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"Todos tenemos un Judas en nuestra vida"

"Alejémonos de aquello que divide y enfrenta", pide el párroco de San Nicolás en la procesión del Beso de Judas

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Amaya P. Gión

Amaya P. Gión

Avilés

"Todavía estaba hablando Jesús cuando Judas, uno de los doce discípulos, llegó acompañado de mucha gente armada con espadas y con palos. Iban de parte de los jefes de los sacerdotes, de los maestros de la ley y de los ancianos. Judas, el traidor, les había dado una contraseña, diciéndoles: ‘Al que yo bese, ese es; arréstenlo y llévenselo bien sujeto’. Así que se acercó a Jesús y le dijo: ‘¡Maestro!. Y lo besó. Entonces le echaron mano a Jesús y lo arrestaron".

Tras estas palabras del Evangelio de San Marcos pronunciadas por Alfonso López, párroco de San Nicolás de Bari, comenzó la sexta y más joven de las procesiones de la Semana Santa avilesina, la que protagoniza la Hermandad del Beso de Judas. Esta estación de penitencia representa un momento cumbre de la Pasión del Señor, su traición a manos de uno de sus discípulos, Judas, en el huerto de Getsemaní.

"Todos tenemos un Judas en nuestra vida (...) Pensemos en nuestras traiciones, en nuestras deslealtades. ¿Por qué tienen que pagar los platos rotos de mi vida los demás? Alejémonos de aquello que divide y enfrenta, que no hace más que generar guerra", se dirigió Alfonso López a las decenas de fieles, y también curiosos, que aguardaban en la mañana de Jueves Santo la partida de la comitiva en la plaza de Domingo Álvarez Acebal.

En el trasfondo de esta estación de penitencia está el reconocimiento del pecado de los cristianos que, como Judas, dan la espalda a Cristo apartándose de su camino. "Él, en su momento, por un puñado de monedas y nosotros, hoy en día, por la comodidad, el dejarnos llevar, el dinero y la sociedad consumista", defiende la más joven de las cofradías avilesinas, impulsada en 2008 por un grupo de jóvenes cristianos vinculados a la parroquia de la villa. Hoy la forman ya unos 80 cofrades, cuyo hábito está compuesto por una túnica blanca, y capa, verdugo, fajín y guantes negros y sandalias negras (quienes no se deciden a procesionar descalzos). Los cofrades portan una vara de la que cuelga en su parte superior un saco con monedas, representando el botín el botín obtenido por Judas a cambio de la traición.

La mañana soleada hizo brillar sobremanera la procesión por el centro de la villa, con las terrazas de bote en bote entre los que aún desayunaban y quienes disfrutaban del vermú en el primer día festivo de la Semana de la Pasión.

"¡Qué ternurita, por Dios!", comentaba una mujer con la vista clavada en las cofrades más jóvenes, las primeras de una comitiva que recorrió Álvarez Acebal, San Francisco, Plaza de España, La Ferrería, La Muralla, La Cámara y de nuevo plaza de España para regresar al punto de partida, el mismo donde horas después dio comienzo la Procesión del Silencio, la de los "sanjuaninos".

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