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La otra coreografía del Festival Folclórico de Avilés: la parte del espectáculo que el público no ve

La clausura del certamen internacional de danza convierte el "back stage" del Niemeyer en un hervidero de bailarines que se acicalan para dar su mejor imagen

Las bailarinas del grupo georgiano se maquillan en el camerino del Niemeyer antes de salir a escena.

Las bailarinas del grupo georgiano se maquillan en el camerino del Niemeyer antes de salir a escena. / Ricardo Solís

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Saúl Fernández

Saúl Fernández

La bailarina Hayal Naz Ersahin viene de Eskisehir, que es una ciudad de más de medio millón de habitantes en medio de la península de Anatolia, al oeste de Ankara, la capital de Turquía. Acaba de terminar de maquillarse cuando atiende, en inglés, a las preguntas de LA NUEVA ESPAÑA: son los minutos previos al inicio de la gala de clausura de la edición número cuarenta y tres del Festival Folclórico Internacional de Música y Danza Popular de Avilés. "Nos ha encantado este teatro", confirma Ersahin en referencia a la función que hubo el viernes sobre el mismo escenario del Niemeyer que estos días ha acogido a las cinco agrupaciones en su exhibición veraniega de este año, una de las citas obligatorias del programa previo a San Agustín.

A la izquierda, en primer término, uno de los componentes del Ballet de Arte Folclórico Argentino, Miguel Ángel Saravia, lustra una de sus  botas. A la derecha, parte de la banda de música de la Compañía Nacional de Danza Folklórica A.C. | Ricardo Solís

A la izquierda, en primer término, uno de los componentes del Ballet de Arte Folclórico Argentino, Miguel Ángel Saravia, lustra una de sus botas. A la derecha, parte de la banda de música de la Compañía Nacional de Danza Folklórica A.C. | Ricardo Solís

Pero no sólo le gusta el teatro. También la organización del festival. "Y la comida", se ríe. Ella es una de las treinta y una bailarinas de la Comunidad de Danzas Folclóricas de Tepebasi, que está en el gran distrito de Eskisehir, de donde es la bailarina. "Mañana [por hoy] nos vamos al festival de Villablanca", anuncia. En Villablanca, que está en Huelva, se organiza algo parecido al festival folclórico avilesino. Allí se van a encontrar con la Compañía Estatal de Canto y Danza Folclórica "Gurjaani", que son de Georgia, en medio del Cáucaso.

Las bailarinas de la Compañía Estatal de Canto y Danza Folclórica «Gurjaani», de Georgia, se maquillan en el camerino. | Ricardo Solís

Las bailarinas de la Compañía Estatal de Canto y Danza Folclórica «Gurjaani», de Georgia, se maquillan en el camerino. | Ricardo Solís

Visten de rojo y negro y tienen un número con cuchillos que anda ensayando entre cajas parte del elenco de la formación musical. "Viajamos bailarines de entre 16 y 32 años", cuenta George Gargenidze, el portavoz de la agrupación. "Llegamos a España el día 11 y estamos encantados con el paisaje, con el tiempo que vamos teniendo y, sobre todo, con la posibilidad de conocer nuevas culturas", añade mientras, a sus espaldas, en el pasillo de los camerinos, dos de sus compañeras mueven sus faldas como hélices hipnotizadoras.

La banda de música de la Compañía Nacional de Danza Folklórica A.C., de la Ciudad de México ya está lista para salir a escena. Aguardan sentados Sabina Pichardo –la directora musical–, Héctor Pérez, Mauricio Mendoza y Alberto Camacho. "Nos falta nuestro trompetista: el gran Juan Dura", anuncia Pichardo. Los mexicanos llevan más tiempo de gira por Europa –antes de España, anduvieron por Francia, en el Festival de Gannat, en el centro de Francia, cerca de Vichy–. "La primera edición de su festival la inauguramos nosotros en 1996 y ahora hemos vuelto, aunque con una nueva generación", explica Óscar Méndez, que es el presidente de la agrupación.

Una integrante de "Sabugo, ¡Tente Firme!" recoge el pelo a una compañera.

Una integrante de "Sabugo, ¡Tente Firme!" recoge el pelo a una compañera. / Ricardo Solís

Los del Ballet de Arte Folclórico Argentino "Miguel Ángel Saravia" son casi tan antiguos como los de "Sabugo ¡Tente firme!" "Nacimos en 1966", cuenta el propio Saravia, que con 83 años sigue bailando. "Abelardo González y yo nos conocemos desde hace treinta años", añade el veterano fundador de la compañía. A su alrededor hay bailarines que lustran las botas. "Hay que tener un semillero para poder seguir bailando", concluye antes de que den las indicaciones pertinentes para salir a escena. El Niemeyer espera lleno y expectante.

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