Los acusados de provocar un incendio forestal en Boal por tirar voladores defienden su inocencia: "Los que tendrían que estar aquí son los pirómanos de verdad, no nosotros"
"Somos optimistas con su absolución", asegura el abogado defensor, aunque la fiscalía y el Principado mantienen su petición de cárcel

Un momento del juicio / N. M.
"Los que tendrían que estar aquí son los pirómanos de verdad, no nosotros". Con esta frase se cerró el juicio contra los tres acusados de provocar un incendio forestal tras tirar voladores en Castrillón, una localidad de Boal, en abril del 2023. En aquel momento se había decretado en la región el nivel de riesgo de incendios forestales "muy alto", y los fuegos se sucedían por diversos puntos del Principado, especialmente en el Occidente. Los procesados se enfrentan a una pena de nueve meses de cárcel y una multa de 3.240 euros cada uno, a lo que habría que sumar los costes de los daños medioambientales y de las labores de extinción. La defensa, a cargo del abogado Jorge Ibáñez, ha pedido la absolución por falta de pruebas de sus representados, mientras que el ministerio fiscal y el Principado, que se ha presentado como acusación particular, han mantenido los cargos tras la vista oral celebrada este miércoles en los juzgados de Avilés.
En la sesión, los tres acusados reconocieron que, efectivamente, fueron ellos los que habían tirado voladores durante la celebración de las fiestas patronales de Castrillón, en Boal. Más concretamente durante la procesión. Pero en lo que también coincidieron los tres boalenses fue en afirmar que ellos habían lanzado los cohetes en hacia el norte, es decir, en dirección contraria al lugar donde se declaró el fuego. Tras ello, relataron, se quedaron unos minutos en el lugar, para tratar de comprobar que los proyectiles no habían provocado ningún incidente; y no fue hasta tiempo después, cuando ya se encontraban en el bar del pueblo, cuando recibieron el aviso de que había llamas en la zona.
En el transcurso de la investigación, días después del suceso, un agente de la Guardia Civil del cuartel de Boal, halló una varilla de volador en las proximidades del incendio. Fue a partir de ahí cuando los agentes del Seprona centraron su hipótesis en que todo se había originado por culpa de los cohetes. El agente de la Benemérita, que testificó en el juicio, encontró dicha varilla en la carretera AS-35, la que une Boal con Castrillón, a más de medio kilómetro del lugar desde el que, según los acusados, lanzaron los voladores. El personal del Seprona, en su inspección ocular, no encontró más varillas. "Se estudiaron todas las posibilidades, desde la intencionalidad hasta el efecto lupa, pero sabiendo que había una varilla creemos que es la hipótesis más probable", afirmaron los dos miembros del Seprona citados a declarar.

Guardia Civil
Uno de los puntos que se trataron de esclarecer en eel juicio es si la comisión de fiestas tenía permiso para tirar voladores. Miembros de la misma aseguraron en la vista que habían llamado, en repetidas ocasiones, a la Guardia Civil para preguntar sobre esta cuestión, aunque los testimonios, en lo relativo a horarios y días en que habían tratado de efectuar la consulta, no eran coincidentes.
Otra aspecto que es valoró fue la peligrosidad de los cohetes. La defensa citó a declarar al empresario que vendió los artefactos. "En mis 36 años nunca he visto que estos voladores hayan causado ningún fuego. No llegan ni a quemar la propia varilla, que tan solo coge un poco de color negro", detalló el hombre, que aseguró que estos proyectiles cogen "60 metros de altura en vertical y unos cien en horizontal". La defensa sostuvo durante todo el juicio que el origen del incendio estaba a más de trescientos metros del lugar donde se tiraron los voladores.
"No hay ninguna prueba, lo que están haciendo son cábalas", afirmó Ibáñez al término del juicio, que cree que "aunque están muy bien expuestas por parte de la acusación, no pueden contradecir hechos científicos y contrastados". "El fabricante de voladores, con un informe, explicó que estos cohetes no superan las distancias de 60 metros en vertical y 100 en horizontal. Sin embargo, el incendió, como se ve en otro informe, se inició a 316 metros del lugar desde el que se lanzaron, una distancia tres veces superior al máximo", explicó el abogado, que es "optimista" con la absolución de sus clientes.
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