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"Este hueso, ¿es humano?": este fue el primer paso para solucionar el crimen de una joven avilesina la noche de Reyes de 1991

"Lo que han hecho los guardia civiles y los forenses es importante: la vida real no es un capítulo de una serie", dice el primer forense del caso

La casa  de Barros donde fue enterrada la chica avilesina que apuñaló el camionero de Langreo.

La casa de Barros donde fue enterrada la chica avilesina que apuñaló el camionero de Langreo. / Luisma Murias / LNE

Saúl Fernández

Saúl Fernández

Avilés

Al doctor Miguel Ángel Martín le encargaron hace tres décadas un primer análisis de unos huesos que, tras su inspección, resultaron ser los restos mortales de una mujer joven, pero nada más. La Guardia Civil los había descubierto medio sepultados y removidos por las alimañas en 1995, bajo cal viva, en una casa "tenebrosa" de Barros, en el concejo de Langreo, cinco años después de su desaparición. "No pudimos identificarlos", cuenta el médico.

"Estaba pasando consulta en el juzgado cuando un agente me llevó un hueso. ‘¿Es humano?’, me preguntó", cuenta el médico que inició la investigación forense que ha concluido ahora, treinta años después.

La tecnología forense no daba más que para extraer el ADN. De hecho, fue a mediados de los ochenta cuando se utilizó este tipo de análisis por primera vez. Fue en un tribunal en el estado de Florida, en Estados Unidos.

La Guardia Civil desveló este lunes que ha logrado devolver el nombre que habían perdido aquellos restos –aunque no lo ha desvelado–. Eran de una avilesina de veinticuatro años de la que se había perdido la pista en 1991. Gracias a este trabajo se supo que aquella mujer acabó muerta, desangrada y enterrada bajo un tendejón.

Miguel Ángel Martín sólo tiene palabras de elogio para los agentes que "se empeñaron en solucionar el caso" tantos años después: "Lo que han hecho los guardia civiles y los forenses es algo importante: la vida no es un capítulo de una serie de televisión", sentencia.

Han pasado tres décadas de la escena del hueso en su consulta. "Lo único que pude hacer luego fue determinar el sexo de aquellos restos, su edad. Recogí los huesos y los mandé a Madrid", reconoce el médico. "Aquel guardia me contó que el hueso lo habían sacado de debajo de un gallinero", continúa Martín, que atiende a LA NUEVA ESPAÑA por teléfono. Los muchos años pasados después de aquella visita, sin embargo, no dejan corta su memoria. "Fuimos para allá". Los vecinos a los que tomaron declaración admitieron que había alimañas que salían de aquel tendejón con restos orgánicos.

Cal viva

Los restos los habían enterrado bajo cal viva, que sirve para descomponer cualquier resto orgánico. "Dependiendo del tiempo que estén contacto los restos y la cal", admite el médico. No encontraron el cráneo: el homicida lo tiró al río Nalón. "Lo único que pudimos determinar fue que aquel relato suyo era compatible con la muerte de la chica", continúa el médico. "No pudimos localizar una herida mortal", añade. Ni, por supuesto, la identidad de la víctima. Los avances técnicos vienen, explica Martín, por la aplicación de la prueba de polimerasa por DNA, que es una técnica que facilita la detección, análisis o estudio de la huella genética.

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