Álvarez del Busto celebra en su último libro su amor por Cudillero

El cronista decano resume en "Lo escrito, escrito está" más de 50 años dedicado a la tarea de explicar su concejo y sus historias

JUAN LUIS ÁLVAREZ DEL BUSTO Y PEPA SANZ, AYER EN LA SERRANA

JUAN LUIS ÁLVAREZ DEL BUSTO Y PEPA SANZ, AYER EN LA SERRANA / Ricardo Solís

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Lo último de Juan Luis Álvarez del Busto, el decano de los cronistas oficiales españoles –lo es desde hace cincuenta años–, se llama "Lo escrito, escrito está" y es una colección de artículos, reportajes y entrevistas que empieza, precisamente, con la conversación que mantuvo en 1970 con su abuela Elvira Bravo a propósito de L’Amuravela y termina "con un artículo que publicó "este pasado febrero en LA NUEVA ESPAÑA: ‘Cincuenta años, toda una vida’".

Cuenta que escribió este último artículo precisamente cuando se cumplieron sus primeras cinco décadas como cronista. "Si soy el decano de los cronistas es porque me habían nombrado con veintidós años y, entonces, fui el más joven de España", subrayaba unos minutos antes de la presentación de su antología de artículos ayer, en el hotel La Serrana, en Avilés.

Álvarez del Busto confiesa su amor eterno por su concejo de tal modo que lo equipara con el que siente por sus tres hijos de verdad. "Cudillero es mi cuarto hijo, pero anterior a los tres que tuve de verdad", aclara. "En la introducción que hago al libro explico el porqué de esta vinculación tan fuerte con mi tierra de nacimiento y de corazón", apunta. Y tiene mucho que ver el haberse criado con Elvira Bravo, su abuela, la mujer que atesoró las leyendas e historias escondidas de uno de los pueblos más atractivos de la región. "Al ser nueve hermanos y al entrar en casa sólo el sueldo de mi padre, nos fuimos criando cada uno de nosotros en casas de familiares, todo esto, además, sin perder la unidad", explica Del Busto. "A mí me tocó con Elvira Bravo. Ella fue la que me enseñó todo lo de Cudillero, ella fue la que me transmitió su pasión. Ella me contaba a todas horas cuentos y leyendas, tradiciones, bailes. Con su hermana Pilar también. De ahí nació esta pasión que tengo yo por Cudillero, de tal manera que cuando tenía diecisiete años empecé a escribir".

Elvira Bravo, la abuela del cronista oficial, fue la que recuperó L’Amuravela, la que la recuperó y la leyó durante 40 años. El padre, Juan Luis Álvarez Bravo "Totó" fue el recitador. "Así que influenciado por ellos dos empecé a escribir", confiesa el autor de "Lo escrito, escrito está", un cronista que también fue corresponsal diario. "Escribí del día a día, de fútbol, pero muy pronto me incliné por los reportajes, por el paisanaje...". Y prueba de ello son las páginas de su último libro, que se ha convertido en el resumen de su pasión.

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