Alfonso de la Torre, comisario de la exposición "Arte y espiritualidad" que se puede ver en Avilés: "La colección de BBVA, que tiene 9.000 piezas, forma un museo de museos"
"En pocas ocasiones vamos a encontrar esa especie de duplicidad que se da en el Niemeyer con una exposición que habla de lo que podemos llamar la introspección con la que se atiende a las imágenes en un edificio"

Alfonso de la Torre, en la cúpula del Niemeyer, en la inauguración de la exposición "Arte y espiritualidad" . / Mara Villamuza

Alfonso de la Torre (Madrid, 1960) es el comisario de la exposición "Arte y espiritualidad", que acoge el Centro Niemeyer hasta el próximo mes de marzo. Conversa con LA NUEVA ESPAÑA por teléfono.
-En esta colección se muestra pintura religiosa, pero usted defiende que el espíritu no está en la religión.
-Bueno, no. Realmente la exposición no habla de religión, aunque lo que podemos llamar las representaciones espirituales han sido religiosas. Esta exposición, sin embargo, tiene un subtítulo que es "Imaginar lo extraordinario" que habla –se lo he contado alguna vez– de que las imágenes tienen una capacidad de transportarnos a un lugar que no es de esta tierra, que no es ese mundo que miramos alrededor, sino un mundo que es otro. Siempre lo expreso con una conocida frase de Mark Rothko. Él decía que creía que el arte debía ser capaz de generar bolsas de silencio donde arraigar y crecer frente al ruido del mundo, de lo que nos rodea, de lo actual, del conflicto, en fin, de las relaciones o del entorno. El arte tiene la capacidad de generar unas imágenes extraordinarias, que es una frase de un escritor francés que se llama Maurice Blanchot.
-Esa la recoge en el catálogo de la muestra.
-La recojo porque de alguna manera quiero reivindicar, que efectivamente, esto no es una exposición de arte religioso, aunque contenga imágenes religiosas.
-No es arte religioso, pero hay vírgenes.
-Sí, claro, pero, bueno, la virgen está en un capítulo, que es el del origen, como símbolo de centro de las historias. Igual que hay una caja metafísica, que es también de Oteiza, que habla de centro de energía, o el Palazuelo que se titula "Yantra", un término que explica Palazuelo que se refiere también a eso de la energía, de los motores de energía. En la historia de la cristiandad ese encuentro de la virgen con el hijo es el comienzo de la historia, de la narración, por decirlo de alguna manera.
-Usted tiene a su disposición un catálogo enorme, el del Bilbao Vizcaya, pero, ¿cómo compone esta colección?
-La colección BBVA tiene cerca de 9.000 piezas que se custodian en una cosa que digo a veces, que es un museo de museos, una especie de gran almacén musealizado... Cuando digo que es un museo de museos, quiero decir que es un centro en el que se realizan actividades silenciosas, porque no están a la vista, pero que las llevan a cabo restauradores, restauradoras y gente que está al cuidado de esa inmensa colección. Mi trabajo lo hice tanto con archivos que me permitían ir accediendo a todas las piezas, porque en la web están colgadas las piezas principales, pero yo lo revisé casi todo durante meses. Y luego, a su vez, acudí también a la sede donde está la colección para ver si las obras eran como las imaginaba. Ya sabe que las imágenes que uno ve a veces en pequeño en un ordenador, luego te las encuentras y unas crecen y otras se pierden.
-A lo que iba era a saber si el hilo que une toda esta muestra ¿salió de ese visionado o era previo?
-Sale de ese estudio previo, de ahí, sale de ahí. A veces he dicho, un poco tautológicamente, que es una exposición que habla de la colección, claro, pero es una mirada sobre la colección.
-Es una sobre las muchas que podría aplicar, vamos.
-Claro, claro, es una forma de mirar. Roberto Calasso decía que el mundo estaba conmocionado por lo que podemos llamar la pérdida de la espiritualidad y que eso lo convertía en una especie de lugar vacío, que hace que la mirada vuelva hacia ese lugar que ha estado vacío porque, como todos sabemos, antiguamente las religiones ocupaban, si me apuras, el lugar que el arte ocupa ahora, que es un lugar como de recogimiento, de contemplación, de silencio. Quizás el único que queda allá, el único que queda en la vorágine del mundo actual. Es una exposición que no es de tesis, aquí está todo el arte y la espiritualidad que ya le he explicado. No, es una invitación, un paseo, uno pretende que sea hermoso, donde se habla de cómo los artistas a través de ese siglo que ahí se mueven en la exposición.
-No hemos hablado del equipo de artistas tan heterogéneo que ha juntado.
-Tiene piezas que no es que podrían estar en un museo, porque ya han pasado por ellos. Las piezas de Teniers han estado muy similares al museo del Prado y la Virgen de Valvanera, esa a la que hemos hablado al principio, está prestada al museo del Prado. Realmente son piezas, algunas de ellas, por supuesto que las contemporáneas, podrían estar en el Reina Sofía y muchas son prestadas para exposiciones.
-Está un Bill Viola.
-El Bill Viola se gesta para el Getty Museum que dialoga como nadie sobre la resurrección con el cuadro de Luis Vélez, que está hablando de lo mismo, pero con...
-Cuatro siglos de distancia.
-Sí, prácticamente.
-Lo ha dicho antes, pero gustaría que ahondara en la idea de que "Arte y espiritualidad" no es una exposición pedagógica porque lo que verdaderamente pretende es devolver al arte su razón de ser.
-Bueno, es una exposición que siendo curatorial, porque la hace un comisario, con quien está hablando, pero en la que el comisario se escapa deliberadamente, vamos a decirlo así. Imagínese una exposición que dijera siglo XVI, siglo XVII, siglo XVIII, y ya vamos al siglo XX. Qué aburrimiento, ¿no? Esta exposición lo que invita es, podemos decirlo así, al pensamiento, pretende invitar al recogimiento.
-Y eso en un lugar tan singular como el Niemeyer.
-Siempre digo que estar bajo la cúpula del Niemeyer, bajo su bóveda, es estar ya en un lugar que llama al recogimiento. En pocas ocasiones como esta vamos a encontrar esa especie de duplicidad que es una exposición que habla de lo que podemos llamar la introspección con la que se atiende a las imágenes en un edificio, que de alguna manera podemos decir... No sé si decir que es una catedral pagana porque, en fin, es un edificio muy simbólico y cuando uno se encuentra en él, aunque esté vacío, le pasa lo que pasa con muchos edificios del Niemeyer, que tiene algo ya como de espiritual, ¿no? Por eso nos gustó tanto plantear esta exposición en el Niemeyer. Y es una exposición en la que, estando presente quien hace la curadoría, se retira y dice: "Pasead por esto". ¿No? Hay todos los argumentos curatoriales que quieran, las cartelas, si quiere saber quién es Luis Vélez hay unos enlaces a la web donde se puede leer el comentario de esa obra, comentarios muy intensos, hay un catálogo también que te lo explica, pero no queremos dedicarnos a esas explicaciones de guía de museo: nació en 1480 y murió siendo muy joven, mientras su madre le atendía, no sé.
-Da la sensación de que uno sale de la exposición con la cabeza más ordenada.
-Bueno, claro, eso es lo que pretenden las exposiciones, por lo menos las buenas, no sé si no que esta sea buena, pero cuando tú vas a una exposición, igual que cuando lees un buen libro, o cuando vas al cine y ves una buena película, tú no debes ser el mismo que entró, porque si vuelves a él, no digo nada si sales peor todavía, imagínate, azorado, nervioso, o con la impresión de haber perdido tiempo, pero si tú has logrado esa bolsa de silencio que decía Rothko, es estar en un interregno del mundo, y si eres otro respecto a quien entraste, y el mundo, por lo menos en ese instante de haber disfrutado de la experiencia, es otro, el objetivo de la exposición está conseguido.
-Esta exposición es la segunda o la tercera vez que la montan.
-Sí, claro, lo que pasa es que cada lugar marca...
-Eso es lo que te iba a decir: imagino que teniendo los mismos ingredientes, el guiso es distinto, entonces...
-Estuvo en Bilbao, en el palacio San Nicolás, luego estuvo en el Jardín Botánico, sin querer las obras se contagian de los lugares, por ejemplo, cuando estaba en el Botánico, las piezas en las que se mira la naturaleza, funcionaban, podemos decir, con más intensidad que en el Niemeyer, en donde las piezas, más bien introspectivas son las arquitectónicas, vamos.
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