El marco de un "tío de palabra"
El fundador de Asturmadi enseña su criatura crecida a políticos que le llenan de alabanzas y a expolíticos que disfrutan de su papel secundario

La nave de ampliación de Asturmadi, ayer, durante la inauguración; del techo cuelgan modelos de puertas que fabrica la empresa avilesina. | MIKI LÓPEZ

A José Bono le puede la curiosidad; así, todo apoderado, deja la comitiva principal que está conociendo la ampliación de la fábrica de Asturmadi –cuarenta años de historia, 25.000 metros cuadrados productivos, quince millones "de pavos"– y se planta junto a un montón de puertas metálicas a medio hacer y, decidido, eleva una de ellas a ver cuánto pesa. Y como puede con ella sonríe para sí todo satisfecho. Y esa satisfacción la pilla el periodista que no esperaba en el polígono de Las Arobias a un tipo como el exministro de Defensa, el expresidente del Congreso, al expolítico.

Alfredo Suárez y Adrián Barbón con Flor Álvarez y Mariví Monteserín.
Bono volvió a la cola: a la de Alfredo Suárez, que es el presidente de la compañía, la misma que la de Adrián Barbón, que lo es de Asturias y es político y sintetizó sobre el escenario un día de fiesta que mezcló croissants de pistachos con bobinas de acero y todo eso, con abrazos y apretones de mano y fotos. Muchas fotos. "Fredy, ponte ahí, detrás de los marcos, que te tenemos que hacer una foto". "Ya estoy cansado de tanta foto", soltó protestón "el tío de palabra", como lo dijo Barbón. "Hablo con los empresarios y se venden muy bien delante de mí, normal, pero luego hablo con sus trabajadores y me dicen: ‘qué va, ye un cabrón’. Eso no sucede con Alfredo Suárez, todos me dicen que es un tío de palabra". Esa circunstancia no fue aislada. En la fiesta de la ampliación Itamar Con, por ejemplo, se condujo por la misma línea. Con es el presidente de Ares Group –allí está Asturmadi Perú–. Contó que su sociedad con Suárez ha traspasado los vínculos societarios. "Es mi hermano mayor".
Así que sí, con tanta alabanza es normal que hasta la pantalla central se fue a negro justo justo cuando iban a empezar los discursos, en una zona acotada por un montón de puertas voladoras que hicieron las veces de arriba el telón para la función más importante de todas: resumir cuarenta años "de trabajo": desde l a puerta fría de las calles de Avilés de mediados de los ochenta hasta el redoble salto mortal de llamar al negocio de la energía solar. Pese a Donald Trump.
Y ahí se había quedado José Bono: con una sonrisa abierta de par en par que le sirvió para pedir una foto para la historia. "Poneos ahí", dijo. Y ahí se pusieron Suárez, Barbón y la Alcaldesa. Y también las puertas. Sin protestar.
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