David Cuenca, nuevo arcipreste de Avilés: "Pensé que la pandemia traería más unión, pero creo que hay más crispación"
"A mí me gusta decir que el Arcipreste es el capitán del equipo mientras se juega el partido", dice el sacerdote

David Cuenca, ayer, en La Magdalena. / Miki López

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, nombró hace unas semanas al cura David Cuenca (Gijón, 1974) arcipreste de Avilés, una responsabilidad que, entre otras, combina con la dirección de la unidad pastoral de La Magdalena, San Agustín y Cristo Rey de Versalles, que, precisamente, celebra hoy mismo la fiesta de su advocación. Cuenca conversa con LA NUEVA ESPAÑA frente a una tónica y un café con leche, entre lectores de prensa diaria y voces futbolísticas de un bar de barrio.
-Celebran hoy la festividad de Cristo Rey, pero ¿qué se celebra concretamente?
-Se trata de la Solemnidad de Cristo Rey, que es el titular de una de las tres parroquias de la unidad pastoral en la que estoy de párroco, esto es, la culminación del Tiempo Ordinario. El Tiempo Ordinario es como lo más común, lo que cada día celebramos en la Iglesia acompañando un poco los misterios de Jesucristo, la Palabra de Dios, que se va desarrollando a lo largo de las Sagradas Escrituras. Este tiempo es distinto de otros tiempos fuertes como Pascua o Navidad, o de los tiempos de preparación: Adviento o Cuaresma. Como culminación de treinta y cuatro domingos, el Tiempo Ordinario es la Solemnidad de Cristo Rey del Universo...
-¿Es el paso previo a la Navidad?
-Es la culminación del año cristiano: a partir de la semana siguiente comienza un nuevo año litúrgico con el Adviento, que es la preparación para la Navidad. O sea, finaliza el año litúrgico.
-Lleva ya en Avilés cinco años.
-En realidad, siete.
-¿Fueron buena idea las unidades pastorales?
-Sí, las unidades pastorales son necesariamente el futuro y por donde tenemos que caminar todos, tanto los laicos como los sacerdotes. Es decir, es un modo nuevo de organización pastoral, de organización efectiva, de todos los que formamos parte de la Iglesia y procuramos establecer el Reino de Dios.
-Esto nunca fue una fusión de parroquias, ¿no?
-No, puede parecer que en definitiva es como una fusión de parroquias, pero no, lo que se trata es de aunar esfuerzos para caminar todos juntos, como le decía. La idea de las unidades pastorales viene de antiguo. Se ha aprobado, el año pasado, el decreto de unidades pastorales.
-¿Funciona mejor Cáritas con este tipo de organización?
-Donde ponemos más interés en las unidades pastorales es en tres cosas: en el cuidado de las personas vulnerables con riesgo de exclusión. En nuestra unidad pastoral atendemos, acompañamos, acogemos, escuchamos y ayudamos a más de 200 familias en esta zona, en estos barrios. Es mucha gente. Las colaboraciones llegan a través de donativos y colectas de los feligreses, y también de la ayuda de otras parroquias de Avilés. Entonces, la acción de la caridad, el cuidado de las personas vulnerables con riesgo de exclusión, sin duda es una de nuestras prioridades.
-Y eso es cosa Cáritas, entonces.
-Bueno, Cáritas u otras instituciones de acción caritativa, que en Avilés hay varias. Es decir, no solo está Cáritas.
-Me decía que eran varias las maneras de actuar.
-Me refería a la formación: empezando por la de infancia y juventud, pero no podemos dejar atrás la de adultos. Todos los párrocos pensamos que tenemos que atender más y mejor, no sólo a los niños, sino sobre todo a los padres que nos vienen ahora, que vienen en situaciones de gran déficit de formación. Otro tema que está entre nuestras tareas es la de procurar que todos nos sintamos acompañados, cosa que se logra a través de la acción litúrgica de la Iglesia.
-Pero hay un déficit de curas.
-Sí, claro, eso también influye en la creación de este nuevo modelo de unidades pastorales, al haber también menos sacerdotes para poder atender todas las parroquias, al unificar varias bajo los mismos criterios pastorales, hace que todos formen parte en la acción pastoral, es decir, no solo los sacerdotes son la cara visible de la parroquia, sino que todos los laicos también; los seglares, pueden participar.
-Después de siete años en Avilés, pareciera el más antiguo de sus compañeros.
-No, no, bueno, ahora que lo pienso, el cura de Sabugo lleva en Avilés más que yo, el de San Juan de Ávila, también. De Avilés centro sí, de Avilés centro sí, porque hubo muchos cambios.
-Y el cambio mayor ha sido el del arciprestazgo.
-El cambio mayor ha sido el del arciprestazgo. Me han nombrado hace cosa de un mes. Más o menos.
-¿Y este trabajo qué es?
-El trabajo del Arcipreste es, sobre todo, de coordinación y de acompañamiento. Coordinación de la labor pastoral, personal y material de los sacerdotes, religiosos o laicos, que funcionamos en las veinte unidades pastorales del arciprestazgo, y sobre todo el acompañamiento de la mejor manera que pueda, porque todos tenemos muchas tareas y muchos líos. Acompañar significa escuchar, ayudar en la medida de lo posible a los veintidós sacerdotes en ejercicio que hay –cinco en situación de jubilación– para veinte unidades pastorales, que vienen a ser más de cincuenta parroquias en sí.
-Hay poco ejército.
-Hay poco ejército, podría haber más. Como dice el Evangelio: hay que pedir que el Señor envíe obreros a sus pies, porque sí, hacen falta más, pero precisamente la creación de las unidades pastorales hace que todos tengamos conciencia de que tenemos que trabajar juntos. También tenemos las comunidades religiosas, que ayudan mucho, los salesianos como masculina y cinco femeninas: las hijas de la caridad, el buen consejo, las dominicas que están en Salinas, las doroteas y las hermanitas de los ancianos desamparados.
-El territorio es grande.
-El terreno es muy grande: llega desde Carreño hasta Cudillero, por el norte, por el sur, hasta Pravia, pasando por Soto del Barco, Muros del Nalón...
-O sea, que se ha convertido en la primera puerta en la que hay que picar.
-En principio, cada párroco es independiente. La figura del arcipreste, sin duda, es para coordinar y ayudar, como le decía, un eslabón de la cadena. A mí me gusta decir que el Arcipreste es el capitán del equipo mientras se juega el partido. Luego la siguiente instancia sería el vicario episcopal, que es como el representante del obispo en la zona occidental de Asturias, que es muy larga, y luego ya sí estaría el Arzobispo.
-Estos siete años suyos han sido convulsos, incluida la pandemia.
-Siempre pensé que la pandemia a fin de cuentas iba a traer como más unión entre todos y menos crispación. Pero tengo una sensación como que desde que hemos pasado la pandemia hay más crispación en la sociedad, saltamos a la mínima y aguantamos mucho menos. No sé, es una sensación personal.
-¿En la sociedad? ¿O en el telediario?
-Por supuesto que en el telediario, en la política, y yo creo que eso se está trasladando por desgracia en la sociedad. Yo creo que la pandemia no solo ha sido un mal sueño, sino que nos está costando despertar.
-¿Cómo se organizó en aquellos días?
-Tuvimos, primero, que funcionar por teléfono. Abrimos las redes sociales en la unidad pastoral, y también nos abrimos a mucha gente. Intentamos transmitir todo por redes sociales y estar cercanos en la medida de lo posible. Los sacerdotes podíamos salir, entonces, con ciertas precauciones, podíamos ir a los domicilios, atender a personas que estaban en su proceso de fallecimiento, podíamos acompañar en los funerales o en los entierros, pero hubo un momento en que solo se permitían 5 o 6 personas, y eso fue terrible. Yo lo veo como una época mala.
-Y, encima, las obras.
En las tres iglesias. Yo creo que en los años 80, cuando había bastantes sacerdotes y crecieron exponencialmente los barrios en Avilés, surgieron muchas parroquias e iglesias, unas construcciones, sin embargo, no especialmente buenas. Esto hizo que lo material de las iglesias se desquebrajara treinta años después, cuarenta.
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