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Un hilo de treinta años de largo

Nuria Gallardo conoció el odeón local en 1993 y ahora trabaja en la producción avilesina que se estrenará en el festival de Almagro

Manuel Galiana, Nuria Gallardo y Manuel Barrera, en septiembre de 2008, en la escuela de verano de la Academia de Artes Escénicas que se celebró en el teatro Palacio Valdés. | Ricardo Solís

La actriz Nuria Gallardo es como el hilo en el que se cuelgan todos los años vividos por el teatro Palacio Valdés desde su reapertura, en aquel noviembre de hace tres décadas. Ya estuvo sobre sus tablas en 1993. Y por partida doble: “Fortunata y Jacinta”, por un lado, y “Fernando Krap me ha escrito esta carta”, por otra. “Con unos días de separación”, cuenta. Y es verdad. La versión de Ricardo López Aranda de la novela de Galdós se programó el 13 de agosto de aquel año reciente y el otro espectáculo, que dirigió Gustavo Tambascio, llegó a Avilés a la semana siguiente: el día 21. “Fue cuando conocí a Antonio Ripoll”. Antonio Ripoll fue el primer director del odeón avilesino.

Gallardo ha vuelto ahora a la ciudad. Trabaja duro estos días en “El español más desgraciado: Mazías (La poesía mata)”, un drama del escritor sabuguero Francisco Bances Candamo, un espectáculo que dirige Ángel García Suárez y que se estrena en el Festival de Almagro el próximo día 9 de julio.

“Hago de Lope”, cuenta. “La primera vez que hago de hombre”, añade. Y que una actriz de tan largo recorrido todavía tenga primeras veces en la escena es una verdadera celebración. La Gallardo empezó siendo una niña: en 1982. Fue con el legendario “El pato silvestre”: Henrik Ibsen traspuesto al público español por Antonio Buero Vallejo. Y, además, con un reparto sideral: Encarna Paso, Ana María Ventura, José Bódalo, Manuel Tejada y Manuel Galiana. Con Manuel Galiana, por ejemplo, participó en una mesa redonda que organizó la escuela de verano de la Academia de las Artes Escénicas de España el verano pasado. Otra vez en el teatro Palacio Valdés.

Nuria Gallardo tiene tal apego por Avilés que ha logrado transformarlo en raíces. Aquí, en Avilés, por ejemplo, hizo su cuarta dirección escénica: “Faustina: Madre de Alejandro Casona”, de Pilar Murillo. La historia de la primera inspectora de enseñanza que investigó el sacerdote José Manuel Feito. Puso a los espectadores del odeón local en pie. Fue el 3 de marzo de 2004. La función estaba incluida en la celebración del Día de la Mujer de aquel año. Allí, por ejemplo, estaba Natalia Suárez Ríos de protagonista. Las dos han vuelto a coincidir en este “Mazías” que se está cociendo en La Carriona.

Así que, recién estrenada la historia trigésima del Palacio Valdés, Gallardo está haciendo de Fortunata “y unos días después” pasa del realismo de López Aranda al simbolismo de Tambascio. “Allí hacía de hija de Zorion Eguileor”, subraya. “Salía con una camisa de Arlequín con las mangas superlargas, como de una camisa de fuerza, allí, tirada por el suelo”. Nuria Gallardo habla con el periodista en la terraza de un bar cercano al hotel en el que se aloja estos días de trabajo avilesino. “Vuelvo a la escena con Zorion Eguileor”, cuenta. Los dos están en este “Mazías” que está llamado a dar un meneo al Festival de Teatro Clásico de Avilés. Este próximo verano. “Zorion me llama hija”, bromea Gallardo. “Y yo le digo padre”. A quien Gallardo dice madre es a Marisa Paredes. Las dos juntas estuvieron grandiosas en la “Sonata de otoño” de Ingmar Bergman que dirigió José Carlos Plaza y que se estrenó en Avilés en abril de 2008.

Sin embargo, el recuerdo más triste que Nuria Gallardo asocia con el Palacio Valdés tiene que ver con la muerte del tramoyista Francisco Javier Alonso Muñoz. “Lo llamábamos Javito”, apunta. Alonso Muñoz era uno de los maquinistas de la compañía de Andrea D’Odorico. Traían a Avilés el “Tïo Vania” que había dirigido Miguel Narros. Era marzo de 2002. Alonso Muñoz subió a una grúa Jenny para instalar un foco, pero se cayó al escenario. Y murió en el Hospital San Agustín. “Cada vez que estoy en el Palacio Valdés me cuesta no echarle de menos”, dice Gallardo. “Ellos, los maquinistas, habían llegado antes que nosotros, los actores. Cuando bajamos del autobús fue cuando lo supe. Me puse muy nerviosa. Me metí en el Lord Byron y Guti trató de calmarme. Me dijo que me fuera al hotel. Me pasé horas llorando”, confiesa.

Dos décadas después de aquel accidente la actirz Nuria Gallardo sigue siendo el hilo donde amarrar treinta años de historia reabierta del Palacio Valdés. Y como sabe el espectáculo tiene que continuar se levanta de la mesa. Lleva en la mano el libreto del “Mazías”. Se disculpa, que tiene que seguir repasando. Lope le reclama.

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