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Nicolas Díaz Varela, jefe de Hematología del San Agustín: "Este hospital debe ganar complejidad: tenemos personal formado y motivado"

"La próxima fusión con Jarrio es el momento para modernizar servicios"

Nicolás Díaz Varela, en la ventana de su despacho en el HUSA, en Avilés. | MIKI LÓPEZ

Nicolás Díaz Varela, en la ventana de su despacho en el HUSA, en Avilés. | MIKI LÓPEZ

Myriam Mancisidor

Myriam Mancisidor

Avilés

Nicolás Díaz Varela es avilesino de pro. Tanto, que su padre, también Nicolás, fue uno de los ginecólogos más reconocidos en la villa: además de conocimiento científico, dejó como legado distintas cintas de temática costumbrista. Varela, con los 55 años ya cumplidos, ocupa desde hace un año el cargo de jefe de servicio del departamento de Hematología y Hemoterapia en el Hospital Universitario San Agustín. En la siguiente entrevista analiza el presente y futuro de un servicio llamado a crecer que próximamente incorporará transfusiones a domicilio al alimón con Hospitalización a domicilio.

Llegó hace algo más de un año. ¿De dónde?

Llevo aproximadamente treinta años en el mundo de la hematología, entre el periodo de formación y mi carrera ya como especialista. Soy de Avilés, pero me formé en Galicia y trabajé allí veinticinco años, la mayor parte en Lugo y Santiago de Compostela, en el Hospital Clínico, donde me trasladé para hacer mi tesis doctoral (en síndromes mielodisplásicos) y colaborar como profesor en la facultad de Medicina. Mis últimos años antes de venir aquí han estado muy centrados en el trasplante, en la leucemia aguda y en los síndromes mielodisplásicos, que es el área en la que trabajé intensamente tanto en Santiago como después, ya en Asturias. Llegué al HUCA, en Oviedo, a finales de 2020 y estuve allí algo más de tres años y medio, hasta trasladarme a Avilés hace algo más de un año

¿Qué se encontró cuando llegó al Servicio de Hematología del San Agustín?

Un servicio con profesionales jóvenes, con mucho potencial y capacidad, pero todavía con áreas por desarrollar. Yo venía de un centro grande, autónomo, donde hacíamos absolutamente todo: diagnóstico completo, trasplante de progenitores hematopoyéticos, terapias avanzadas como los CAR-T… En Galicia existen tres centros de tercer nivel, referencia para este tipo de tratamientos , y yo trabajaba en uno de ellos; allí no dependíamos de nadie para gestionar procesos de alta complejidad. Allí, los hospitales de segundo nivel como el San Agustín o el Hospital de Cabueñes, desarrollan una labor asistencial mucho más compleja e independiente de la que se puede observar en Asturias, derivando únicamente a estos centros aquellos procesos que requieren de una estructura extremadamente especializada para llevarse a cabo, como el trasplante alogénico de progenitores hematopoyéticos.

¿Cree entonces que el San Agustín está preparado para llegar más lejos en atención sanitaria?

Aquí la alta y media complejidad sigue concentrada en el HUCA, en Oviedo. Por tanto, el modelo es otro. Y eso obliga a repensar la organización interna del servicio en un contexto de menor tamaño. Creo que la reorganización del nuevo mapa sanitario del Principado de Asturias debe dirigirnos a asumir más complejidad en centros como el nuestro o Cabueñes, derivando exclusivamente al HUC

A aquellas pruebas diagnósticas o tratamientos de patologías que requieran una especial capacidad técnica o estructural. Tenemos personal formado y motivado para asumirlo.

¿Cómo vive usted la próxima fusión o alianza con el área sanitaria de Jarrio?

Como un momento de crecimiento real. Vamos a acercarnos a los 200.000 habitantes, y eso exige modernizar servicios y coordinarnos con los hematólogos del Hospital de Jarrio. Como he dicho, debemos crecer en autonomía funcional, tanto en el área de diagnóstico como de tratamientos, ofreciendo a nuestros pacientes el acceso a terapias innovadoras como la inmunoterapia con anticuerpos biespecíficos, que ya hemos comenzado a utilizar en el centro. Creo que es muy importante que venga gente formada en otras comunidades para aportar distintas perspectivas. Lo que ha funcionado hasta ahora ha permitido que este hospital avance, pero el futuro exige dar pasos nuevos. Nuestro servicio tiene el equilibrio perfecto entre gente formada en Asturias y en otras comunidades (Cantabria, Galicia, León) con juventud y ambición suficiente para desarrollar nuevos proyectos que desarrollen de forma independiente su carrera profesional y doten de mayor calidad asistencial al hospital y al área sanitaria. La dirección médica está profundamente comprometida en el desarrollo de nuevos proyectos que buscan aumentar esta calidad asistencial. Y eso es esencial para lo que viene.

¿Entonces podemos decir que el San Agustín se está modernizando?

Yo diría que se está reorganizando y modernizando. Aquí existía un concepto muy clásico del hematólogo generalista: todos hacían de todo. Ese enfoque hace veinte años podía tener sentido, pero ahora la especialidad es tan compleja que es imposible abarcarla completamente. Los cánceres hematológicos (linfomas, leucemias, mielomas, mielodisplásicos,...) requieren una formación muy específica, tanto en diagnóstico como en tratamiento (conocimiento en genética, biología molecular, en técnicas de diagnóstico como citometría, en terapias dirigidas, en algoritmos diagnósticos muy precisos…). No se puede pretender que un mismo profesional trate todas las patologías con la misma profundidad.

¿Cómo se traduce esto en la práctica?

En Avilés no somos tantos como para especializarnos en una única patología concreta , como sí debería ocurrir en un gran hospital, aunque no siempre sucede, pero sí podemos trabajar por áreas amplias de conocimiento que agrupan enfermedades relacionadas por su origen biológico. Esa es la clave.

¿Y cuáles son estas áreas?

Hemos estructurado el servicio en varios bloques: una unidad de patología mieloide, que incluye desde leucemias agudas, síndromes mielodisplásicos o enfermedades mieloproliferativas crónicas. Una unidad de patología linfoide, donde se engloban linfomas, leucemias linfáticas y otras patologías de esa estirpe. Otra de Mieloma múltiple y otras discrasias plasmocelulares, que aunque es una patología de origen linfoide, tiene entidad propia, y para el que tenemos dos profesionales dedicados. Eritropatología y banco de sangre, coordinado por un especialista joven recién incorporado; Laboratorio y diagnóstico, área que funciona como servicio central y diagnóstico específico hematológico con referencia concreta en citomorfología. Tenemos planta de hospitalización, también con un referente claro, y área de Trombosis y Hemostasia: que engloba patologías de riesgo trombótico o hemorrágico.

Estos nombres son complicados para un profano. ¿Todo esto qué supone para el enfermo?

Con esta estructura cada paciente es atendido por alguien que conoce su área de forma profunda, y además cada ámbito tiene dos o tres profesionales de referencia para asegurar continuidad en vacaciones, bajas o formaciones.

O sea, como ocurre en oncología médica.

Exacto. En oncología nadie imagina que quien trata tumores digestivos se encargue también de los de pulmón o de los cerebrales. En hematología del Hospital Universitario San Agustín ya caminamos en esa misma dirección.

Ha repetido muchas veces la palabra cáncer. ¿Es la base del trabajo en hematología?

Sí, claramente. Entre un 60% y un 70% de los pacientes que vemos tienen cánceres hematológicos, agudos o crónicos.

¿De qué volumen real estamos hablando?

En tratamientos quimioterápicos o inmunoterápicos, por ejemplo, lo sé exactamente porque hemos hecho un análisis exhaustivo para presentar el proyecto del nuevo hospital de día. En 2023 realizamos 2.500 procedimientos y en 2024 unos 2.300. La media ronda los 2.400 al año, siempre por vía parenteral. Además, administramos aproximadamente: 500 concentrados de hematíes y 200 unidades de plaquetas. Y esto sin contar las quimioterapias orales, que representan una parte muy importante del tratamiento actual de los cánceres hematológicos.

Ahora que cita el hospital de día oncohematológico, con proyecto para la zona que dejará libre el traslado del papel: ¿Qué ventajas tendrá este nuevo servicio para el paciente?

El nuevo modelo será una unidad diferenciada para cánceres hematológicos y tumores sólidos, un espacio compartido entre oncohematología y oncología médica. Esto aportará sobre todo mayor calidad asistencial y un entorno más adaptado a tratamientos complejos.

¿Y qué me cuenta del proyecto de transfusiones a domicilio, en qué consiste y qué aporta?

Un paciente que precisa una transfusión suele tener una anemia severa. La anemia severa es devastadora: dificultad para respirar, cansancio extremo y debilidad, dolor muscular, mareos, imposibilidad para tareas cotidianas como desplazarse. Obligarle a realizar un desplazamiento desde su domicilio con largas esperas para acceder a un tratamiento en un entorno hospitalario hostil es agresivo para el paciente. En casa está acompañado, tranquilo, sin riesgos hospitalarios y en un entorno afectivo que influye mucho en su bienestar.

¿Para qué candidatos?

Los candidatos serán pacientes de cualquier especialidad, no solo hematología, siempre que cumplan criterios de estabilidad clínica y un entorno adecuado. Y es un proyecto realizado de forma conjunta con Hospitalización a Domicilio.

Después de escucharle me quedo con la sensación de que la de Hematología es una especialidad muy desconocida. ¿Por qué la eligió?

Vengo de una familia de médicos: mi padre y mi abuelo eran ginecólogos, ambos llamados Nicolás Díaz. Mi abuelo fue el segundo médico en llegar a Avilés. Yo, sin embargo, odiaba la ginecología (ríe). Tengo otros cuatro tíos médicos, mi hermana también lo es, trabaja en el HUSA, primos… Las especialidades, muy diversas: Gastroenterología, Radiología, Estomatología, Oftalmología, Traumatología, Anatomía Patológica. Pero tuve otro familiar que era jefe de Hematología en Lugo, era el hematólogo más brillante que he conocido, Miguel González. Murió joven, de un cáncer de pulmón. Cuando llegó el momento de elegir especialidad, dudaba entre Neurología y Hematología, pero aquella primera plaza de residente que abrieron en Lugo inclinó la balanza. Me dijo: "Vente, que lo que no te podamos ofrecer aquí lo rotas fuera". Y así fue: estuve en Barcelona, Madrid, Córdoba… y terminé enamorado de la especialidad.

¿Qué le atrapó?

Que es la única especialidad médica que cierra el círculo completo desde el punto de vista asistencial y además es un conocimiento y desarrollo científico único: vemos al paciente, con sus manifestaciones físicas de la enfermedad. Somos capaces de "tocar el origen biológico" de la enfermedad. Bajo el microscopio, la citometría de flujo o sus alteraciones genéticas. Es decir, el diagnóstico casi siempre lo hace un hematólogo. Lo tratamos, y comprobamos si la enfermedad ha desaparecido. Con los mismos procedimientos técnicos con los que lo has diagnosticado haces el seguimiento de la enfermedad. Ninguna otra especialidad médica tiene esa capacidad. Y además crea un vínculo único, porque acompañas al paciente durante años: diagnóstico, tratamiento, seguimiento, recaídas, remisiones… Se genera una relación humana muy profunda.

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