Medio centenar de personas reconoce las huellas históricas de la Guerra

Rafa Balbuena encabeza un recorrido por los escenarios avilesinos castigados durante los meses de conflicto bélico

Un grupo de visitantes, ayer, en campa de la iglesia de San Antonio de Padua. | Mara Villamuza

Un grupo de visitantes, ayer, en campa de la iglesia de San Antonio de Padua. | Mara Villamuza

S. F.

Rafa Balbuena, que es escritor, periodista y también Licenciado en Historia, fue quien encabezó ayer a mediodía una visita de casi medio centenar de personas por los escenarios avilesinos que más sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil. Lo hizo con el patrocinio del Centro de Estudios Alfoz de Gauzón (CEAG)

Los visitantes se dieron cita en la plaza de España y es que allí está el Ayuntamiento de Avilés cuya torre del reloj sufrió las bombas nacionales. Balbuena, de hecho, habló de muchos más bombardeos, sobremanera, los de la entrada del Puerto, aunque hasta allí no se había trasladado el grupo que se fue apuntando en el correo electrónico del CEAG.

Rubén Domínguez, el presidente de la organización, fue documentando cada una de las estaciones en las que el grupo de Balbuena –de heterogénea composición– se fue deteniendo. Tras el Ayuntamiento, la calle de la Fruta, después la plaza de Camposagrado y la campa de la iglesia de los Padres. O de San Antonio de Padua.

Allí Balbuena explicó que la iglesia fue desvalijada. "Hubo un intento de encontrar una pieza única: un altar de alabastro que estaba en la capilla de Las Alas y que desaparareció para siempre", señaló el experto.

Tras la iglesia, el grupo se trasladó a la calle de la Ferrería en su entronque con la calle de Carlos Lobo. Allí, delante del edificio que acoge ahora la Casa de las Mujeres, Balbuena bromeó: "Si me lo permiten, estamos delante de un edificio multiuso", dijo. Y es que fue la Casa del Pueblo –sede del PSOE y de la UGT–, de un organismo de la Falange. Después, fue sede de un servicio del Principado y ahora lo es municipal. Y allí se exponen trabajos artísticos de todo calibre.

La ruta, que se extendió sobre algo más de hora y media, pasó luego por Jovellanos, la plaza del Pescado, Palacio Valdés... terminando en San Nicolás de Bari.

Suscríbete para seguir leyendo