Entrevista | Helena Pimenta Directora de escena de "La Regenta", el viernes, en el Centro Niemeyer

"Los clásicos siempre me asisten cuando necesito explicarme el mundo"

"Shakespeare ha sido un honor para la cultura inglesa y han presumido mucho de ello, pero nosotros hemos estado menos orgullosos"

Helena Pimenta

Helena Pimenta / EFE

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Helena Pimenta (Salamanca, 1955) es una de las directoras más respetadas de la escena española. Lleva en ella, de hecho, más de treinta años consecutivos. Este viernes presenta en el Centro Niemeyer (20.00 horas) "La Regenta", la versión que sobre la novela de Leopoldo Alas "Clarín" hizo el dramaturgo y productor Eduardo Galán. Y, además, a mediados del mes que viene regresa a Avilés. Lo hará para impartir un taller sobre clásicos que acoge la Escuela de Verano de la Academia de las Artes Escénicas. Antes de que suceda todo esto, conversa con LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.

–Menuda locura eso de pasar novecientas páginas de una novela a casi dos horas de espectáculo.

–Sí, sí, sí. Eduardo Galán es un atrevido en el mejor sentido de la palabra. Tiene capacidad para enfrentar estos retos increíble. Nada, no sé achanta. Él propone y va y va. Y hasta el final. La verdad es que hizo una síntesis de la novela estupenda para contar la trama y no dejar cosas fundamentales fuera. Después del trabajo de lo escénico creo que hemos conseguido, sobre todo, respetar a "Clarín". Y ese fue un objetivo importante porque "La Regenta" es una obra gigante. "Clarín" es mucho, pero bueno, hemos intentado trasladar a la escena su lenguaje, su ironía, esa mirada suya sobre la sociedad aristocrática de Vetusta.

–O sea, que respetan la prosa del novelista.

–Claro. Ese lenguaje de la novela lo llevamos a unos narradores que hemos introducido. En todo caso, no nos hemos quedado sólo con la historieta, con la trama, nos hemos basado en que el lenguaje se refleje en la obra.

–Es decir, que no sólo son los amores y desamores de Ana Ozores.

–Eso hubiera sido una gran tentación. Quizá en otros lenguajes artísticos se puede expresar.

–¿A qué se refiere?

–Cine, televisión. No sé. El teatro, como es tan presente, en mi opinión y en la de Eduardo, necesitaba mantener el lenguaje de "Clarín".

–En siglo y medio a nadie se le había pasado por la mente hacer una versión teatral de la novela.

–No se puede imaginar cómo reaccionaba el público en Madrid, que es donde estrenamos; la verdad, con muy buena aceptación. Sorprendente, sí. Sorprendente. Cómo reconocían a esa otra parte de "Clarín", que seguramente, no conociera. Pese a ello, reconocían la personalidad del escritor. Estoy muy orgullosa de haber intentado tener a "Clarín" presente todo el tiempo.

–¿Qué le han dado los clásicos?

–No lo sé. Me he preguntado muchas veces por qué forman mi ecosistema. Seguramente, por formación, por la ciudad en la que nací –Salamanca es una ciudad entre el pasado y el presente–. No sé, por herencia familiar: a mi padre le encantaba leer estos clásicos y luego la carrera. Supongo que me han dado esta mirada que siempre me asiste cuando necesito explicarme el mundo. Esto no quiere decir que no me meta en otros líos con los textos contemporáneos. Con los clásicos me he ido entrenando en un lenguaje quizás más complejo y te gusta, te gusta mucho el reto que suponen. Y aprendes mucho.

–Ya que la tengo aquí: ha montado a Shakespeare y ha dirigido la Compañía Nacional de Teatro Clásico. ¿Con qué se queda?

–El teatro isabelino y el de Lope y Calderón tienen mucho en común: forman parte de la edad de oro del teatro, que dura bastante tiempo en Europa. Lo primero: su popularidad. El teatro es un género vital en aquellas sociedades y despierta la curiosidad del público y le sirve para muchas cosas: para culturizar, para informar, para compartir, para descubrir, para divertirse. Las estrofas del teatro español son muy variadas y, por tanto, más complejas que las del isabelino, que se maneja con el pentámetro yámbico y es más ligero de decir. En el teatro español hay una tendencia mayor a los valores religiosos, pero todo eso se puede leer desde hoy de otra manera. Monárquicos eran todos. Tanto unos como otros autores, en todo caso, tienen muchísimo en común: se nota que tienen una perfección del mundo semejante a través del teatro. Shakespeare ha sido un honor para la cultura inglesa y han presumido mucho de ello y lo han difundido muy bien y nosotros hemos estado menos orgullosos.

–Usted estrenó "El chico de la última fila", de Mayorga, y, desde entonces, se ha montado por todo el planeta, han hecho una película y hasta sale en los exámenes de selectividad.

–Juan Mayorga escribió aquella obra en mi casa. Fue uno de estos procesos increíbles. Le propusimos desde "Ur" hacer un trabajo sobre la educación y nos vimos todas las semanas.

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