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Zorion Eguileor | Actor, participa en «Mazías. La poesía mata», que se estrena el sábado en Almagro

"Estar en el ‘Mazías’ es estar en el teatro otra vez, aunque sea con una cosita pequeña"

"Lo primero que doblé fue un papel en ‘La casa de la pradera’; había un viejo y un niño, no se me olvidará en la vida: ‘James, retira el fusil’"

Eduardo Castejón, protagonista de «Mazías. La poesía mata» abraza a Zorion Eguileor en la calle de Palacio Valdés. | Mara Villamuza

El personaje que hace Zorion Eguileor (Mundaka, Vizcaya, 1946) en el superéxito de Netflix "El hoyo" explica que hay tres tipos de hombres: "Los de arriba, los de abajo. Y los que caen". Y se queda tan ancho. Y esa anchura le ha traído el reconocimiento internacional: le han comparado con Anthony Hopkins, se ha batido como finalista en un premio que terminó llevándose Brad Pitt. Este hombre está estos días en Avilés: "El español más desgraciado amante. Mazías. La poesía mata". Esta producción avilesina se estrena el sábado que viene en el Festival de Almagro y, en agosto, está programada en la segunda edición del Festival de Teatro Clásico de Avilés.

–Antes de todo fue músico.

–Estudié en el Conservatorio de Bilbao cuando hacía Bachillerato. Y terminé a la vez: Bachillerato Superior, que era como se llamaba entonces, y la carrera de Piano. Todo con sobresalientes. Una maravilla de niño.

–¿Y lo de ser actor?

–Este ambiente musical lo viví en casa. En casa todos eran músicos: mi abuelo, mis tíos. Todos tocaron algún instrumento. No eran profesionales, pero sí muy cultos. No había un duro, pero sí para guitarras y pianos. Cuando terminé Bachillerato y Piano me dijeron: "¿Qué vas a hacer?" En Mundaka sólo podías ser marino. Dije que seguía con la música: estaba tan emocionado con mi carrera tan brillante... En mi casa no les importaba. "Se morirá de hambre, pero si quiere..." Como tenía que ampliar la carrera, me mandaron a Madrid a estudiar Armonía, Composición, Contrapunto... esas cosas. Bueno, estaba en Madrid y resulta que mi padre era amigo de Cayetano Luca de Tena, que tenía una compañía de teatro. Se habían conocido en la Posguerra. Cayetano había ido a veranear a Mundaka. Yo había hecho teatro con mi padre y Luca de Tena me metió en su compañía de meritorio. Me llamaba y me decía: "Vas a venir tal y tal día y vas a decir lo que sea". Viajaba con la compañía por todos los sitios. Así fue mi primer contacto con el teatro: un amigo de mi padre que me vigilaba. Luego ya empecé a meterme en mis propios líos.

–¿En qué líos?

–En Bilbao estudié Periodismo, pero eso fue más tarde. En Bilbao formamos el grupo "Akelarre" de teatro independiente. Con Luis Iturri y toda esta gente: la "gauche divine", que se decía entonces. Todos los deshechos de las familias bien de Neguri estaban allí.

–Usted en la época de Franco no podía ser Zorion, ¿no?

–Qué va, qué va. ¡Por Dios! Lo utilizaba como cuestión artística: Zorion, pues Zorion. Hasta que no se murió no pude cambiar el nombre: de Félix a Zorion. Lo cambié en un sólo día, pero ya funcionaba con el Zorion.

–¿Cómo se ganaba la vida?

–Antes de marchar a Madrid estuve dando clases de música en un sanatorio de enfermos mentales en Mondragón. Duré un mes porque me aburrí. Allí sólo estaban los locos ricos. Había enfermos de la Diputación de Guipuzcoa y luego, de pago, de primera, de segunda y de tercera. Sólo daba clase a los de primera. Daba clase de solfeo y a con los frailes, que eran de San Juan de Dios, participaba en los ensayos de misa y eso. Por la tarde tenía libre. Este fue mi primer trabajo remunerado.

–En "Akelarre" hicieron cosas muy buenas.

–Buenas, muy buenas. Trajimos gente muy buena. Me acuerdo de alguna cosa de Ramiro Pinilla que era maravillosa: "Proceso, anatematizacion y quema de una bruja". Aquella función Luis Iturri –éramos amigos desde la infancia– la montó toda con velas. Era acojonante.

–¿Y en Madrid?

–Hice una sustitución a Manuel Galiana en "La casa de los siete balcones". Fue en el teatro Fígaro. Fue mi primer personaje en el teatro comercial. Se hacía mucho Casona en aquella época.Yo hice "Los árboles mueren de pie". La estrené con Lola Cardona. Esa fue la única vez que hice de joven galán, de chico. Siempre he hecho mayores: por la voz...

–¿Por qué hizo Periodismo?

–Porque nos aburríamos. El actor Ricardo Merino y yo conocimos a Emilio Romero, el de "Pueblo", el director de Escuela de Periodismo. Y nos apuntamos. Íbamos cuando nos daba la gana, éramos actores. Pero nos dieron el título.

–¿La música la aparcó?

–Qué va. Por entonces estaba lo de la Nueva Canción Vasca. Escribía para otros así que me dije: "Voy a presentarme a un concurso". Fue en Santurce. Llamo a dos amigos míos para que me acompañasen como palmeros. Nos presentamos y nos dan el segundo premio. Con tan buena fortuna que la Emi Odeón le graba un disco. Se habían quedado sin repertorio vasco desde que muriera Luis Mariano y, entonces, la multinacional me cazó a mí. Hicimos tres singles. Se vendieron como rosquillas. Decías "Viva el eusquera y era como decir ‘Gora Euzkadi’, pero eso no se podía decir". Soy analfabeto en eusquera, pero lo hablo de puta madre. En casa me decían: "Cuando salgas de aquí habla como te dé la gana, aquí en vasco". Y luego empecé a hacer doblaje.

–¿Y qué doblaba?

–Lo primero que doblé fue "La casa de la pradera"; había un viejo y un niño en un tren, no se me olvidará en la vida. El niño era Matilde Vilariño. Yo tenía que decir al niño: "James, retira el fusil". No se me olvidará en la vida. Luego hice mucho doblaje, pero de películas en eusquera.

–¿Y el teatro que ha sido para usted?

–Lo más. De ahí me vino también lo del cine. Mi padre fue director de arte de "Tormenta", una película de John Guillermin que se rodó en Mundaka. El teatro me gustaba todo: hasta como lector.

–¿Por qué dijo que sí a este "Mazías" avilesino?

–Hago teatro por toda España. El fenómeno de "El florido pensil" también lo vivo yo. Incluyo Avilés, claro. Hice ochocientas y pico funciones, luego lo dejé, lo retomé para ir a Sudamérica. Estuvimos tres meses en Buenos Aires, en Ecuador, en París. Hace unos años, en el Galileo de Madrid coincido con Ángel García Suárez, el director de "Mazías". Hicimos juntos una cosa de Jardiel Poncela. Al verano siguiente Natalia Menéndez me llama para ir a Almagro y yo que nunca había estado dije que sí. Y volví a coincidir con Ángel. Me llamó hace poco y me dijo: "Ya sé que estás muy ocupado y me vas a decir que no". Y sí que estoy ocupado: una serie de televisión, la precuela de "El hoyo"... Me dijo que era "una cosita pequeña" y le respondí: "No me calientes, que digo que sí". Me cuenta que voy a trabajar con actores jóvenes asturianos, con Nuria Gallardo, de la que fui su padre en una función que hicimos en el Palacio Valdés. Por todo esto dije que sí. Los rodajes no empiezan hasta otoño. Así que puedo hacerlo. Estar en el "Mazías" es estar en el teatro otra vez, aunque sea con una costa pequeña.

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