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Una tormenta impredecible que no se movió del sitio: las claves que da la Aemet sobre la gran tromba que inundó Avilés

"En vez de repartir las precipitaciones a lo largo de su trayectoria, se quedó todo el rato en el mismo lugar", explica Ángel J. Gómez

Así está Avilés por las lluvias

Avilés

La tormenta que en la noche del domingo provocó importantes inundaciones en Avilés y Castrillón fue un evento poco predecible que solo descargó agua en ambos concejos. Así lo explica Ángel J. Gómez Peláez, delegado territorial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Asturias.

Más concretamente, en palabras de Gómez, se trató de una "tormenta estacionaria, que permanece en el mismo lugar todo el rato, por lo que va acumulando la precipitación en el mismo lugar, en vez de repartirla a lo largo de su trayectoria, con pocos rayos y escasa altitud".

Y, además de eso, el experto destaca que se trató de una tormenta prácticamente indetectable. "Los modelos numéricos no predijeron este fenómeno", subraya Gómez.

La estación de la Confederación Hidrográfica del Cantábrico en el río Raíces (Salinas, Castrillón), fue la que contabilizó más precipitaciones en toda la región el domingo. Registró su pico máximo de agua a las dos de la madrugada de ayer, en total 120,7 litros por metro cuadrado. Ademas, según los estándares de la Aemet, la precipitación durante la noche del domingo llegó a la categoría de "muy fuerte", un escalón por debajo de "torrencial".

La Aemet emitió el aviso naranja por precipitaciones a las 21.48 horas, tras apreciar los altos niveles de lluvia. A partir de la medianoche se decretó el aviso amarillo. El Ayuntamiento se hizo eco de estas advertencias a través de sus redes sociales, al igual que las cuentas de los servicios de emergencia. También se recomendó a los vecinos que no saliesen a la calle.

Estos avisos generaron ciertas críticas y –quizás– confusión en una parte de la ciudadanía. Fueron muchos los que ayer exigieron que se hubiesen emitido alertas móviles ante este tipo de situaciones; si bien, la gravedad de los hechos no fue de tal magnitud como para que fuese necesario aplicar protocolos de emergencia como los que, a priori, debían haberse activado durante la fatídica dana de Valencia.

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