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Piratas informáticos estafan 2.886 euros a una avilesina que se encontraba de Erasmus

La entidad financiera deberá revertir la cantidad a su clienta, que creía que renovaba su tarjeta y facilitó una clave sin que la firma le alertase de falsas compras en Ucrania, Lituania y Holanda

Ilustración de varias personas con ahorros y una tarjeta

Una entidad financiera ha sido condenada a devolver a una avilesina 2.886 euros, además de los intereses, por una estafa en compras con la tarjeta de prepago a una joven avilesina que se encontraba cursando el Erasmus en Italia. Se trata de un caso conocido como "phishing", en el que los estafadores suplantan la identidad del banco. Todo, los mensajes que recibe la víctima y la página web a la que la remiten, son idénticas a la de la entidad financiera real.

Según la sentencia, la entidad actuó con negligencia al permitir que se realizaran tres compras con cargo a dicha tarjeta en Ucrania, Lituania y Holanda, sin advertir a la joven de estas operaciones. Además, el magistrado indica en su fallo que, en el caso de los dos primeros países, es un "hecho notorio" que "las operaciones no revisten las medidas de seguridad y son operaciones habituales fraudulentas".

"Quiero contar mi caso para que no le vuelva a pasar a nadie más y que si ocurre, quiero alentar a quien lo sufra para que lo denuncie, aunque el banco te diga que no tienes nada que hacer y que es responsabilidad tuya", afirma la joven estudiante que reclama anonimato.

Los hechos ocurrieron en octubre de 2021. Recién llegada a Italia para cursar el Erasmus, recibió un mensaje en el móvil indicándole que su tarjeta de prepago caducaba en unos días, y que tenía que facilitar los datos para realizar la renovación. "Antes de responder, comprobé si era así, y efectivamente, me iba a caducar. Todos los datos que aparecían en el mensaje eran reales".

La joven fue siguiendo los pasos que se le indicaban, entrando incluso en una página web que era idéntica a la de la entidad financiera. Según la sentencia, el sistema de seguridad funcionó correctamente, pero el fallo se produjo cuando recibió una petición para autorizar con cargo a la tarjeta de su clienta tres compras seguidas en Ucrania, Lituania y Holanda, y envió al móvil de la joven un código de seguridad, pero sin indicar que era para realizar esas operaciones. Así que la estudiante facilitó dicho código a los estafadores confiando en que en realidad se lo enviaba su entidad bancaria para renovar la tarjeta.

El abogado de la joven avilesina, Josemaría Federico Pérez Panizo, afirmó que "la entidad financiera podía haber detectado el fraude no solo por los países desde los que se operaba, sino porque además la IP de la página web que utilizaron los estafadores era de Marruecos".

La sentencia, del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 7 de Avilés, indica que "de haber tenido mayor diligencia la entidad demandada se hubiera evitado el fraude, o por lo menos la clienta hubiera sabido de manera concluyente que estaba realizando una serie de compras en Lituania, Ucrania y Holanda que le hubieran llevado a darse cuenta del fraude, o de no hacerlo, ya sí estaría eximida la demandada del fraude".

Indica el magistrado, además, que "el método fraudulento empleado es de tal complejidad y grado de perfección, difícilmente detectable por un cliente", y que sería "preciso ser un experto en la materia para poder detectar que la comunicación obedecía a una estafa o fraude".

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