Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Fotos que hablan de un siglo de hermandad entre Avilés y San Agustín de la Florida

La relación de la ciudad donde nació Pedro Menéndez y la que fundó en América deja un testimonio gráfico, un poso histórico y el deseo de desarrollar vínculos comerciales

S. F.

El presbítero José Fernández, el que tiene una calle con un solo número en Las Meanas, leyó el 9 de agosto de 1924 un elogio fúnebre dedicado al adelantado Pedro Menéndez que, finalmente, en aquel año de hace un siglo, vino a dar con sus huesos en el túmulo que diseñó el escultor Manuel Garci-González para su descanso eterno –más o menos se cumplió aquel objetivo, aunque todavía los restos mortales del marino principal de Avilés hubieron de sufrir un par de movimientos "postmortem" más–.

Aquel discurso lo ofreció Fernández –firma su discurso recién reeditado por Encuentro de Escritores avilesinos (Eneas) como José F. Menéndez– en la iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Lo hizo ante autoridades tan conspicuas como el capitán general Álvarez del Manzano, que representaba directamente al Rey Alfonso XIII, que era el monarca español en aquellos años de la dictadura de Primo de Rivera; o el general Zubillaga, que era, hace una centuria, el gobernador cívico militar de la provincia de Oviedo.

Aquellos dos prohombres presidieron la ceremonia de hermanamiento entre la ciudad de San Agustín –el núcleo urbano poblado de manera continuada más antiguo de los actuales Estados Unidos– y la ciudad de Avilés, que es donde había nacido Pedro Menéndez, el de los huesos en procesión de aquella jornada del 9 de agosto, veintiséis años después de la pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam (aquel botín de los últimos territorios imperiales españoles cambiaron de manos en 1898 y se fueron para los Estados Unidos).

Cuando la lectura del presbítero, en España ya no había resquemor contra los yanquis –o el que había no se notaba mucho–: los norteamericanos, con sus barras y estrellas, desembarcaron en la estación de tren de Cantos –así la llamaban los avilesinos de hace un siglo– y, encabezados por el embajador Alexander P. Moore, recorrieron las calles avilesinas con los restos de Pedro Menéndez a hombros.

Ahora, cien años después, no hizo falta de sacar el cadáver del Adelantado de su féretro para justificar la visita de una delegación de las autoridades municipales del condado de Saint John –ahí es donde está la ciudad de San Agustín– y las del propio asentamiento que fundó Pedro Menéndez –y la cámara de comercio y la oficina de turismo y hasta de la basílica católica de la ciudad antigua– regresaron a Avilés para hacer dos cosas: recordar el inicio de una carrera de éxito y buscar los modos de profundizar en esa carrera: a este y al otro lado del Atlántico.

Esta delegación –la que llegó el pasado día 8 de agosto– la presidió la alcaldesa Nancy Sikes-Kline que, junto a su colega avilesina, Mariví Monteserín, hicieron una ofrenda floral al pie de la escultura del capitán general avilesino que diseñó Garci-González –el del túmulo de la iglesia de los Padres– . Y también recorrieron las calles a bordo de una flota de coches centenarios prestados por la Asociación Ovetense del Motor. En Las Meanas, precisamente, se bajaron todos de los coches, ahí delante del monolito que la ciudad de San Agustín regaló a la de Avilés hace unos años: una copia del suyo propio que conmemora la Constitución de Cádiz.

No hubo arco floreado –como el que se ve en el fotograma más célebre de la película "Avilés, 1924", la más antigua conservada: está en Youtube–, pero lo que sí que hubo fue una recreación castiza de la Era del Jazz. Así que sí, el pasado día 9, precisamente cien años después de lo del discurso del presbítero Fernández, fue cuando los norteamericanos y los españoles reprodujeron el trayecto del siglo anterior, una visita que sirvió como argumento para restaurar la amistad que se había perdido como se habían perdido las últimas joyas imperiales, una pérdida que, sin embargo, incentivó el nacimiento de lo que los expertos llamaron Generación del 98: lo perdido es la oportunidad para el progreso.

Los norteamericanos de la delegación de Sikes-Kline reciben a los españoles de Mariví Monteserín el próximo día 4. Entonces se celebra el Día de Menéndez en San Agustín. La delegación española quiere confirmar que el hermanamiento durará un siglo más. Y seguir dejando huella en forma de imágenes para la posteridad, como las que ilustran estas páginas.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents