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"La vida me ha conducido a verlo todo bajo una forma teatral", dice el dramaturgo y premio "Princesa" Juan Mayorga que regresa a Avilés

"Cualquiera de mis textos es mi último texto y estoy en permanente conflicto con ellos", admite el premio "Princesa de Asturias"

Juan Mayorga, en Avilés, durante la lectura de "La colección".

Juan Mayorga, en Avilés, durante la lectura de "La colección". / MARIA FUENTES

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

La especial vinculación del dramaturgo Juan Mayorga (Madrid, 1965) con Asturias en general y con Avilés, en particular, empezó hace un par de décadas –por lo menos–. Cuenta, además, con señales imperecederas: en 2022 recibió el premio "Princesa de Asturias" de las Letras y en 2012, por ejemplo, debutó como director de escena. Fue con "La lengua en pedazos", cuyo estreno nacional acogió el centro cultural de Los Canapés, en el barrio avilesino de Versalles. Regresa este fin de semana a Avilés; el viernes a las 20.00 horas representa "La gran cacería" en el Palacio Valdés. El sábado, en el mismo teatro, y a la misma hora, el odeón local acoge una función de "Los yugoslavos". Y los próximos 20, 21, 22 y 23, el Niemeyer acoge cuatro funciones de "1936". Conversa de todo esto con LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.

-Regresa en tres encarnaciones distintas.

-Siempre es grato volver a Avilés, donde siempre me gusta recordar eso: que fue donde se produjo mi bautizo como director. Además, qué bonito que fuese precisamente en Los Canapés, en un barrio. Siempre es gozoso volver y la verdad es que se da esa feliz coincidencia de que sea con tres trabajos, además muy distintos.

-Llama la atención de que a estas alturas, con treinta y tantas obras estrenadas, todavía escriba a pachas con otros compañeros de negocio como sucede con "1936".

-El ciclo "Shock": "Shock 1", "Shock 2" y este "1936", que es "Shock 3", ha sido una experiencia, desde luego, muy importante. La verdad es que el pensar junto a Andrés Lima, Albert Boronat y Juan Cavestany, y escribir junto a ellos y preguntarles y al mismo tiempo exponerse a sus preguntas, es una experiencia formidable y ojalá lo sigamos haciendo. Es decir, yo estoy deseando enredarme de nuevo con ellos tres, que además son tres amigos, y la verdad es que es un gozo. Y, por otro lado, creo que este ciclo, el ciclo "Shock" y, desde luego, este "1936" quedarán en la memoria de algunos espectadores.

-Lo de compartir autoría lo había hecho hace treinta años. No sé, cuando "Alejandro y Ana".

-Esta, "Alejandro y Ana", la escribimos Juan Cavestany y yo, que luego coincidimos en otros proyectos, por ejemplo, en "Penumbra", que fue una experiencia muy especial porque, de algún modo ahí nos hicimos ambos responsables del texto en su conjunto, en el sentido de que nuestras escrituras están mezcladas. Cada uno se compromete con cualquiera de las frases que ahí aparecen, con cualquiera de las palabras que aparecen en ese texto, las haya escrito él o no. Siempre diré que, de algún modo, "Alejandro y Ana" y la colaboración con Juan Cavestany afectó a mi escritura, creo que positivamente. En este "1936" hemos tenido el liderazgo de un capitán como es Andrés Lima. Y el encuentro con Albert Boronat también ha sido muy gozoso.

-¿"La gran cacería" siempre fue un soliloquio?

-No. "La gran cacería" que, por cierto, es una obra de nuevo ligada a Asturias, porque, como bien sabe usted, la recité por primera vez –no me atrevo a decir que la interpretara–, yo creo que fue hace un año, ¿no?

-En la Semana de los Premios "Princesa" del año pasado.

-Es decir, hace un año. O sea, es una obra asturiana. "La gran cacería" es una obra que nace de un insomnio. A veces me es difícil reconocer el origen de una obra, pero en esta es muy fácil de identificarlo: yo estaba volviendo de Sicilia en un barco y no dormía y ahí se disparó mi memoria y también mi imaginación. Y, al pisar tierra, al llegar al continente, ya empecé a desear una obra de teatro, así que empecé a escribir, pero también a dialogar con distintas personas, en particular con la coreógrafa Sol Picó. Y eso me llevó a trabajar con un equipo, siempre acompañados y protegidos y cuidados por el querido Teatro del Barrio. Y todo eso, después de un largo proceso, un proceso "sine die", acabó hace dos años en la puesta en escena de "La gran cacería", dirigida por mí, con tres actores estupendos. Will Keen, que hacía el insomne, y luego Fran Reyes y Anita Lischinsky, que hacían los animales.

-¿Y qué pasó?

-Por problemas de agendas de los actores, ese espectáculo que espero algún día recuperar, se transformó en una segunda versión más sencilla, pero siempre con tres actores: el insomne era ahora Alberto San Juan. Y sucede que, en un cierto momento, llega la invitación de los "Princesa de Asturias" para presentar un evento en Oviedo. No pudiendo Alberto, decidí ofrecer la lectura de ese texto por mí mismo. Pero ya que lo leía, di un paso más y dije: "Voy a memorizarlo". Y dado que ya estaba en ese empeño, pedí a mi amiga Luz Arcas, una estupenda coreógrafa, que me acompañase, que de algún modo me dirigiese, me ayudase a encontrar un cuerpo y un gesto. Y eso fue lo que sucedió en Oviedo. Y desde entonces lo estoy haciendo porque a la gente del Teatro del Barrio les pareció que podía tener un valor. Incluso he ido a algunos sitios con este solo, con esta presentación de "La gran cacería" con un solo oficiante que no se atreve a llamarse actor. Probablemente, más que nunca, sé que no soy un actor, y todavía tengo más respeto hacia los actores.

-En este periódico salió que Mayorga se estrenaba como actor en Oviedo.

-Usted, que es un amigo generoso, pero yo no estoy seguro. Yo me atrevo a decir que he subido al escenario. Lo de ser actor…

-Esa subida al escenario, la ensayó cuando el discurso de entrada en la Real Academia.

-De algún modo, es cierto que yo ya todo lo veo, porque la vida me ha conducido a ello, perdone el latinajo, "sub specie theatri", bajo la forma teatral. Y es verdad que cuando me proponen que tome la palabra, ya me es difícil no dejarme arrastrar por la tentación de construir una experiencia teatral. Y es verdad que cuando pronuncié mi discurso sobre el silencio en la Academia, ya jugaba con la idea de que no fuese yo quien estuviese recitando ese texto, sino un actor que lo estuviese haciendo en mi nombre. De hecho, eso es lo que ocurrió. Ocurrió en dos sentidos. Primero, yo mismo era en ese momento un actor y no el propio Juan Mayorga, si es que existe tal sujeto. De algún modo, yo mismo me convertía en un actor que sustituía a Juan Mayorga. Como sabe, eso dio lugar a un espectáculo en que fue Blanca Portillo quien interpretó a ese académico ingresante. Y entonces, de algún modo sí es cierto que ahí ya estaba el deseo de que a las palabras les acompañase el gesto, la respiración.

-Es paradójico que "Los yugoslavos" sea la antología de Mayorga cuando la obra, mira que tiene años.

-Es una obra que tiene tiempo y al mismo tiempo es mi obra más reciente. Esta misma mañana estoy revisando las terceras pruebas de su edición en Uña Rota y he introducido los dos últimos cambios. Cualquiera de mis textos es mi último texto. Y estoy en permanente conflicto con ellos, sobre todo con aquellos que más me importan.

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