Ideas de arte en corcho

Jesús Arrojo reproduce a escala la torre Eiffel o la iglesia vieja de Sabugo con tapones de botellas "que estaba cansado de tirar a la basura"

Jesús María Arrojo García, ante una de sus obras, un molino holandés confeccionado a base de corchos.

Jesús María Arrojo García, ante una de sus obras, un molino holandés confeccionado a base de corchos. / Ricardo Solís

I. García

Jesús María Arrojo García es artesano, concretamente, artesano del corcho. Hace diez años comenzó a reutilizar los tapones de las botellas, de sidra y de vino, "porque estaba cansado de tirarlos a la basura". Comenzó como un juego y desde entonces ha diseñado decenas de estructuras: un molino holandés, una torre Eiffel, hórreos e incluso una reproducción a escala de la iglesia vieja de Sabugo, el barrio en el que está ubicado su negocio, el bar El Raitán. Su local es su museo y su espacio artesano. Ayudado de un cúter y cola, corta, moldea y da una nueva vida a los corchos, como se puede admirar ya desde la fachada del local, donde luce el puente de Cangas de Onís y un belén en el que destacan los tres Reyes Magos además de la citada iglesia vieja de Sabugo. "Te vas picando poco a poco y ves que queda guapo y sigues", apunta el hostelero aficionado al arte con corchos.

Ideas de arte en corcho

Ideas de arte en corcho / I. García

Utiliza los "tiempos muertos" de su trabajo detrás de la barra para confeccionar e idear nuevas estructuras. Emplea, sobre todo, corchos de sidra, aunque también utiliza sintéticos de vino, especialmente, a la hora de dar color a sus obras con piezas de color azul o verde, entre otros. Por ejemplo, los lagos y ríos están hechos a partir de corchos azules. "No hay ningún tipo de pintura", apostilla.

Así, ha creado la casita de chocolate con Hansel y Gretel, un molino holandés que tiene incluso un cajón que puede ser utilizado como joyero y otros compartimentos que le dan utilidad a sus originales creaciones.

La paciencia es una de las virtudes de Arrojo. Es más, cada rueda de la carreta isabelina inglesa que luce en la barra le llevó cuatro días de intensa labor. "Esto ya es un vicio, también hago encargos y ya vendí un salón del Oeste", detalla antes de invitar a subir al primer piso de su local donde guarda otras de sus creaciones a base de corcho.

"Esta afición tiene un punto tranquilizante y, para ser honesto conmigo mismo, no esperaba tener este talento", remata este artesano que para sus creaciones huye de planos. Como ejemplo, en la confección de la iglesia vieja de Sabugo comenzó con la puerta y a raíz de ahí comenzó a pegar y modelar el resto del templo que pese a carecer de guías previas está hecho a escala.

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