Un idilio ultramarino iniciado a los pies de la tumba de Pedro Menéndez
El inicio de la relación de amistad entre Avilés y San Agustín de la Florida, de la que el próximo año se cumple un siglo, supuso en 1924 un acontecimiento diplomático de primer nivel en el reinado de Alfonso XIII

Avilés engalanada en 1924 para recibir a la delegación estadounidense desplazada a la ciudad. / RICARDO SOLIS
Las hasta entonces cordiales relaciones de España con Estados Unidas quedaron maltrechas en 1898 con la Guerra de Cuba como telón de fondo. Episodios como la voladura del acorazado "Maine" en el puerto de La Habana, el posterior boicot a la presencia de España en sus antiguas colonias o la imposición de la "doctrina Monroe" –la proyección de una visión negativa sobre todo lo español– en todos los órdenes de la vida estadounidense alentaron un sentimiento de enfrentamiento y resentimiento ente ambas naciones.
Las relaciones hispano-estadounidenses comenzaron a recomponerse en 1924 y quizás el primer símbolo visual de ese nuevo capítulo de la historia se vio en la calle La Cámara de Avilés (entonces calle José Manuel Pedregal). Lo cuenta el licenciado en Historia e investigador Román Antonio Álvarez en un texto escrito acerca de la importancia del hermanamiento de Avilés y San Agustín de la Florida en el que glosa cómo se desarrolló el 9 de agosto de 1924 el traslado de los restos mortales de Pedro Menéndez desde la iglesia de San Nicolás a la de Santo Tomás de Cantorbery: "Todos los comercios de la calle José Manuel Pedregal habían cerrado y los edificios lucían en los balcones colgaduras y banderas norteamericanas y españolas entrelazadas". Las banderas que durante 26 años se daban la espalda volvían a convivir juntas en un mástil. Y eso ocurrió en Avilés, con Pedro Menéndez de cuerpo presente.
Aquel día comenzaron de agosto de 1924 comenzaron las relaciones de hermandad entre Avilés, cuna de Pedro Menéndez, y San Agustín de la Florida, la ciudad que fundó el marino el 28 de agosto de 1565, considera hoy en día la primera de la nación conocida como Estados Unidos. Pero aquel día, en este pueblo asturiano, también empezó la recomposición de las relaciones internacionales de España y Estados Unidos rotas en 1898.
La diplomacia norteamericana confió al entonces embajador en España, Alexandre Pollock Moore, que encabezase, por mandato expreso del presidente, Calvin Coolidge, una representación de alto nivel del Gobierno federal que incluía al agregado militar de la embajada, el senador Abram Morris Taylor, el alto cargo del periódico "The New York Times" Louis Wiley y las más altas personalidades del estado de Florida (a excepción del gobernador, Cay A. Hardee) y de la ciudad de San Agustín. Por parte española el general Álvarez del Manzano representó al jefe del Estado, el rey Alfonso XIII, y de ahí para abajo, responsables del Gobierno de España, de Avilés, de las Fuerzas Armadas, de la sociedad civil y del clero.
No obstante su ausencia en Avilés, Alfonso XIII –que esos días se hallaba en Santander con la reina Victoria Eugenia– quiso recibir a los delegados estadounidenses y rendirles honores a alto nivel, cosa que, efectivamente, se hizo el 11 de agosto en el Palacio Real de La Magdalena. Esa fue la importancia que dieron los estados español y estadounidense a la "cumbre" de naciones desarrollada en Avilés con la excusa de exhumar los restos de Pedro Menéndez en la iglesia de San Nicolás y trasladarlos a la de Santo Tomás de Cantorbery con honores militares, gran expectación popular y despliegue diplomático de alto nivel.

A la izquierda, una foto de archivo donde la cronista de Avilés, Pepa Sanz, comenta un retrato de Pedro Menéndez con Tracy Upchurch, en aquel momento alcalde de San Agustín; a la derecha la actual alcaldesa de la ciudad estadounidense, Nancy Sikes-Kline, y su homóloga local, Mariví Monteserín. | R. S. / M. V.
Otro pasaje de aquella jornada habla a las claras de la trascendencia internacional de lo que en Avilés se estaba viviendo. Nuevamente lo cuenta Román Antonio Álvarez haciéndose eco de las crónicas de la época: "El presbítero avilesino José Fernández Menéndez glosa los méritos del Adelantado y hace votos para que las diferencias pasadas entre ambas naciones sean superadas definitivamente y los lazos que unen a los dos pueblos triunfen en el futuro".
Al menos en el caso de Avilés y San Agustín, las palabras del sacerdote fueron premonitorias: desde aquel 9 de agosto de 1924 a hoy ambas ciudades mantienen un idilio fraternal a 6.653 kilómetros de distancia y con motivo del cumplirse cien años el próximo año se esa fecha tan señalada ambas poblaciones quieren celebrar la efeméride como corresponde e impulsar aún más el hermanamiento que se hizo oficial –es decir, institucional– en los años 1961 en el caso de Avilés (en un Pleno a propuesta del entonces alcalde, Francisco Orejas Sierra) y 1967 en San Agustín (a propuesta del alcalde James S. Lindsley). Esta misma semana se produjo en Avilés la constitución del comité que trabajará para dar forma a los actos de celebración del Centenario; lo preside la concejala de Cultura, Yolanda Alonso.

Avilés engalanada en 1924 para recibir a la comitiva estadounidense desplazada a la ciudad.
Al margen de que no fuese hasta la década de los años 60 del pasado siglo cuando Avilés y San Agustín pusieron por escrito las bases de su hermanamiento, con anterioridad no habían faltado los gestos fraternales. Los que siguen son algunos de los hitos de la relación de amistad, según la recopilación que hace Román Antonio Álvarez, una de las personas que más ha trabajado para documentar la historia que llevan escribiendo a medias Avilés y San Agustín desde que Pedro Menéndez puso los pies en la costa de Florida.
El muy observador John Batterson Stetson, quien había trabajado con anterioridad a 1924 para allanar el camino al restablecimiento de relaciones entre España y Estados Unidos sobre la base, entre otras, del papel "civilizador" de España en Florida, se dio cuenta que el ataúd original de Pedro Menéndez se había desechado y para llevarlo a su nuevo mausoleo se usó otro nuevo de cinc. Por eso pidió al Alcalde de Avilés, José Antonio Rodríguez, que se donase para a conservación a San Agustín, deseo que el Regidor concedió. Años más tarde se completó ese ataúd original con el escudo de armas y esas dos piezas –el ataúd y el escudo– son seña de identidad de San Agustín y ocupan un lugar de honor en el museo que la ciudad estadounidense dedica a Pedro Menéndez.
Nuevamente fue Stetson quien en 1927 encargó sendas placas de bronce donde constan los nombres de las personas que formaron la delegación estadounidense que viajó a España en 1924 para asistir al traslado de los restos de Pedro Menéndez. La que se quedó en Avilés está puesta cerca del mausoleo del marino; la otra, en la parte trasera del pedestal de la estatua de Pedro Menéndez en San Agustín.

Un idilio ultramarino iniciado a los pies de la tumba de Pedro Menéndez
No sería hasta 1956 cuando se produjera otro hito notable de las relaciones entre las ciudades hermanadas. Ese año se trasladó el ataúd de Pedro Menéndez desde la iglesia de San Nicolás (a donde había sido llevado en la guerra civil) a la vieja parroquia de la Villa (hoy iglesia de San Antonio). En representación de Estados Unidos acudieron a Avilés el embajador en España, John Davis Lodge y el comandante del buque de guerra "Sparry", que fondeó en el muelle de Avilés. Una compañía de marines de dicho navío desfiló por las calles de Avilés dando escolta a la procesión organizada para el traslado.
En 1965, con motivo del IV Centenario de la fundación de San Agustín, hubo intercambio de presentes y en correspondencia a la visita de una delegación estadounidense a Avilés el alcalde Fernando Suárez del Villar se convirtió en el primer regidor avilesino que viajó a San Agustín. Lo hizo en septiembre de ese año y le acompañó una delegación del Gobierno de España con el ministro Manuel Fraga a la cabeza.
Dos años más tarde, en 1969, se produce el regalo de la réplica de la estatua avilesina de Pedro Menéndez a San Agustín. La pieza se colocó frente al edificio del Alcázar, que había sido habilitado en esas fechas como nueva sede del Ayuntamiento de la ciudad, y se inauguró con gran boato en septiembre de 1972.

Un idilio ultramarino iniciado a los pies de la tumba de Pedro Menéndez
El regalo del ancla del galeón "Nuestra Señora de Atocha" (depositada en el Museo de Anclas de la Peñona (Salinas) en 1995 –con Santiago Rodríguez Vega como alcalde de Avilés– reanuda las relaciones enfriadas con la llegada de la democracia a España. Y desde entonces, los entonces Reyes de España Juan Carlos I y doña Sofía visitaron San Agustín (2001), repitieron los actuales monarcas en 2015, se han editado varias publicaciones bilingües, se confeccionaron murales cerámicos alusivos a la relación fraternal, se envió a San Agustín una réplica del galeón "San Pelayo" y en correspondencia llegó a Avilés el monolito de la Constitución de Cádiz colocado en el parque de Las Meanas y se ha iniciado un programa de intercambio de estudiantes.
A la historia ultramarina de Avilés y San Agustín aún le quedan muchos más capítulos por escribir. Una "historia maravillosa", según la define la alcaldesa de San Agustín, Nancy Sikes-Kline, quien visitó Avilés en las pasadas fiestas de El Bollo y ha mostrado su voluntad de profundizar en la relación de hermandad.
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