El «Don Floro» vuelve a sentar cátedra en Galiana

El hostelero Miguel Villabrille reabre un local mítico de la movida avilesina con la misma esencia que cerró: ser escaparate de músicos noveles y consagrados 

Miguel Villabrille apoyado en la nueva barra del "Don Floro".

Miguel Villabrille apoyado en la nueva barra del "Don Floro". / Ricardo Solís

Francisco L. Jiménez

Francisco L. Jiménez

José Manuel Sierra abrió el pub «Don Floro» en la calle Galiana en 1980 y al hacerlo sembró una simiente que durante décadas dio los mejores frutos y acabó creando una marca que aún hoy –pese a que el local no puso soportar el palo de la pandemia y acabó cerrando– se asocia en Avilés con la buena música, la noche, la copas y la diversión. El ocio en su mejor acepción; eso era el «Don Floro» según quienes vivieron la bohemia de aquel Avilés juvenil, juerguista y noctámbulo donde amanecía y en la calle Galiana aún sonaba la música.

Sierra se jubiló el año pasado tras una trayectoria plagada de éxitos en la hostelería local y el «Don Floro», que para entonces ya llevaba más de quince años regentado por otras manos igualmente sabias, las de Jorge Menéndez, había cerrado, como se dijo antes por la ruina que trajo la pandemia a la hostelería en general y a la nocturna en particular. Hubo un reapertura con el nombre de «Trisquel» y un intento de recuperar el genuino «Don Floro», pero fueron espejismos que duraron pocos meses. Después de la etapa de Jorge Menéndez (ahora al frente del «Semilla Negra» en Sabugo), las puertas de madera del «Don Floro» estaban cerradas a cal y canto para melancolía de quienes las conocieron abiertas y concurridas.

Hasta ahora. Porque el «Don Floro» ha reabierto, redecorado y con nuevo gestor: Miguel Villabrille, también propietario del «Plaza’s» en el Carbayedo y de «El Bello Otero» en la plaza Álvarez Acebal. «Le tengo un enorme cariño al local del ‘Don Floro’ porque fui uno de los miles de personas que lo disfrutó como cliente y porque como avilesino sé que marcó una época junto a otros establecimientos emblemáticos de la ciudad. Pore eso me daba pena verlo cerrado o alicaído y en cuanto tuve la oportunidad me lancé a darle una vida extra. Llegué a un acuerdo con la propiedad, hicimos una reforma y el proyecto ya es una realidad», cuenta Villabrille.

Los que recuerde el antiguo «Don Floro» echarán de menos mucha madera porque el local ha sido vaciado casi por completo y ahora lo que predomina es la piedra de las centenarias paredes de lo que fue la escuela de Florentino F. Carbayeda, como bien dice la placa de bronce de la fachada, el maestro al que debe su nombre el pub. La antigua barra lateral es ahora uns isla en el centro del local. Y la penumbra característica del antiguo «Don Floro» ha sido sustituida por una luz en tonos rojizos y anaranjados que imprime al espacio una cierta psicodelia.

También ha desaparecido el antiguo escenario esquinado sobre el que tocaron cientos de músicos y recitó versos, por ejemplo, Luis Eduardo Aute. No hay tarima, pero sí habrá sesiones de música, «porque sin música en directo no se entendería el ‘Don Floro’», remarca el nuevo gerente. Miguel Villabrille ha alcanzado acuerdos con academias musicales de Avilés de modo que músicos noveles tendrán oportunidad de mostrar su talento en vivo, ya sea en conciertos programados o en sesiones de improvisación.

La idea del nuevo propietario es hacer conciertos regulares los jueves y explotar comercialmente el tardeo y, como mínimo, la primera copa nocturna en una calle Galiana que ha reverdecido viejos laureles y oferta una gran variedad de locales donde se puede tomar un vino, cenar o rematar la cena con una copa. Villabrille, desde su experiencia de dos décadas como hostelero en Avilés, confía en que el turismo vuelva a ser noticia positiva este verano en la ciudad y apunta que la verdadera medida del éxito del verano «la dará lo que ocurra a partir del 15 de agosto».  Este año, con un aliciente más: la cátedra del «Don Floro» ha reabierto.