Almudena Martínez Masiá | Capitana marítima de Avilés

"La mayoría de multas rondan los 1.000 euros y son a barcos de recreo y de pesca"

"Los pescadores tienen una vida muy dura y muchas veces nos transmiten sus dificultades, pero ninguna razón es buena para jugarse la vida"

Almudena Martínez Masiá, el pasado viernes, a la entrada de la Capitanía Marítima. | Mara Villamuza

Almudena Martínez Masiá, el pasado viernes, a la entrada de la Capitanía Marítima. | Mara Villamuza

Marián Martínez

Marián Martínez

Almudena Martínez Masiá (1969), ingeniera naval y oceánico, es la nueva capitana marítima de Avilés. Cuando finalizó sus estudios decidió que quería trasladar su residencia de Madrid al norte del España, al Cantábrico, "con la idea romántica de un puerto, el mar, la lluvia...". Fue así como llegó a Asturias, a Naval Gijón, donde ocupó distintos cargos de responsabilidad, antes de convertirse en inspectora en la Capitanía Marítima de Gijón, posteriormente coordinador de inspección en la de Avilés, y después con el mismo cargo de nuevo en Gijón, hasta su nuevo puesto. Madre de dos hijas adolescentes, es una de las seis capitanas marítimas de España, un cargo en el que las mujeres son aproximadamente el 10% del total.

–La labor que desarrolla una capitanía marítima es muy desconocida para la ciudadanía en general. ¿Puede explicarla de manera resumida?

–La capitana o capitán marítimo se apoya en tres bases: el coordinador de seguridad marítima, el de inspección, y el jefe de asuntos generales. La inspección se dedica a hacer como la ITV de los barcos españoles, los de nueva construcción para darle los certificados de navegación, y a los buques extranjeros, con una base de datos de la Agencia Europea en la que nos salen por prioridades los perfiles de riesgo. Existe un estándar de cumplimiento y si los buques los incumplen, se les ponen deficiencias y según el nivel, si son un peligro para la navegación o contaminar el mar, no pueden salir y se les detiene en puerto hasta que subsanen las deficiencias.

–¿Y se dan muchos casos?

–Hace años había más buques por debajo del estándar de seguridad y contaminación, y ahora no.

–¿Y los españoles?

–Se les hacen las operativas, los certificados que correspondan, y luego están las embarcaciones de nueva construcción, que Asturias está a la cabeza con astilleros a la vanguardia de construcción de naves. Y todo eso es necesario controlarlo, desde el proyecto hasta las pruebas y las botaduras.

–El puerto de Avilés es industrial...

–Ahí entra Seguridad Marítima, que controla las mercancías que entran y salen, y puedo asegura que hay mucho trabajo porque es un volumen elevado precisamente por la industria. Pero también debo decir que está todo muy controlado y aunque solo llevo aquí dos meses, me consta que pese a ser un puerto muy industrial se controla que no haya problemas de contaminación.

–La entrada y salida de buques es casi continua

–Y luego está la tercera base, la de asuntos generales con el despacho y registro de buques, que son labores de gestión y administración, de control de la entrada y salida de los buques con toda la certificación necesaria que garantiza que van a navegar con seguridad para el tráfico, las personas y los bienes, y sin contaminar.

–Avilés también es un importante puerto pesquero.

–Un sector muy fuerte y con una vida muy dura. Hay que cuidar a los pescadores todo lo que se pueda. Dicho esto, ninguna razón es buena para jugarse la vida. Tienen que salir y esto es el Cantábrico, aunque haya previsiones puede haber un temporal, y muchas veces nos transmiten que tienen dificultades para abordar reparaciones y realizar inversiones. Pero nuestra labor es ser muy didácticos y explicarles que es necesario e importante para no jugarse la vida, o generar un problema de contaminación. Lo más importante es la seguridad y cada vez los pescadores son más conscientes de ello.

–El Puerto también tiene embarcaciones de recreo y empieza la campaña de Salvamento Marítimo.

–Se trata de que se cumpla con los controles que se deben hacer. Hay un vídeo que es duro, pero hay que insistir en su seguridad. Insisto en que esto es el Cantábrico y es necesario llevar las medidas de salvamento, de comunicación, y todo en orden por ellos mismos.

–¿Cuánta plantilla tiene? ¿Es suficiente?

–Somos 17, contando al jefe de distrito marítimo de Luarca y un administrativo que está con él. Ambos representan la proximidad a los pescadores y a los astilleros en el Occidente. Aunque la administración es telemática, muchas personas prefieren la atención personalizada. En cuanto a si somos suficientes, siempre se quiere contar con más personas, pero creo que está ajustada al trabajo que desempeñamos. Cuento con un equipo de grandes profesionales, con formación y experiencia, y mi labor es estudiarme los asuntos y cuidar de ellos para que se sientan a gusto, porque entonces será cuando todo vaya bien. Así, desde nuestro cachito del mundo, intentamos que mejore la seguridad marítima, luchar contra la contaminación, que mejore el medio ambiente.

–Con todo este trabajo que describe y la plantilla con la que cuenta, ¿cuántas inspecciones se realizan al año?

–A buques nacionales, unas 400 al año, y a extranjeros cerca del medio centenar. A esto se suma las cargas especiales que se realizan en el Puerto de Avilés, con esas grandes piezas que se exportan y que hay que controlar.

–¿Y cuántas sanciones se imponen?

–El año pasado fueron 11, y son básicamente a barcos de recreo y a pesqueros. La mayoría de ellos son por cuestiones administrativas, de documentación.

–¿A cuántos ascienden esas multas?

–La horquilla que permite la normativa es amplísima, pero nosotros procuramos ir al mínimo, porque el afán no es recaudatorio, sino de garantizar la seguridad marítima y evitar el riesgo de contaminación. Por eso las multas suelen rondar los 1.000 euros.

–Respecto de la contaminación, ¿hay verdadera sensibilidad en el mundo de la mar por esa transición energética?

–Las embarcaciones deben cumplir con los requisitos que se establece en la certificación energética. Se habla del cambio a los combustibles limpios y de todo lo que lleva a la descarbonización. Parte de nuestro trabajo es informar sobre ello. Los buques llevan una serie de equipos y procedimientos que deben cumplir. El último que apareció es el certificado de eficiencia energética, por el que se controla el consumo de combustible para saber cuánto CO2 produces respecto de las millas que se navega y el peso muerto del barco. Se les está exigiendo mucho en el consumo que pueden hacer y cómo, por eso todos están buscando una forma de que los combustibles cada vez sean más limpios, porque si no, les repercute económicamente. Los convenios internacionales y la normativa europea están haciendo mucha fuerza para reducir la contaminación. La mitad de los certificados están relacionados con el reciclaje, el tratamiento de las aguas residuales...Se hacen análisis aleatorios, en lo que son las gasolineras (para que se entienda) y en los propios buques. Pero es que no puede ser de otra manera; es el futuro que les vamos a dejar a nuestros hijos.

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