Una desaparición sin resolver durante más de 30 años, una puñalada y unos restos mortales que se perdieron en el río Nalón: la verdadera historia del oscuro crimen de Reyes
La avilesina que recuperó su nombre treinta y cuatro años después de perderlo bajo tierra y cal viva murió por una cuchillada
El autor del crimen, que fue condenado en su día por homicidio, murió el año pasado en Langreo

Guardia Civil

Una avilesina se encontró en la noche de Reyes de hace treinta y cuatro años con un hombre que la mató, la despedazó, la enterró en cal viva en un tendejón que tenía detrás de casa, en la localidad langreana de Barros, y, semanas después, cuando vio que aquel gallinero estaba tomado por roedores, se deshizo de parte de aquellos restos –incluido el cráneo– tirándolos al río Nalón.
El responsable de aquellos hechos murió el año pasado, en enero de 2024. Había sido juzgado en 1997 y la sala segunda de la Audiencia Provincial de Oviedo le condenó por homicidio. Había asegurado siempre que no conocía a la mujer que había matado.
Esta circunstancia –la muerte anónima– fue la que ha mantenido el caso abierto hasta ahora, cuando la Guardia Civil finalmente ha puesto nombre a aquellos restos mortales, los de la chica de veinticuatro años que desapareció del mundo en aquella noche de Reyes que sería la última de las suyas. La Guardia Civil, que no quiere divulgar su nombre, explicó este lunes que había retomado la investigación que seguía sin cerrar porque "en una de estas revisiones llevada a cabo en mayo del pasado año y fruto de la evolución del análisis de nuevos métodos de identificación, los agentes contactaron con la familia para tomar muestras de ADN para aportar algún dato nuevo que permitiera cotejarlo con algún cadáver sin identificar o posteriores identificaciones. Posteriormente, en junio, los agentes volvieron a tomar una muestra de ADN a la hija de la desaparecida, ya que la abuela había fallecido".

Guardia Civil
Los hechos recabados en el laboratorio se combinaron entonces, reconoce la Guardia Civil, con un reportaje de un "periódico regional en la que se relataba el homicidio de una mujer en Barros, apuñalada y enterrada en cal viva, con identidad desconocida. Este suceso, conocido como el crimen de Reyes y ocurrido el 6 de enero de 1991, lo investigó la Policía Nacional de Langreo. Se detuvo a una persona de dicha localidad, cuando la pareja del homicida, tras una discusión, confesó los hechos a la Policía".
LA NUEVA ESPAÑA publicó el 7 de enero de 2001 –diez años después de los hechos– un reportaje titulado: "El crimen de Reyes, sigue la incógnita". En él se publicó un retrato robot de la mujer avilesina que, cotejado con una foto aportada por los familiares de la desaparecida tenían ciertas características que podían confirmar una correlación entre ambas".
Una desaparición, una puñalada y los restos mortales que se perdieron en el río Nalón
La avilesina que se fue del mundo sin nombre en 1991, ahora, treinta y cuatro años después, lo acaba de recuperar. La Guardia Civil ha tenido mucho que ver: la mujer –tenía 24 años– que había perdido su identidad entre cal viva finalmente descansa en el presente de su familia.
La vida de la mujer sin nombre –durante más de tres décadas– se movió por el lado más oscuro de la ciudad de tal modo que, pese a que su desaparición se produjo en 1991 no fue hasta 1995 cuando la madre de la joven presentó una denuncia.
En paralelo a esta circunstancia, ese mismo año, una mujer denunció a su pareja a la Policía Nacional de Langreo. Les contó que había matado a una chica años atrás y, después había enterrado sus restos mortales en un tendejón de una casa vieja de Barros, unos restos mortales que cubrió con cal viva.
La mujer que dio la voz de alarma sobre este crimen fue detenida como presunta encubridora. Confesó que su novio de aquellos días –padre de uno de sus hijos– había golpeado a una mujer joven. Finalmente, la chica –entonces sin nombre– murió, pero no víctima de un golpe. El autor condenado de los hechos (esto sucedió en 1997) dijo que la había pinchado. Señaló incluso una nalga como lugar donde infligió la herida que fue mortal, según todos los indicios analizados durante la vista oral, porque el hombre decidió meter a su víctima en el maletero de su coche y cuando llegó a su lugar de origen –al municipio de Langreo– la avilesina que no tenía nombre había fallecido.
El hombre declaró en el juicio: "Iba circulando con el coche y me agredió una señorita que había cogido haciendo ‘autostop’. No discutimos (en sus anteriores declaraciones había dicho que la joven le quería robar) pero, de repente, ella me dio una puñalada en el dedo. Tras esta agresión, la expulsé del coche y salí despedido (sic). Hubo un forcejeo y ella volvió a agredirme. La empujé contra el coche y la metí en el maletero para llevarla a Comisaría. Abrí el maletero en los túneles de Riaño cuando la chica dejó de insultarme. Vi que no se movía. Me fui a casa".
Declaró también que no fue él quien enterró a la chica. Su novia de entonces dijo lo contrario. Treinta y cuatro años después, aquellos restos mortales devolvieron la identidad a la mujer sin nombre.
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