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La folixa, "nieta" de La Peral

Los jóvenes peraliegos peregrinan por el pueblo llevando música y alegría a las casas de sus "vieyos", que los reciben con viandas

Los romeros, ayer, en la terraza de la vivienda de Purificación González, de 79 años, en una silla, y Luis López, de 87, presidiendo la mesa. | M. Fuentes

No recibieron a un invitado sino a decenas, y con muchas ganas de fiesta. Los "vieyos" de La Peral abrieron ayer las puertas de sus casas a decenas de jóvenes –desde niños a "mayorones" enamorados de la eterna juventud– que un año más celebraron una especie de peregrinación festiva con el objetivo de llevar la música, la alegría y la diversión a los hogares de los ancianos peraliegos. Estos, en señal de agradecimiento, les ofrecieron viandas. No pocas: cervezas, sangría y sidras como para una boda, embutidos, pinchos morunos, queso (de La Peral), panceta... y hasta unos bocados de paella cocinada en el momento. No faltó de nada y hubo para todos, que se suele decir.

La celebración nómada comenzó a eso de las 12.15 horas. El punto de encuentro: el bar, La Parra. Ahí se fueron reuniendo los primeros romeros y hasta el local llegó la charanga "Los Caimanes", de La Coruña. Luego, por la carretera que une Avilés con Grado, la misma por la que los vecinos llevan ya años luchando para su arreglo, se desplazaron hasta la casa de Purificación González, de 79 años y Luis López García, de 87.

Estos, como quien recibe a una "tribu" de nietos, abrieron la portilla y dejaron entrar la fiesta hasta la cocina (literalmente, hasta la terraza). Allí agasajaron a los romeros que les llevaron unos minutos de diversión. Hubo cánticos, sonó la charanga... "Aunque estamos un poco pachuchos este año, la fiesta es muy guapa, nos gusta, es una alegría", confesó González, que contó con la ayuda de su familia para servir el convite.

Luis González, segundo por la izquierda, junto a otros romeros. | M. F.

Unos metros más arriba, la comitiva se detuvo en la casa de Ramón Leonato, líder de una comunidad espiritual en la que se sigue la doctrina del hindú Gururaj Ananda Yogi. Leonato ayer cambió la meditación por la paella, que fue lo que ofreció a sus paisanos. Y venga a sonar la música. De casa en casa, la juventud de La Peral tenía previsto recorrer unas treinta viviendas: en el pueblo viven alrededor de cien vecinos.

Los jóvenes de Illas, de peregrinación por el pueblo. En el círculo, los folixeros, en casa de Ramón Leonato. | M. F.

Según fueron pasando las horas se sumaron más romeros a la comitiva. La ocasión lo merecía. "Llevamos dos años sin poder celebrar esta fiesta", señalaba, satisfecho, Carlos Pumares, al frente de la asociación vecinal "El Sofytu" que organiza los festejos. Apuntaba de seguido: "De todos los días de fiesta, este es el más guapo. Visitamos todas las casas salvo aquellas que no quieren por alguna razón, por ejemplo, porque ha fallecido alguien de la familia recientemente". En La Peral ayer olía a tortilla, a empanada, a carne y a rosquillas con unas gotinas de anís. La marea festiva compartió de casi todo y cumplió su misión de alegrar a los mayores del pueblo.

La curiosa fiesta tiene su explicación y aunque hay distintas teorías todas tienen un punto en común: hace muchos años La Peral de Abajo (Illas) estaba mal comunicada con la de Arriba. Por aquel entonces las celebraciones del pueblo se organizaban en la parte alta, y los de la parte baja no podían subir, especialmente los de avanzada edad. Fue entonces cuando se decidió bajar a las casas de estos con un tractor-orquesta y que todos pudieran disfrutar. Estos, en agradecimiento, ofrecieron un convite. Desde entonces se convirtió en una tradición y cada año, siempre el primer lunes de agosto, los peraliegos y todos aquellos que quieren vivir una romería como las de antes celebran la "fiesta de los vieyos".

La folixa, "nieta" de La Peral

El éxito es rotundo. Cada año, además, hay más jóvenes en la fiesta de los mayores: "No viene gente de Oviedo ni de otros sitios porque sí, pero sí vienen muchos amigos de amigos de gente del pueblo, y cada año somos más, sobre todo jóvenes", explicaba Pumares, quien incidía en que las fiestas salen adelante gracias "a mucho trabajo y peleando". La recompensa: las sonrisas de los mayores.

Y de otros no tan "vieyos" como Luis González, "de toda la vida de La Peral", ayer por la mañana convertido en líder indiscutible de la jarana por sus ganas de bailar. Disfrutaron de lo lindo también Luca Fernández Albert y David Rodríguez Fernández, ambos de 5 años y de la Callezuela. Era su primera fiesta de los "Vieyos". "Nos gusta", confirmaron. Los peraliegos pusieron fin a las fiestas con verbena, fue el postre de una jornada de convivencia sobresaliente.

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