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Victoria Carbajal Coordinadora del centro de crisis para víctimas de agresiones sexuales

"La culpa siempre es del agresor sexual: cuando una mujer dice ‘no’, es que ‘no’"

"Haber llegado nosotras a entender que la agresión sexual no es solo que te violen en un descampado, convencer a la sociedad de eso y que haya una ley supone un triunfo enorme"

Victoria Carbajal, durante la entrevista. María Fuentes

La avilesina Victoria Carbajal es la coordinadora del centro de crisis para víctimas de agresiones sexuales en Asturias, pionero en España y ejemplo a seguir ahora por otras comunidades autónomas, ya que la Ley de garantía integral de la libertad sexual prevé la creación de estos centros en todas las comunidades autónomas. Integrado por profesionales de la abogacía y de la psicología, este servicio es público y gratuito. Su peculiaridad y los buenos resultados obtenidos hasta ahora han trascendido fronteras y Victoria Carbajal ya ha mantenido un encuentro de asesoramiento con especialistas de Praga, la capital de la República Checa.

–Cumplieron años el 25N, una fecha clave en la lucha contra la violencia machista.

–La violencia sexual es violencia machista. Y en casi todas las relaciones en las que hay maltrato hay agresión sexual, suele ir aparejada. Lo que pasa es que las mujeres no lo verbalizan, porque no es fácil contarlo. Por eso da tanta rabia que una vez que dan un paso tan difícil y tienen el valor de hacerlo se las juzgue y se las ponga en el candelero.

–¿Hay un perfil definido de un agresor sexual?

–No, salvo que es hombre y no tiene otra educación diferente a la patriarcal. Por eso la educación en igualdad y en materia afectivo-sexual es fundamental. Los y las adolescentes aprenden a través de la pornografía, y al no tener una educación que les permita discernir que aquello que están viendo en la pantalla es pura ficción van a pensar que con sus compañeras o amigas van a poder hacer lo mismo que han visto en la pantalla.

–Hay una parte de la sociedad reacia a que se imparta educación sobre sexualidad.

–No entiendo por qué se es tan reacio a esa educación desde la edad infantil, desde Primaria. No le encuentro ningún "pero", porque a lo mejor si lo hiciésemos así cuando llegasen a adultos tendrían una vida sexual normal y funcional y no tendrían que buscar agredir para tenerla. Ven a las mujeres en la pantalla sumisas, que parece que están diciendo que no, pero que es que sí, y creen que luego en la realidad es así. La educación es básica.

–Las últimas críticas apuntaban a que se anima a mantener relaciones sexuales a edades muy prematuras.

–No se anima a nada, se educa. El hecho de que haya una ley del divorcio y una del aborto y que se expliquen no quiere decir que se anime a la gente a divorciarse o a abortar. Por favor. Es una constatación de la realidad para que entiendan y sepan que la pornografía no es realidad.

–¿Qué sintió cuando se produjo la violación grupal de "la manada"?

–Muchísima impotencia, porque sabes el trauma por el que ha pasado esa mujer, el shock en el que se encuentra, el trauma que ha vivido, y ver cómo algunos medios de comunicación tratan a esa víctima, cómo la gente se manifiesta en defensa de los agresores diciendo que son maravillosos y estupendos, y que todo el mundo se dedique a pensar y a preguntarse qué hacía aquella chica sola, por qué había bebido, por qué entró con ellos en el portal… O sea que se juzgue a la víctima, que no se la crea y que se defienda a los agresores, hace sentir una impotencia enorme de no poder salir a la palestra y explicar a toda la sociedad que hasta que no mostremos repulsa unánime hacia los agresores, esto no va a cambiar. Se tardó mucho en dar la vuelta a esa situación y la víctima lo pagó con creces.

–La Ley del "solo sí es sí" ha nacido con agresores sexuales en la calle.

–El decreto de la Fiscalía General del Estado parece que pone un poquitín de orden hasta que se vaya solucionando, indicando al Ministerio Fiscal la forma de actuar en estos casos cuando se pidan revisiones de condena.

–Pero la realidad es que salieron de prisión varios agresores y hay más solicitudes.

–Hay que analizar cada caso concreto y hacer una lectura de hechos probados antes de modificar las penas. No se puede proceder a una revisión de forma automática, que parece que es lo que se estaba haciendo. Con este decreto, desde Fiscalía se deberá analizar en qué casos se tienen que oponer porque no procede esa revisión y en los casos en los que proceda, analizarlo muy bien porque es cierto que hay retroactividad en la ley penal para aplicar la forma más favorable para el reo.

–Lo que se ha hecho es aplicar la ley, dicen desde la judicatura.

–Al desaparecer el delito de abuso sexual y ser todo agresión sexual, las penas mínimas se han tenido que bajar forzosamente porque no se puede penar igual un tipo de agresión que otra. Lo que ocurre es que, si los hechos probados son de suficiente entidad como para mantener la pena que se dictó en su momento, no se debe rebajar. Los jueces interpretan y aplican la ley, pero también hay que tener en cuenta lo que hagan las partes. Si la defensa insta una revisión de la condena del condenado a la baja, y enfrente no se opone nadie, ni el Ministerio Fiscal ni la acusación particular, el juez se ve obligado a realizar esa revisión. Por eso no se puede generalizar, porque es muy peligroso.

–¿Está de acuerdo en que, como dijo la ministra Montero, el problema es la falta de formación en la judicatura?

–Si me lo permite, no me puedo pronunciar sobre eso. Pero sí diré que la ley contempla la formación de la totalidad de operadores jurídicos. Es importante que se sepa que se llama Ley orgánica de garantía integral de la libertad sexual. Garantía integral, recalco, y solo nos hemos enfocado en unos artículos del Código Penal, cuando tiene muchas más cosas importantísimas.

–¿Por ejemplo?

–Además de la formación, la obligatoriedad para todos los territorios del Estado de la creación de centros de crisis y la formación de su personal, los derechos para las mujeres víctimas de agresiones sexuales, muy parecidos a los de las víctimas de violencia de género, como el de asistencia jurídica gratuita y el de acceso a la vivienda con carácter prioritario. También es muy importante que el profesional forense tenga que acudir a la extracción de muestras incluso cuando no haya denuncia, que antes no se hacía y si posteriormente la mujer se decidía a denunciar se había perdido toda la prueba que se hubiera podido recoger en ese momento.

–Pero la ley tiene carencias.

–Puede tener alguna, como prácticamente todas las leyes, y que podría haber tenido una redacción mejor, seguro, pero no conozco ninguna ley que no pudiera tener una redacción mejor. Pero a lo que voy es a la parte buena de la ley que es una protección increíble para todas las mujeres víctimas de agresiones sexuales, pone por encima de todo el consentimiento, que es básico y fundamental. Y que todo es agresión sexual, no abuso, para que no haya reticencias a la hora de aplicar la ley.

–Ustedes tratan en el Centro también a niñas y adolescentes que sufren agresiones sexuales.

–Sí, y no solo tratamos agresiones recientes, sino también pasadas. Tenemos mujeres de 40, 50 años, que vienen por haberlas sufrido en su infancia. La sociedad debe pensar qué trauma tan enorme puede causar una agresión sexual en la infancia para que busques ayuda cuando han pasado 20 o 30 años. Buscas apoyo porque te sigue destrozando la vida. Eso es porque no se ha recibido el apoyo en el momento adecuado. Por eso atendemos a partir de los 12 años. A las niñas que reciben apoyo según han sufrido esa agresión somos capaces de ayudarlas para que lo superen y que de adultas tengan una sexualidad normal y funcional.

–Acaban de condenar a un abuelo por agredir a su nieto, pero es que el 90% de las agresiones sexuales son de familiares o conocidos. ¿Cómo es posible?

–Es la consecuencia de la impunidad, de esa educación patriarcal y de la vergüenza. Antes todo se tapaba y eso les hacía pensar, y todavía muchos lo piensan, que pueden actuar con total impunidad. ¿Quién se atrevía a denunciar al padre, al abuelo, al tío, al primo, al hermano…?

–¿Quizás ha llegado el momento de centrar el foco en los agresores?

–El foco siempre hay que ponerlo en el agresor y educar a los hombres para que no agredan, y que cuando una mujer dice "no" es que no. Y no vale buscar justificaciones. La culpa siempre, siempre, siempre es del agresor.

–¿Qué papel juegan las familias en esa educación?

–Es fundamental que se enseñe también en casa, donde hay que crear un ambiente de suficiente confianza para que los hijos e hijas puedan preguntar y que se les expliquen las cosas. Y si tienes un hijo varón, hay que explicarle que no es más hombre por tratar de acostarse con más mujeres.

–¿Qué le parecen los piropos?

–¿De dónde han sacado que a cualquier mujer le gustan los piropos? Pues de la educación patriarcal que han recibido, que les hace pensar que a las mujeres les gusta que les digan cosas y que las toquen, que así se sienten halagadas. El primer éxito ha sido que nosotras mismas nos hayamos dado cuenta de que no tenemos por qué soportar que vayas en un transporte público y un hombre aproveche para tocarte, pero eso hasta hace muy poco ni lo pensábamos. Llegar nosotras a entender que la agresión sexual no es solo que te violen en un descampado, convencer a la sociedad y que haya una ley, es un triunfo enorme.

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