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Los boniteros aún tienen la mitad de la cuota, pero el pez "ya está al norte"

La flota desembarcó en julio 548.758 kilos en Avilés, que son 120.283 menos que en 2021 aunque a precios más elevados

Descarga de bonitos en la rula de Avilés. RICARDO SOLIS

La costera del bonito solía extenderse cada año entre los meses de junio y octubre. Pero en las últimas campañas los pescadores debieron recoger aparejos por decreto ministerial en agosto: en 2018 el día 23, en 2019 el día 19 y el año pasado, el día 16. La razón de estos cierres prematuros siempre la misma, el agotamiento de la cuota de pesca asignada a la flota española por la Unión Europea. Este año, salvo sorpresas en las mareas, habrá bonito hasta entrado septiembre. La explicación: la costera ha flojeado desde el principio en cuanto a capturas y aún se dispone de casi el 46% de la cuota. Un ejemplo. En julio de este año se subastaron en la Nueva Rula de Avilés un total de 548.758 kilos, que son 120.283 menos que en julio de 2021. No obstante, el precio medio aumentó ligeramente por eso de que a menos pescado, más precio. El kilo se vendió, de media, a 4,25 euros.

Actualmente, según datos facilitados por la Nueva Rula de Avilés y de acuerdo a los datos extraídos de la aplicación "Gestcuotas", la flota ha consumido el 53,7% de la cuota disponible. La previsión es optimista: "Tanto la segunda quincena del mes de agosto como el mes de septiembre, son épocas idóneas para capturar las mejores piezas de bonito del norte y para su comercialización. Por otra parte, los cardúmenes ya se localizan muy al norte. Esta situación hace que algunas embarcaciones de pequeño porte den por finalizada la campaña", explican desde la lonja.

Respecto a las capturas, en Avilés se desembarcaron la semana pasada un total de 107.000 kilos de bonito del norte. Esta semana entraron 26.000 kilos el lunes y se prevé que este amanecer se descarguen otros 12.500 kilos.

Si bien la flota asturiana que se dedica al bonito utiliza técnicas artesanales, desde la Nueva Rula han mostrado, un año más, su malestar "por la pesca indiscriminada de aquellas embarcaciones que pescan con ayuda de redes de arrastre pelágico, principalmente de países como Francia e Irlanda, que acuden año tras año al golfo de Vizcaya para realizar las faenas de pesca y, que actualmente, abundan al norte de la costa asturiana".

La crítica al uso de estas artes que "peinan" el Cantábrico tiene que ver con la gran cantidad de pescado que recogen en cada lance y con el hecho de que la mayoría de los bonitos muere en la red y acaba muy machacado, cuando no reventado. A eso se añade el alto índice de descartes (pesca de especies indeseadas) y la captura de animales de nulo valor comercial asociada a las redes pelágicas.

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