La Noche Blanca abre el verano festivo

La ciudad se vuelca y aplaude "Las bodas de Fígaro", al muralista "Sfhir" y a las exhibiciones de danza

Saúl Fernández

Saúl Fernández

En la Noche Blanca no todos los gatos son pardos. Porque la variedad sirve mejor para conquistar la ciudad, que es lo que ocurrió ayer desde primera hora de la mañana. Porque hace tiempo que las "noches blancas" se han ampliado a todo el día. Que no da tiempo, si no, a completar el programa cultural que abre el verano avilesino a la espera de que llegue el programa festivo de San Agustín, que está ahí, a la vuelta de la esquina, envuelto en misterio.

"Sfhir", que, en casa, responde por Hugo Lomas, fue el primero en empezar. En el colegio Palacio Valdés, ante medio centenar de sus alumnos, explicó que iba a realizar un mural en la pared de fondo del patio del centro educativo. A los de casa se sumaron los del San Cristóbal. Veintiocho. Setenta ayudantes para el mural que ya está ahí para ver. "Tienen mucha ilusión", cuenta "Sfhir", el nombre de guerra del muralista campeón del mundo (pintó una chelista en una comunidad de vecinos incorporando cada ventana a su creación).

Mientras atiende a LA NUEVA ESPAÑA le interrumpe un niñita rubia con la nariz pintada como si fuera un fogonero. "Sfhir" se baja para escuchar su vocecilla y es que la rubita pequeña necesita más pintura negra. "Espera, ahora mismo te doy". El muralista se ríe. "Es muy divertido trabajar con ellos", confiesa el muralista.

Mientras está el muralista en la el Palacio Valdés, Favila, que de normal, es más de lienzo que de otra cosa se descubre grafitero, pero con bata de operar. Se dedica a dar vida a Goya, que es el primer pintor moderno de la historia. En torno a él, un grupo de jóvenes pintores están dando nueva vida a los cubos de cemento dispuestos delante de la Factoría Cultural. Juegan a las extensiones, aprenden jugando sobre experiencias de verdad. Se manchan todas. Las tardes de la Noche Blanca avilesina sirven para los más nuevos en incoporarse a la fiesta porque también es el momento de descubrir hasta dondse se puede llegar si se cuenta con el permiso de la ciudad que saca la cultura a la calle.

Lo mejor para que entre el verano es la música. La Fundación Ópera de Oviedo presentó en el patio central del palacio de Camposagrado –ahí está ahora la Escuela de Arte del Principado de Asturiano y no tardando mucho, tal y como adelantó LA NUEVA ESPAÑA, la Escuela de Enfermería de la Universidad Antonio de Nerbrija–. Constantino Varela – "avilesino y director de la Ópera de Oviedo", dijo de sí mismo– presentó el primer acto de "Las bodas de Fígaro", de Wolfgang Amadeus Mozart. Un primer acto con sólo un piano, pero con todas las arias para el gusto del público que hizo que el patio se quedara pequeño. "Lo que queremos es que si os quedáis con las ganas de saber cómo sigue vengáis al teatro Campoamor este próximo enero. Entonces, la ópera la daremos completa: con toda la orquesta, con su vestuario... Nosotros pensamos que la Ópera de Oviedo es la ópera de toda Asturias", señaló Varela antes de empezar la peripecia de Fígaro en el palacio.

Las chicas de Step, por ejemplo, se perdieron la ópera. Porque ellas tenían que protagonizar su propio número: en la nueva plaza de la Merced, al pie de la iglesia nueva. En dos grupos, montaron una fiesta que siguieron padres, tíos y personal que se dio de bruces con la programación festiva de este inicio de verano que también contó, como invitado sorpresa, a los candidatos socialistas, que cerraron campaña en el parque del Muelle entre "buenas noches, bienvenidos" y "eloises".

Suscríbete para seguir leyendo