Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

30 años de espectáculos en el Palacio Valdés: buenos tiempos para la lírica

Avilés acogió producciones de ópera del este de Europa y pequeños montajes de clásicos canónicos durante los primeros veinte años de la segunda vida del coliseo

La representación de «El holandés errante», de la Ópera Checa de Praga, en febrero de 2010. | Ricardo Solís

En 1942, en Avilés, hubo ópera, pero luego ya no. Hasta 1991. Fue en la Casa de Cultura porque la reforma del teatro Palacio Valdés, entonces, aún no había concluido. La lírica regresó a la ciudad con el «Don Giovanni» de la Ópera de Plovdiv, una institución añosa (1953) de Bulgaria que abrió la espita por la que se colaron los títulos más célebres del canon operístico más celebrado. Desde entonces, y hasta 2017, no dejó de haber representaciones líricas en Avilés. En diciembre de 2020 hubo una opereta –«El As», una pequeña producción de los Amigos de la Ópera de Oviedo que recreó la que trajo la compañía del teatro Reina Victoria de Madrid cuando le tocó inaugurar el odeón en 1920– y este mismo 2022, «El sobre verde», la zarzuela del teatro Nacional de la Zarzuela, pero fueron excepciones para los malos tiempos que vive la lírica en Avilés desde hace más o menos una década, unos malos tiempos que ni siquiera tapan los ciclos de proyecciones en pantalla grande que hace el Niemeyer de cuando en cuando (este otoño, tres: 12 euros cada una).

Más o menos fueron un centenar las producciones líricas –óperas y zarzuelas, estas últimas, bastantes menos que las primeras– las que se programaron en estas dos décadas largas de vigencia del ciclo Música en Escena, el primer éxito de los programadores avilesinos, la vía para la fidelización del público avilesino. Y es que desde 2011 la apuesta por la lírica fue empequeñeciéndose. Es llamativo que hasta febrero del año anterior no se hubiera podido ver en vivo en Avilés una obra de Richard Wagner. Se habían visto a Verdi, a Puccini, a Donizetti y, claro, a Mozart. Pero a Wagner no. El compositor alemán exigía unas condiciones que el teatro Palacio Valdés no había podido atender hasta entonces. Tras las obras, «El holandés errante» que trajo la Ópera Checa de Praga cubrió el déficit del coliseo avilesino.

Sin embargo, esto fue casi al final de esa carrera de espectáculos operísticos que colocaron a Avilés en el mapa de las giras de compañías del Este de Europa, como la Ópera de Cámara de Varsovia de Stefan Sutkowski, como la Estatal de Gdansk, como el Teatro del Helikon de Dmitri Bertman, que estuvo dos veces en Avilés –la última, en 2003 con su «Eugenio Oneguin»– hasta que sus presupuestos se hicieron inasequibles para un teatro de las afueras de las afueras como es el Palacio Valdés.

Las representaciones operísticas también llegaron de la mano de compañías de repertorio nacionales como Ópera 2001 o Producciones Telón… Las dos, lo que hacían eran clásicos canónicos para atender la demanda de los teatros recuperados por las administraciones públicas desde mediados de los ochenta (el Palacio Valdés es uno de ellos). Así se explican la repetición de títulos tan importantes como «La Traviata», como «Norma», como «Rigoletto»… Ópera de pequeño formato para cubrir huecos deficitarios en las programaciones culturales de todas las esquinas del país. Y Avilés se subió a esta ola.

Pero el Palacio Valdés también se subió a otras olas mayores cuando, por ejemplo, promovió la producción de «Los amantes de Teruel», de Tomás Bretón. Y acogió su estreno nacional: fue el 14 de agosto de 1997. La música la puso la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, la dirección la firmó Juan de Udaeta y el coro fue el del teatro Villamarta de Jérez que, precisamente, inició con la función avilesina su carrera que ya va por el cuarto de siglo. Aquella aventura lírica fue posible gracias a la alianza de catorce teatros públicos, entre ellos, el Nacional de la Zarzuela. Tras la función avilesina, vino una en el Jovellanos de Gijón y, después, treinta más: en el Victoria Eugenia de San Sebastián, en el palacio de Festivales de Santander, en el teatro Juan Bravo de Segovia, en el teatro Principal de Valencia, en el Cervantes de Málaga y, claro, también en el Bretón de Salamanca.

Hubo zarzuelas en Avilés («La rosa del azafrán», «La revoltosa», «Agua, azucarillos y aguardiente»), pero es quizá este género el que menos han frecuentado los responsables de la programación cultural avilesina de estos últimos treinta años, un período que viene de la reapertura el 14 de noviembre de 1992. Y eso resulta paradójico. Aquel día precisamente, el primero de la segunda vida del Palacio Valdés, fue cuando se recuperó la zarzuela «El imposible mayor, en amor le vence Amor», de Francisco Bances Candamo, un libreto al que puso música Sebastián Duró. Barroco recargado para dar a alegría al primer día del teatro Palacio Valdés. Pero eso fue hace treinta años. 

Compartir el artículo

stats