En un lugar de La Mancha…

Los jugadores del Real Avilés celebran uno de los goles logrados el domingo.

Los jugadores del Real Avilés celebran uno de los goles logrados el domingo. / Mara Villamuza

Jorge Valverde

Jorge Valverde

… de cuyo nombre esperemos no olvidarnos, compite un equipo de los de defensa en candelero, media trastocada y ataque poco mordedor. Así se ha mostrado el Real Avilés Industrial de los últimos tiempos y, ahora, en el intento de salir del laberinto en el que se ha metido, regresa al sur de la Meseta, con nuevo lancero y 18 sanchos a disposición.

La relación futbolística de Avilés con su destino de hoy, no ya de la capital, sino de la provincia ciudadrealeña, es exigua. Respecto al desaparecido Real Avilés, no pasó del intercambio indirecto de un puñado de jugadores entre las décadas de los 50, 60 y 70 (Antonio Arias, Antonio Corrales, Pedro Argos, Carlos Vaquero, Nice García…), mientras que la experiencia del Ensidesa fue cruzarse una vez con otro que pasó a mejor vida, el Calvo Sotelo puertollanense, en la Segunda División 1975-1976.

En cuanto al Real Avilés Industrial, que solo tuvo un jugador natural de aquellas tierras (Benito García, justo en las dos campañas "segundadivisionarias"), son 21 años los que lleva sin pisar suelo manchego. El recuerdo de la última vez es tan agradable que allí logró su único título estrictamente nacional, la Copa Federación, certificado el 17 de abril de 2003, en Tomelloso, con el gol del argentino Luis "Pilo" Tonelotto. Dentro de los límites de la provincia de Ciudad Real, los blanquiazules contendieron cuatro veces más, todas en liga, cuando el nivel 3 se llamaba Segunda B. La presencia inicial, en septiembre de 1992, en Valdepeñas, se saldó con victoria (0-1) gracias al francotirador Joaquín Alonso. Las demás acabaron en derrota, dos en Tomelloso y una ante el extinguido Manchego, en partido de lluvia y goles (4-3) disputado en el mismo estadio de hoy, entonces denominado Príncipe Juan Carlos. Aquel Manchego de 1997 ni siquiera fue el antecesor del actual, ya que, en el ínterin, existió otro de similar nomenclatura que no superó la década de vida en los inicios del XXI. Ciudad Real, de gran solera balompédica, ha sido uno de los enclaves de España más convulsos por la incapacidad de mantener a su principal representativo, a la altura de otros como Logroño, Palencia, Badajoz, Lorca, Burgos…

En el Rey Juan Carlos I, dirimen dos expedientes con sorprendente calco de guarismos clasificatorios y, aunque la diferencia radica en las dinámicas –progresiva, la ciudadrealeña; decreciente, la avilesina–, ambos han demostrado, a lo largo de la temporada, ser más molinos que gigantes. Para remediar, en el Real Avilés se ha vuelto a imponer el hiperdemorado cambio de tripulante, decisión equivalente a lo desesperado. Los precedentes similares –cortes de Ángel Herrero, en 2000, y Pablo Lago, en 2017– no produjeron los efectos deseados, así que toca encomendarse a la irrupción de Javi Rozada, hombre de carácter. La expresión "ir de quijote" encierra un significado un tanto ambiguo: por un lado, apela a los ilusos; por otro, a los incondicionales y valientes. Sin duda, el ovetense va más con lo segundo y su determinación puede ser clave para empezar a celebrar algo.

Hablando de celebraciones, y con la falta que hacen, se repite el ignorante repudio de la realidad. A diferencia de otros clubes indocumentados, que festejan aniversarios de ensoñación, el Real Avilés Industrial está en disposición (todo es querer) de celebrar el suyo hasta con precisión de reloj. Anteayer, viernes, a eso de las 23.30 horas, como cada 10 de mayo, cumplió años. Ojalá los 41 vengan con esperanza.

"Vale", que así concluye El Quijote.

Suscríbete para seguir leyendo