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Paco Roca | Dibujante de cómics, coautor del mural de González Abarca

"Un mural es como tener un tebeo abierto en la calle"

"No podía imaginar a un compañero de firmas en la Comic-con que Jaime Hernández, para mí es lo más: el dios de la historieta"

La concejala de Cultura, Yolanda Alonso, entre Martín Forés y Paco Roca, ayer, en el lavadero de González Abarca. | María Fuentes

Paco Roca (Valencia, 1969) es coautor –junto a Martín Forés– del mural del lavadero de la calle González Abarca. Además, es premio Nacional de Cómic, tiene un "Goya" al mejor guión adaptado –de su novela gráfica "Arrugas"– y, últimamente, ha cosechado su primer premio "Eisner", que es el que se concede todos los años en la Comic-con de San Diego, en Estados Unidos, la convención más importante del mundo en su género. Roca conversa con LA NUEVA ESPAÑA en el museo de Historia Urbana de Avilés donde este martes –en su sala de Cómic– se inaugura una muestra retrospectiva de su obra. Esta exposición está incluida en la programación de la segunda edición del Festival de Cultura Urbana de Avilés (Focart)

–Los murales son una cosa nueva en usted.

–Tengo la suerte de poder vivir de los "royalties" que genera mi obra, pero es verdad que los cómics a veces son un motor que generan muchas cosas que a veces te separan de la mesa de trabajo. Y eso son los murales. Jamás había pensado en esto y, de hecho, no he sido yo el que lo ha ofrecido porque me ha llegado de casualidad.

–Tiene uno en Valencia y luego este de Avilés.

–Sí. De los pintados sí. Hace poco se inauguró una línea del Metro de Valencia –y en Madrid también–, pero son "plotters". Pintado pintado, este es el segundo.

–¿Y qué tal es esto de meterse al arte efímero?

–Está muy bien. Es lo que hablábamos antes: te saca de la mesa de trabajo y, por otro lado, tienes la experiencia de trabajar en vivo. Pasó también en Nazaret, en Valencia, y no suele pasar cuando es un "plotter". Llegas con un "plotter", lo colocas en un momento y te vas. En todo este tiempo en que estás pintando, retocando y demás, hay mucha gente que se te acerca, te habla, te invita a una cerveza... Es muy curioso, sobre todo, porque estás acostumbrado a trabajar en la intimidad y, de repente, estás trabajando de cara al público y el público interactúa. De hecho, esta mañana, había alguien que decía: "Yo creo que ese codo de ahí se te ha ido, ¿no?" Entonces te alejas y dices: "Hostia, pues es verdad". Y es que esto está muy bien. Un mural es como tener un tebeo abierto en la calle. Este que estamos pintando busca crear una especie de diálogo entre el presente y el pasado y todo en este lavadero. Tratamos de hacer una ventana al lugar en el que las mujeres trabajaban. Todas las figuras que aparecen en el mural, salvo un niño, son mujeres.

–¿Cuándo hizo el boceto?

–De esto ya hace... yo creo que igual tres meses. Luego el proceso de trasladarlo a la pared ha sido largo. Después de que lo aprueben entra el trabajo de Martín Forés, una tarea que no ha cambiado desde el Renacimiento prácticamente. Proyecta mi dibujo en su estudio sobre papeles y después, con un punzón, hace agujeros para luego, cuando llega a aquí, con un algodón y grafito lo que hace es meter ese dibujo en esa pared.

–Cuando estudiaba publicidad pensó alguna vez en que iba a vivir de la historieta.

–Mi ilusión desde pequeño era poder vivir de los cómics: contar historias y hacerlo por medio de dibujos. Estudié Diseño Gráfico e Ilustración porque era lo más parecido al cómic. Bellas Artes no me encajaba mucho, pero Diseño sí que era parecido. Mientras estudiaba entré en contacto con amigos de más edad que yo que intentaban dedicarse al mundo del cómic. Hablamos de finales de los ochenta, cuando ya habían desaparecido prácticamente todas las revistas. De todos a los que conocía ninguno podía vivir del cómic: no había trabajo. Me fui hacia el lado más comercial: a la publicidad. Todo fue fruto de la casualidad. "No, no te dediques a esto porque es la ruina, olvídate". Y, por otro lado, empecé a recibir encargos de ilustración, de "storyboards" que no dejan de ser una aplicación del lenguaje secuencial que decía Eisner.

–Hablando de Eisner. ¿Qué hace un chico como usted, todo realista, en la Comic-con de San Diego?

–Es raro, sí. Afortunadamente, la Comic-con es muy grande y dentro de ese espectáculo hay un reducido espacio para el cómic de autor. No podía imaginar un compañero mejor de firmas allí que Jaime Hernández. Es lo más: el dios del tebeo, de los primeros en revolucionarlo.

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