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El gigante eólico bretón calza sus pies con acero avilesino

LA NUEVA ESPAÑA, testigo de la construcción con piezas fabricadas en los talleres de Windar de un coloso marino que, desde 2023, generará electricidad suficiente para abastecer a una población equivalente al doble de la provincia de León

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EN IMÁGENES: Así se levanta en aguas de Bretaña un coloso de eólica marina con piezas asturianas

Cinco milímetros, la mitad del grosor de un teléfono móvil. Ese es el margen de tolerancia existente para dar de paso la adecuada colocación de cada pieza que compone una de las gigantescas estructuras llamadas a soportar el peso de los aerogeneradores del parque eólico marino de Saint-Brieuc, en construcción en la bahía bretona del mismo nombre (aguas francesas del canal de La Mancha).

Cinco milímetros es una cifra infinitesimal en un proyecto de esta magnitud habida cuenta de que cada estructura del parque (llamadas "jackets" en la jerga eólica) más el tramo de transición superior y el aerogenerador que ha de ensamblar en la misma tiene un peso de 1.200 toneladas y una longitud (sin contar la parte aérea) de 75 metros, más otra cantidad variable de entre 20 y 45 metros enterrados en el lecho marino.

Por hacer un símil: la exigencia de montaje de cada una de las 62 jackets que tendrá el parque eólico marino de Saint-Brieuc es equivalente a medir la verticalidad de una pared con el criterio del grosor de una uña.

Arriba, el traslado de «jackets» fabricadas con colaboración de Windar entre Brest y el parque eólico; en el centro, a la izquierda, esquema del avance de la obra, y, a la derecha, la ingeniera de origen asturiano Mónica Sánchez, con los hitos de la obra; sobre estas líneas, el director del proyecto, Rafael Vara –a la derecha–, a bordo del barco rumbo a la plataforma, y la subestación en tierra. | F. L. J. / Iberdrola

Este de la Bretaña francesa es uno de los más importantes proyectos de eólica marina en los que está involucrada la empresa avilesina Windar Renovables, del Grupo Daniel Alonso. En sus talleres de Avilés se construyeron por encargo de Iberdrola, la compañía promotora, los pilotes y los tramos de transición; y en el astillero de Fene (Ferrol), en alianza con Navantia, los jackets.

A día de hoy, tal y como pudo comprobar in situ LA NUEVA ESPAÑA, ya han sido ‘clavados’ en el lecho marino los pilotes de 35 de las 63 estructuras que tendrá el parque (62 aerogeneradores a razón de tres pilotes cada uno y la subestación eléctrica, apoyada en cuatro pilotes).

También se han montado ya 24 de las 62 jackets, trasladados en barcazas desde Galicia al puerto de Brest durante los últimos meses mediante un espectacular operativo y luego ensambladas en alta mar con ayuda de un colosal –y costosísimo– barco que se iza sobre el mar con ayuda de cuatro patas telescópicas.

La primera jacket se colocó el pasado 2 de junio y, al igual que la subestación eléctrica, su remate fue celebrado por todo lo alto al constituir un hito visible del avance de las obras.

El gigante eólico bretón calza sus pies con acero avilesino

Rafael Vara, el director del proyecto, detalla el planning de obra: "Hemos planteado una ejecución en tres fases, pese a que suelen ser dos en obras de este tipo, por tener que trabajar en un lecho marino de especial complejidad, con una gran heterogeneidad de materiales. La primera fase, concluida en 2021, consistió en colocar pilotes y abrir las zanjas por donde discurrirá el cableado.

La segunda fase, en curso, incluye colocación de pilotes, instalación de jackets y tendido del cableado. Y la tercera, prevista en 2023, prevé el montaje de las últimas jackets, finalizar el cableado y la colocación de los 62 aerogeneradores. A partir de ahí, comenzará la generación de electricidad".

La "heterogénea composición geológica" del lecho marino a la que se refiere Rafael Vara es la razón que ha obligado a la avilesina Windar Renovables a fabricar pilotes de diversas longitudes, concretamente desde 20 a 45 metros. Los más cortos se usan en zonas de suelo rocoso; los más largos, en donde hay arena o fangos. Los pilotes (tres por cada una de las 62 estructuras del parque eólico de Saint-Brieuc) se clavan en el lecho marino previa realización de un hoyo y son sellados con aporte de hormigón para garantizar su inmovilidad.

Todo esto –hoyo, colocación y hormigonado– lo hace un solo barco, de nombre "Aeolus", que trabaja sin descanso 24 horas al día cuando lo permiten las condiciones meteorológicas. Sobre la cabeza de los pilotes clavados en el lecho marino se encajan como si de tratase de un mecano las patas de los jackets con la obligada precisión milimétrica citada al inicio de este artículo.

Y coronando el conjunto van las piezas de transición fabricadas en los talleres de Windar de la ría de Avilés.

El gigante eólico bretón calza sus pies con acero avilesino

El conjunto quedará completado cuando sobre esas mastodónticas estructuras se coloquen los aerogeneradores, de 207 metros de alto, fabricados por Siemens Gamesa y dotados de las últimas tecnologías para hacerlos extremadamente eficaces: palas de 82 metros de longitud que ofrecen un área de barrido un 18 por ciento superior al mejor modelo anterior y una capacidad aumentada en un 20 por ciento de producción anual de energía.

Cada turbina tiene 8 megavatios de potencia y el conjunto de los 62 ocupará una superficie marina de 75 kilómetros cuadrados.

El "corazón" del parque eólico será la subestación diseñada para recibir mediante cables enterrados en el fondo marino la electricidad que produzcan los 62 aerogeneradores.

Un tendido de 225 kilómetros de cable formará la red que permitirá recoger cada kilovatio generado por el viento marino, transformarlo en electricidad de alta tensión a 66 kilovoltios, llevar esa producción de energía al continente y desde la subestación de Doberie incorporar esa electricidad a la red general francesa de la compañía EDF.

El gigante eólico bretón calza sus pies con acero avilesino

El jefe técnico francés de Iberdrola Raphael Dufeau y la ingeniera Mónica Sánchez, cuya familia es oriunda del concejo asturiano de Colunga, aseguran que la producción eléctrica prevista en el parque eólico marino de Saint-Brieuc elevará del 14 al 23 por ciento la capacidad de autogeneración de energía en la región de Bretaña.

O visto de otra manera, surtirá luz (1.820 gigavatios-hora al año) para abastecer las necesidades de 835.000 personas, el doble de las que viven en la provincia de León. Y con el añadido de que será energía "verde".

El gigante eólico bretón calza sus pies con acero avilesino

La compañía Iberdrola, impulsora de este parque eólico, el mayor de los construidos hasta la fecha en aguas de Francia, destaca el "efecto arrastre" que su inversión de 2.400 millones de euros ha tenido en la economía local y en la española. "El proyecto ha dado continuidad al empleo de Navantia y Windar en sus respectivas instalaciones, ya que supuso la generación de 1.250 empleos directos en Avilés y Fene.

Además, Navantia y Windar han abierto una planta en Brest generando 250 empleos más", explica un portavoz de la multinacional. A eso debe añadirse carga de trabajo para la empresa vasca Haizea Wind (fabricante de las torres) y para el astillero vasco Balenciaga (constructor de los barcos que dan soporte técnico al parque).

En términos globales, incluyendo tanto este parque como otros proyectos, Iberdrola ha facturado a proveedores españoles por valor de 1.536 millones de euros en los ocho primeros meses de este año. Solo en Asturias fueron 105 millones el pasado ejercicio.

Se calcula que la transición energética en la que se ha embarcado Iberdrola con ayuda de empresas asturianas como Windar permitirá el ahorro de 5.500 millones de metros cúbicos de gas a partir del año 2030; pero para que eso sea posible todo empieza con la exigencia de ensamblar piezas mastodónticas de acero con precisión milimétrica.

Bretaña, una región altamente concienciada con la descarbonización

El guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo ubicaron la irreductible aldea gala de su famoso héroe de cómic Astérix en Bretaña y presentaron la misma a los lectores como una isla ajena a la Francia dominada por el invasor romano. Algo parecido pasa en la actualidad en términos energéticos: Bretaña es de las pocas, sino la única, región de Francia que carece de una central nuclear como fuente de abastecimiento energético.

"Los bretones tienen una sólida conciencia de conservación ambiental y han rechazado de forma sistemática la nuclearización de su territorio", explica uno de los empleados franceses de Iberdrola, bretón para más señas.

La decidida apuesta de la región por las energías más limpias tiene un precio: el déficit de generación eléctrica y, por consiguiente, la dependencia de suministros foráneos. En un tiempo de creciente demanda de electricidad y encarecimiento de la misma Bretaña se enfrenta a un serio problema de colapso de su sistema eléctrico, los temidos "apagones" son una realidad esporádica en este ámbito cuya costa y paisaje difiere bien poco de Asturias, a la que está unida por el Arco Atlántico y la cultura celta.

Es por todo lo anterior que el proyecto de construcción de un parque eólico marino que inyectará electricidad a Bretaña elevando su cuota de autogeneración del 14 al 23 por ciento se ve con buenos ojos en la región, excepto entre la comunidad pesquera, que teme ser la parte damnificada por los molinos colocados en el mar.

Entre tanto comienza la fase de explotación comercial de la luz generada por el viento marino, los bretones evidencian una sensibilidad de ahorro energético rayana en la paranoia: los alumbrados públicos se apagan por completo a las 22.00 horas y no se vuelven a encender hasta las 6.00 de la madrugada, cuando los primeros trabajadores se dirigen a sus tajos. También es cierto que las costumbres francesas de ocio noctámbulo tienen que ver bien poco con las españolas. La noche en Bretaña es negra como el azabache.

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