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Avilés tiene música para rato

La enseñanza musical, con el Conservatorio como mascarón de proa, vive un auge sin precedentes en la ciudad en paralelo a la proliferación de coros y grupos de nuevo cuño

El plantel de profesores de «La casa de la música». Miki López

El apelativo de "los músicos" que se daba a los avilesinos hace un siglo a modo de reconocimiento de su gran afición por la música –ya fuese escucharla o hacerla– cobra de nuevo actualidad con una proliferación sin precedentes de ofertas musicales, pero especialmente de academias donde aprender a tocar o cantar. Hasta ocho escuelas privadas –amén de los profesores particulares que dan clases en sus domicilios u "on line"– compiten en un mercado que se amplía cada año y que cohabita con el conservatorio municipal, el "Julián Orbón", donde se imparten enseñanzas regladas de grado superior, además de cursos de iniciación a la música a cortas edades.

Resultado de todo esto es que a los 220 alumnos inscritos este curso en el Conservatorio se añaden no menos de otros 600 que dan sus primeros pasos en la música o perfeccionan sus dotes como instrumentistas en ámbitos docentes más flexibles que la escuela municipal. Un furor que tiene correspondencia con la proliferación de grupos musicales de todos los estilos, la continuidad tanto de la Banda de Música como de las arraigadas formaciones corales avilesinas y un crecimiento exponencial de las actividades culturales que lo mismo tienen como protagonista al jazz que las habaneras, la música celta o la clásica; la oferta es de lo más plural.

Alumnos y profesores de «La fábrica de músicos».

El director del Conservatorio, Carlos Galán, formado como pianista en Avilés, se congratula por el buen momento de la música en la ciudad y busca como posible explicación a este fenómeno la "accesibilidad" de la misma. "Ahora la música entra muy pronto en nuestras vidas gracias a que la tecnología la pone a nuestro alcance, ya sea como juego o entretenimiento, a muy temprana edad. Está presente en las escuelas y las técnicas de enseñanza han evolucionado haciéndose mejores y más eficaces. Gracias a ese caldo de cultivo podríamos decir que existe una predisposición favorable al aprendizaje y a la escucha musical", reflexiona el director del "Julián Orbón".

Esto que relata Galán no explica, sin embargo, el por qué Avilés sobresale en términos medios como cantera musical. El pianista le da otra vuelta de tuerca: "En Avilés hay un rica herencia musical, abuelos y padres que han sido músicos o han tenido sensibilidad musical en una ciudad que siempre mantuvo una gran oferta cultural animan a sus hijos a tocar un instrumento o, sencillamente, a cultivarse musicalmente. En el Conservatorio, de hecho, es muy frecuente esto de encontrarte con segundas generaciones de músicos".

Fran Carreño en funciones de director de coro al aire libre.

Fran Carreño, director de dos coros, expropietario de la academia musical "Difussion" y maestro de músicos, suscribe gran parte del discurso de Carlos Galán puesto a buscar explicaciones al "boom" de la afición por la música en Avilés: "Esto viene de muy antiguo: bisabuelos, abuelos, aquellos años de los cantarinos de chigre, las habaneras; la danza prima, tan arraigada en el acervo cultural avilesino... La música es parte de la historia de la ciudad y lo que hoy se recoge son los frutos de muchos años de pasión y trabajo en ese ámbito".

Carreño destaca que "siendo como es Avilés una ciudad-pueblo –es decir, de tamaño medio– es asombrosa la oferta musical que concentra: coros, jazz, folk, étnica, expresiones modernas..." A juicio de este veterano músico que enseñó técnica musical a decenas de personas, "lo que tenemos que hacer con la herencia musical recibida es cuidarla y alimentarla para que siga proporcionando satisfacciones muchas décadas".

Alumnos y profesores de la Fundación Musica Moderna.

Ambos "maestros", Galán y Carreño, dan suma importancia a la aportación de la música en el desarrollo de una persona, más aún si se trata de un menor. "Ayuda a la gestión emocional, favorece la expresión de los sentimientos, aporta espíritu de sacrificio y tenacidad y, por supuesto, genera el goce de su disfrute, ya sea el propio o el de los oyentes", opina Fran Carreño. "La música aporta paz y felicidad, es una válvula evasiva; en algunos casos también un reto, como le ocurre a algunas personas que al jubilarse se apuntan a clases para cumplir el sueño pendiente de tocar un instrumento", apunta Carlos Galán.

También veterano en las lides educativas –27 años dan solera a su proyecto–, el director de la Fundación Música Moderna (FMM), Gonzalo Casielles, fundamenta el auge de la enseñanza musical en la "gran inquietud de los avilesinos" por esa expresión artística, lo que da lugar a la existencia de "una gran demanda". La amplitud del escaparate de la oferta, ya sea pedagógica o de ocio, sería la consecuencia de ese "rasgo identitario de los avilesinos".

Por la FMM, que fue el primer centro de Avilés que ofertó clases de música moderna, han pasado alumnos que hoy son profesores y docentes que hoy se han independizado y tienen academias propias. La competencia se ha extremado, pero aquel proyecto rompedor que apadrinó en 1995 el insigne músico Gonzalo Casielles (padre) sigue marcando pauta y entre sus objetivos figura un ambicioso plan para que las diferentes especialidades instrumentales de la música moderna alcancen en Asturias el reconocimiento de otras disciplinas regladas (títulos incluidos), algo que ya es una realidad a pequeña escala en otras comunidades como el País Vasco o Madrid.

Olaya Esteban, Pilar Vázquez y Bárbara Fuentes en la academia musical «Los Adioses».

Con diez años de trayectoria y más de 120 alumnos matriculados, la escuela musical "Los Adioses" explora un modelo de enseñanza que Olaya Esteban, la directora, inscribe "en el hueco existente entre la enseñanza reglada y la tradicional". El plantel docente el centro lo forman "músicos que son profesores o, según se mire, profesores que son músicos". Esto, a juicio de Esteban, "es un plus, porque no necesariamente un buen músico ha de ser un buen maestro". En "Los Adioses" intentan que aprender música sea "divertido" y han abierto tanto el catálogo de clases que lo mismo inician a bebés de seis meses que a octogenarios. "Hasta familias enteras tenemos en el alumnado", subraya la directora.

Olaya Esteban, consciente de la expansión que tiene en Avilés la enseñanza musical y la oportunidad que este sector brinda para situar a la ciudad en el mapa cultural asturiano, lanzó a comienzos de este curso una campaña bajo el lema "100% legal". Se trata, en boca de la promotora de la idea, de "dignificar y sanear el oficio de la enseñanza de la música no reglada, de modo que todos compitamos en un mercado saneado y justo". Esteban es crítica con prácticas "censurables" para el conjunto del sector como "tirar los precios o precarizar el empleo", en el convencimiento de que por ese camino "se adultera el mercado, se conculcan los derechos laborales y se pone en tela de juicio la dignidad de la profesión".

Suren Kachatrian dando clase de violín a una alumna en el Conservatorio.

Siguen al pie del cañón los "clásicos" de la enseñanza musical en Avilés, pero en paralelo irrumpen nuevas ofertas. Uno de los últimos incorporados al sector de la enseñanza musical en Avilés es Jorge Villaboy, miembro del grupo "Morrigans" y "loco por la música" en todas sus facetas –escucharla, tocarla, enseñar a hacerla– desde la adolescencia. Tras unos años dando clases particulares, este curso Villaboy ha abierto con otros músicos de profesión "La casa de la música", una academia que imparte enseñanzas de guitarra (acústica, española, eléctrica), piano, batería, bajo y voz.

"Hemos empezado con 140 alumnos y algunos más en lista de espera, el 95 por ciento de la capacidad prevista. Ha sido una buena acogida al proyecto y estamos muy contentos", asegura Villaboy, que entre su alumnado tiene a personas de fuera de Asturias que siguen las clases "on line".

"Algo se ha debido hacer bien en Avilés para que seamos una referencia musical en Asturias. No sé exactamente por qué, pero hemos logrado tener pegada, resucitar aquello de ‘Avilés, la ciudad de los músicos’. Lo que debemos es cuidar este fenómeno para que continúe, y eso creo que pasa por tener buen profesorado en los centros educativos y una amplia programación musical para todos tipos de público", manifiesta el músico ahora metido a empresario.

También debutó este curso como oferta educativa de música la academia "La fábrica de músicos", un proyecto que lidera Rubén Álvarez, especialmente conocido por su faceta como guitarrista sobre los escenarios. Con cerca de 300 alumnos, la "fábrica" dio el salto al ruedo de la enseñanza por el convencimiento de sus promotores de que "por manido que parezca el tópico, Avilés es una cantera inagotable de músicos, hay mucha hambre de música". Rubén Álvarez confiesa que cuando esbozaron el proyecto, "una de las variables que menos nos sugestionó fue la de pensar si tendríamos alumnos, eso lo dábamos casi por sentado".

La teoría de este músico sobre la efervescencia musical de Avilés es su carácter de ciudad portuaria, y como tal "su apertura de miras, su querencia para la fusión y la aceptación del mestizaje como expresión cultural". Avilés es, en palabras de Rubén Álvarez y salvando las distancias, "como un pequeño Liverpool".

Sea como fuere y si bien nadie da con la tecla que explica la razón de la edad dorada que vive la formación musical en el municipio, lo cierto es que la música en Avilés tiene cuerda para rato.

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