciones, adosados o similares no tienen cabida en este municipio"

Alberto Tirador - Alcalde de Illas

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La ubicación importa; pero la estrategia urbanística adoptada en su día, también. O eso defiende, al menos, Tirador: “La columna vertebral de nuestro plan urbano consagra el modelo residencial tradicional asturiano, la aldea o pueblo de toda la vida. Las urbanizaciones, adosados o similares no tienen cabida en este municipio. A cambio, cualquiera puede construir una casa de 90 metros cuadrados en cualquier finca donde quepa –no hay superficie mínima obligatoria–, a condición únicamente de respetar las distancias de retranqueo a fincas colindantes, montes, caminos, etcétera”. El Alcalde añade a esas condiciones otras ventajas: “La fiscalidad es moderada y el precio del metro cuadrado está en una franja moderada, bastante más barato que en otros concejos”.

Manuel Ángel García y Eva Antomil, en Illas.

Para construir casa en Illas, por tanto, hay “incentivos”. ¿Pero y después, como está la cartera de servicios? Responde Tirador: “El 99 por ciento de las casas de concejo disponen de acceso a saneamiento, todas tienen agua corriente y alumbrado público en sus cercanías y la red viaria, siempre mejorable, permite el acceso rodado a cualquier parte. Hay colegio en la capital y un consultorio médico, también farmacia. ¿Qué nos falta? Fundamentalmente, acceso a la banda ancha de Internet y mejorar la cobertura de telefonía. Es irónico que en la cima del monte Gorfolí están instaladas todas las antenas de telecomunicaciones de la comarca y en nuestro concejo, que está a sus pies, hay amplias zonas de ‘sombra’ tecnológica. Confiamos en que más pronto que tarde, y con ayuda de los fondos Next Generation, esta situación mejore”.

Y es que los illenses han hecho del modelo tradicional de vida rural una fortaleza desde la que resisten el despoblamiento, pero igualmente defienden que vivir en el campo no es incompatible con tener acceso al progreso tecnológico.

Motivos para vivir en Illas: “Por los hijos”, “porque nací aquí”

Piñella es un barrio de la parroquia de Villa –una de las tres que conforman el municipio de Illas– que tras haber tocado fondo poblacional en 2011 con apenas 80 habitantes empadronados oficialmente ha remontado y, hoy en día, vuelve a estar como en su mejor etapa reciente: los aproximadamente 120 habitantes que tenía al acabar el siglo XX. Para mayor abundamiento, entre ese centenar de pobladores hay una veintena de niños en edad escolar, un dato indicativo de la revitalización demográfica que experimenta este enclave.

Las casas de Piñella, medio centenar y casi todas habitadas, se extienden por una alfombra verde de prados con apenas pendiente en un bucólico fondo de valle situado a una altitud media de 250 metros desde el que se ve tanto la cima del Gorfolí como la ría de Avilés, una panorámica que poco tiene que envidiar a la mucho más conocida de la ermita de La Luz.

Esta Arcadia casi desconocida de la comarca avilesina dista tan solo 6,5 kilómetros de la capital municipal, Callezuela, y, como quien dice, está “a tiro de piedra” de Avilés: a 15 minutos en coche se llega al casco urbano avilesino o se coge la autopista que vertebra Asturias de Este a Oeste.

En Piñella vive la joven pareja formada por Manuel Ángel García Tuya y Eva Antomil Rodríguez y sus dos hijos. Residen en una enorme casa que empezaron a construir en 2005 y que se enclava en el cogollo de fincas que la familia de Manuel Ángel García Tuya lleva explotando desde hace al menos cuatro generaciones; una foto del bisabuelo junto a la gran panera de la propiedad –hoy bellamente restaurada– atestigua ese arraigo territorial.

Manuel Ángel García Tuya trabaja en ArcelorMittal y asegura que la principal razón por la que vive en el pueblo es “porque le gusta” y porque “yo nací aquí”. Le gusta estar al aire libre, apenas entra en casa en todo el día –“poco más que para comer y dormir”, asevera– y le gusta lo que ve cuando mira alrededor: un empacho de naturaleza. También le gusta la forma de vida en el campo, en contacto con los animales, el aire puro y las tareas agropecuarias. Su pareja, criada en la ciudad, asegura que se hizo pronto a vivir en este paraíso verde.

La casa de los García-Antomil, pese a ser moderna y disponer de todas las comodidades esperadas de una vivienda del siglo XXI, cumple el estereotipo de la aldea: una de las fincas colindantes está dedicada a cultivos agrícolas y en otra hay una explotación ganadera de leche, con las vacas pastando por los prados y el consiguiente y característico olor del estiércol impregnando, según en qué dirección sople el viento, la atmósfera. “Toda la vida hubo vacas en el pueblo, son parte del paisaje; a mí no me molestan”, comenta indiferente Manuel Ángel García.

Siguiendo por el mismo camino que lleva a la casa de los García-Antomil el viajero encuentra una casa en construcción y donde la senda acaba –literalmente hablando–, la residencia desde 2018 de Juan Suárez González y Dulce Victoria Pérez Rumoroso, padres de dos criaturas. “Ellos son la razón de que vivamos aquí, queríamos un entorno de este tipo para criarlos y por eso construimos esta casa”, explica el padre. “No nos arrepentimos lo más mínimo de aquella decisión, nos ratificamos cada vez más”, añade la madre.

A diferencia de los García-Antomil, los Suárez-Pérez no tienen antecedentes rurales, son neorrurales, pero de los convencidos de las bondades del campo: hasta se han iniciado en el cultivo de hortalizas y la crianza de gallinas, patos y conejos. “A mí lo que me preocupa es que esto se ponga demasiado de moda y se masifique”, apunta Dulce Victoria Pérez, consciente de que Piñella es el sueño residencial de cada vez más familias.

El análisis que hace esta pareja de las condiciones de vida que han hallado en Piñella es “tan de cuento” como los que escribe Pérez Rumoroso, la autora que alcanzó fama en las páginas de este diario con los relatos del travieso ratoncito “Ratonchi”: “Paz hay toda la del mundo, los servicios básicos –sanidad, educación...– los tenemos a 12 minutos en coche, las comunicaciones son mejores que las de algunos barrios de Avilés, llegamos a cualquier tienda en un cuarto de hora y podemos ir a comprar el pan en bicicleta a La Laguna en un paseo de cinco minutos. No se nos ocurre ningún inconveniente”.


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